Con una correa, un bozal y la paciencia de quien sabe escuchar, Eduardo Burgos entra a las aulas para hablar de algo que parece simple, pero que implica mucho más que alimentar a una mascota. En escuelas, clubes, colonias y ahora también centros de día para adultos mayores, los talleres de Convivencia Responsable del Instituto Municipal de Salud Animal (IMUSA) buscan sembrar una idea que excede a perros y gatos: aprender a convivir respetando toda forma de vida.
Juan Carlos, el labrador que ayuda a enseñar convivencia responsable en las escuelas santafesinas
El perro acompaña los talleres que el IMUSA desarrolla en escuelas, clubes y centros de día de la ciudad para promover el respeto y el cuidado animal. La propuesta ya alcanzó este año a casi 2.000 personas y busca instalar una nueva mirada sobre la convivencia entre humanos y animales.


La propuesta impulsada por la Municipalidad ya alcanzó este año a casi 2.000 chicos y adultos de 16 instituciones, luego de haber convocado a unas 3.000 personas durante 2025. El antiguo nombre de “Tenencia Responsable” quedó atrás para dar paso a un concepto más amplio y sensible. “Hoy estamos tratando de cambiar y se llama Convivencia Responsable, porque es mucho más que la tenencia y también suena a posesión”, explica Burgos, integrante del área de Bienestar Animal del IMUSA y coordinador de los encuentros.

La escena suele repetirse en cada institución: un grupo de alumnos atentos frente a imágenes, videos y objetos que funcionan como disparadores de preguntas. Burgos evita que la charla se transforme en una clase solemne. “Trato de poner videos, cuestiones audiovisuales también”, cuenta. Sobre una mesa aparecen una correa, un bozal y distintos elementos vinculados al cuidado animal que rápidamente despiertan la curiosidad de los chicos.
Todas las especies
Pero el taller no gira únicamente alrededor de las mascotas domésticas. También se habla de los animales que habitan el paisaje urbano santafesino: aves, tortugas o incluso los caranchos que sobrevuelan el Parque Garay. La idea es incorporar el respeto hacia toda la fauna con la que se comparte la ciudad.
En cada encuentro aparece una pregunta central: ¿qué implica realmente sumar un animal a la familia? Burgos insiste en que el amor no alcanza si no está acompañado por responsabilidad. “Si lo vamos a tener, hay por lo menos seis o siete cosas que tenemos que pensar que serán necesarias; si no, no tener animales, ya que no es obligatorio”, remarca. Vacunación, alimentación, tiempo, atención veterinaria y cuidados básicos forman parte de ese compromiso cotidiano que también impacta en el resto de la sociedad.

La recepción de los chicos suele ser inmediata. La mayoría convive con perros o gatos y encuentra en el taller una experiencia cercana a su vida diaria. “El 70 u 80% tiene al menos un perro o un gato en su casa, así que enseguida se entusiasman y se enganchan con la propuesta”, señala el referente.
A cara de perro
Sin embargo, hay un momento especial que transforma por completo la dinámica de las charlas. A veces, cuando la edad y el cansancio se lo permiten, aparece Juan Carlos, un labrador chocolate de 10 años que acompaña a Burgos en algunas jornadas. Su presencia rompe cualquier distancia: las manos se levantan, las sonrisas se multiplican y el mensaje cobra otro sentido. El perro se convierte entonces en un puente silencioso para hablar de empatía, respeto y cuidado.

En paralelo a estos talleres, la Municipalidad también viene impulsando el programa “Huellas”, orientado a la capacitación de tutores de perros de gran porte y potencialmente peligrosos, junto con la colocación de microchips de identificación. La iniciativa surgió como respuesta al incremento de ataques y mordeduras registrados en la ciudad y apunta a combinar educación, prevención y control sanitario. En las charlas, especialistas en conducta animal explican cómo reconocer señales de agresividad y remarcan que “ya no se habla de razas peligrosas, sino de individuos potencialmente peligrosos”, poniendo el foco en la responsabilidad de los tutores y no únicamente en la raza del animal.

Al final de cada taller, los participantes firman un compromiso simbólico para cuidar y acompañar a los animales. Un gesto sencillo que resume el espíritu de la propuesta: entender que no son objetos de propiedad, sino compañeros de vida.
Cómo se pide
Este año, además, el programa amplió su alcance y comenzó a trabajar con adultos mayores en centros de día, sumando nuevas generaciones a una conversación que busca construir una convivencia más armoniosa en la ciudad.
Las instituciones interesadas en recibir los talleres pueden comunicarse con el IMUSA al 342 539-4576 o contactarse a través de los canales oficiales de la Municipalidad.








