El ruido de una máquina excavadora se escuchó este martes a la mañana en Acería. No era una obra más. La pala mecánica comenzó a derribar los últimos seis monoblocks que quedaban en pie de aquel conjunto habitacional del norte de la ciudad, mientras a pocos metros las familias que durante años vivieron allí estrenaban las llaves de sus nuevas casas.
“Cuando no se roba la plata alcanza”: Pullaro destacó la transformación de Acería tras la demolición de los últimos monoblocks
Este martes comenzó la demolición de los seis edificios que quedaban en pie de los 22 monoblocks originales del barrio del norte de Santa Fe. Al mismo tiempo, 101 familias terminaron de mudarse a nuevas viviendas construidas en el sector o accedieron a créditos para comprar una casa. “Para materializar la seguridad, también hay que darle la infraestructura urbana necesaria a la gente para que pueda vivir bien”, sostuvo el gobernador.

Para algunos vecinos, el sonido fue el final de una larga espera. Para otros, una mezcla de alivio y nostalgia. Los edificios que comenzaron a caer habían sido durante décadas parte del paisaje cotidiano del barrio, pero también se habían convertido, con el paso del tiempo, en estructuras deterioradas, con problemas de infraestructura, insalubridad e inseguridad.

La escena marcó este martes el cierre de una transformación urbana que había comenzado en 2016 y que atravesó distintas gestiones provinciales. De los 22 monoblocks originales, seis fueron demolidos ahora como última etapa del proceso. En paralelo, 101 familias fueron relocalizadas: 72 recibieron viviendas nuevas construidas en el barrio y otras 29 accedieron a créditos para adquirir una unidad habitacional.
El gobernador Maximiliano Pullaro estuvo en el lugar y aprovechó la jornada para defender una de las principales banderas de su gestión: la continuidad de la obra pública provincial en medio de la crisis económica nacional. “Sabíamos que el camino que estábamos tomando en la provincia de Santa Fe no iba a ser fácil, pero estábamos convencidos que era el camino correcto, la línea correcta de trabajo”, afirmó. Y dejó una definición que resumió buena parte de su discurso: “Lo dijimos desde el primer día, cuando no se roba la plata alcanza”.
Pullaro sostuvo que Santa Fe había logrado sostener un ritmo de obra pública que, según afirmó, la diferenciaba de otras jurisdicciones. “Hoy en la provincia de Santa Fe podemos mostrar que somos el único estado subnacional que está haciendo obra pública”, señaló.

“En el momento más duro y más complejo de la República Argentina, bajamos los gastos del Estado y mostramos que podíamos avanzar. Para nosotros esto es una muestra más de trabajar al lado de la gente”, agregó el gobernador.
Diez años para llegar a este día
La historia reciente de Acería comenzó a cambiar el 4 de noviembre de 2016. Ese día se inició el relevamiento de las familias que vivían en los 22 monoblocks, con el objetivo de conocer el estado de los edificios y diseñar una intervención que permitiera reemplazar las estructuras más deterioradas sin expulsar a los vecinos del barrio. El diagnóstico fue contundente: había edificios que requerían reparaciones integrales y otros que presentaban graves deficiencias estructurales.
La intervención comenzó durante la gestión de Miguel Lifschitz y con la llegada de Pullaro al gobierno provincial el proceso llega a su fin.

El secretario de Hábitat y Vivienda de la Provincia, Lucas Crivelli es uno de los funcionarios que participó desde los comienzos del proyecto. Hoy recordó aquella decisión: “La idea era empezar a armar este plan para ver de qué manera podíamos demolerlos, pero sin sacar a la gente del barrio, porque la gente del barrio Acería tiene una identidad”.
Casi una década después, el funcionario resumió el sentimiento que le produjo la jornada: “Hoy es un día, en lo personal, de mucha alegría porque se cierra un proceso”. El plan contempló la construcción de nuevas viviendas y la recuperación urbana del sector. La inversión provincial acumulada superó los $8.800 millones.
A su lado, el ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, expresó: “Este es un barrio con muchas dificultades, con monobloks que estaban en pésimas condiciones de salubridad y seguridad”. Y graficó sus palabras con un ejemplo: “En uno de los edificios vivía una persona que tenía un caballo adentro de su departamento, ese es el nivel de vida que había acá… no había otra opción que derrumbarlo y hacer esta obra que le da dignidad a las personas”.
De edificios deteriorados a casas nuevas
Las viviendas que recibieron las familias fueron construidas en el propio barrio. La mayoría tiene dos dormitorios, aunque también hay algunas de tres habitaciones y unidades adaptadas para personas con discapacidad. Tienen unos 70 metros cuadrados promedio y cuentan con agua potable, cloacas y energía eléctrica.
“Estas son viviendas, en su gran mayoría, de dos dormitorios. Hay algunas de tres, y algunas que están adaptadas para personas con discapacidad”, explicó Crivelli. También destacó el trabajo realizado para ponerlas en funcionamiento. “La EPE conectó en un solo día los 74 medidores correspondientes y Aguas también hizo un gran esfuerzo para que todas tengan hoy agua potable y cloaca”, señaló.
La última mudanza involucró a un centenar de familias. 74 se trasladaron a las viviendas construidas por la Provincia y 26 recibieