La Plaza Italia de Santa Fe ya tiene un proyecto ganador para su transformación. La propuesta “Sombra y Agua”, de los arquitectos Germán Müller y Martín Gonzalez, obtuvo el primer premio del Concurso Provincial de Ideas convocado para la refuncionalización y puesta en valor del histórico espacio ubicado frente a la Legislatura provincial.
Cómo es "Sombra y agua", el proyecto ganador para refaccionar la Plaza Italia
La propuesta de los arquitectos Germán Müller y Martín González obtuvo el primer premio del Concurso Provincial de Ideas convocado para recuperar la plaza y su entorno.

El fallo fue dado a conocer este lunes por el Colegio de Arquitectura y Urbanismo de la Provincia de Santa Fe (CAUPSF), luego de la evaluación de las propuestas presentadas. El primer premio contempla $13,5 millones y diploma. El segundo lugar fue para “Vínculos Urbanos”, del arquitecto Gerardo Caballero, mientras que el jurado otorgó además dos menciones.

La propuesta ganadora plantea una transformación profunda del lugar: busca recuperar la condición de espacio público de la plaza, reducir la presencia del automóvil y construir un nuevo ámbito cívico y ambiental en relación directa con algunos de los edificios y espacios patrimoniales más importantes de la ciudad.
El concurso había sido lanzado en agosto por el Colegio de Arquitectura y Urbanismo junto con la Cámara de Senadores, la Cámara de Diputadas y Diputados, el Gobierno de Santa Fe y la Municipalidad de la ciudad. Se trató de una convocatoria provincial, abierta, a una sola vuelta y no vinculante, es decir que la obtención del primer premio no obliga a los organismos promotores a ejecutar la obra ni a contratar a los autores para desarrollar el proyecto ejecutivo.
Una plaza que busca dejar atrás el estacionamiento
La recuperación de Plaza Italia forma parte de una discusión que Santa Fe viene dando desde hace años. El espacio, que originalmente fue conocido como Plaza Coronel Pringles, perdió progresivamente su carácter de jardín urbano y actualmente una parte importante de su superficie funciona como estacionamiento de la Legislatura.
Un informe histórico publicado por El Litoral reconstruyó que el lugar surgió en el siglo XIX y que, luego de la demolición de la antigua Aduana en 1895, fue transformado en un jardín con arboleda, fuentes y grupos escultóricos. En 1950 adoptó oficialmente el nombre de Plaza Italia. Con el paso de las décadas, el espacio verde fue reemplazado progresivamente por superficies destinadas al estacionamiento vehicular.

El proyecto de recuperación volvió al centro de la agenda pública en junio de este año, cuando representantes de los distintos poderes del Estado, la Municipalidad, el Colegio de Arquitectura y otras instituciones firmaron un convenio para avanzar con un concurso de ideas. El objetivo planteado fue devolver el espacio a la ciudadanía y recuperar su valor histórico, ambiental y cívico.

En ese proceso también hubo instancias de participación ciudadana. Vecinos, instituciones, especialistas y representantes de distintos sectores fueron convocados para aportar ideas sobre el futuro de la plaza, mientras se analizaba también la posibilidad de generar un corredor peatonal que vinculara la Legislatura con otros edificios y espacios históricos del área central.
Una plaza pensada como un sistema
La propuesta “Sombra y Agua” entiende la Plaza Italia no como una pieza aislada, sino como parte de una continuidad de espacios públicos del casco histórico santafesino.
Según la memoria descriptiva del proyecto, la intervención busca generar un “conector cívico” capaz de vincular espacialmente la Plaza de Mayo, la Plaza de las Tres Culturas y la propia Plaza Italia. El recorrido se relacionaría además con edificios patrimoniales como la Iglesia de Santo Domingo, Nuestra Señora de los Milagros, el Colegio Inmaculada, el Palacio de Tribunales, la Casa de Gobierno, la Catedral Metropolitana, la Casa del Brigadier y el Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez.

El proyecto organiza el nuevo espacio a partir de cuatro operaciones principales: el Ágora, la Plaza Líquida, la Plaza de las Sombras y las plazas de borde.
El Ágora será el ámbito de articulación institucional. La propuesta eleva sutilmente el plano del suelo hasta aproximarlo al nivel del piano nobile del Museo Rosa Galisteo y plantea un vínculo formal con el edificio de la Legislatura. Según la memoria, esta operación busca garantizar la accesibilidad universal y una integración fluida con las construcciones patrimoniales existentes.

Uno de los elementos centrales será la denominada Plaza Líquida, concebida como un espacio ambiental y bioclimático. Allí se propone una lámina de agua destinada a captar y acumular las precipitaciones. El sistema permitiría reutilizar esas aguas para el riego del conjunto y, al mismo tiempo, contribuir a reducir las temperaturas del entorno.
Cuatro líneas de lapachos y más sombra
El otro componente que da nombre al proyecto es la Plaza de las Sombras, ubicada sobre el frente norte. Allí se proyectan cuatro líneas de lapachos rosados organizados en una matriz de ocho metros por ocho metros.
De acuerdo con los autores, ese nuevo bosque urbano generará un paisaje cambiante a lo largo del año, con sombras y colores asociados a las distintas estaciones. El suelo será drenante, con piedra granítica gris, y una pendiente del 3% permitirá resolver el desnivel hasta el Ágora sin generar barreras arquitectónicas.

La propuesta también contempla dos espacios en los bordes: una Plaza Lúdica, hacia el oeste, destinada a dinamizar el sector más residencial, y una Plaza del Museo, hacia el este, vinculada directamente con el Rosa Galisteo.
Para conseguir esa continuidad, los autores proponen reducir la calzada vehicular y reconvertir ese sector bajo un criterio de prioridad peatonal. La intención es que el entorno del museo funcione como una suerte de espacio expositivo a cielo abierto, incluyendo la recuperación y reubicación patrimonial de obras de Bardonek, Lucio Fontana y San Luis.

Sombra, agua y memoria
El concepto general de la propuesta se apoya en dos recursos: precisamente, la sombra y el agua. Pero los autores plantean que ambos elementos no sean solamente recursos paisajísticos, sino parte de una estrategia ambiental.
La memoria del proyecto señala que la gestión del agua de lluvia y el incremento de la masa arbórea apuntan a mitigar el efecto de isla de calor urbana. De esta manera, la intervención pretende combinar la recuperación del patrimonio histórico con criterios contemporáneos de sustentabilidad.

El objetivo es que la plaza pueda funcionar simultáneamente como espacio de uso cotidiano, uso cívico-ciudadano y uso ceremonial, tres escalas que aparecen contempladas en la documentación del proyecto.
La intervención directa comprende la manzana delimitada por avenida General López, 3 de Febrero, 4 de Enero y avenida Urquiza, incluyendo la plaza, el estacionamiento frente a la Legislatura y los jardines laterales. El área de influencia incorpora además la relación con el Museo Rosa Galisteo y el denominado Paseo Cívico.
Un primer paso, no todavía la obra
El resultado del concurso marca un nuevo capítulo para un espacio que durante décadas fue perdiendo su función original. Pero las propias bases establecen que se trata de un concurso de ideas no vinculante. Por eso, el proyecto “Sombra y Agua” constituye la propuesta seleccionada para orientar la transformación, pero el fallo por sí solo no implica el inicio de la obra.

La entrega oficial de premios y diplomas a los equipos ganadores está prevista para octubre. Mientras tanto, la Plaza Italia queda ante una nueva etapa: después de años como playa de estacionamiento, el proyecto ganador propone volver a pensarla como jardín urbano, espacio cívico y lugar de encuentro, recuperando además su relación con el patrimonio histórico de Santa Fe.









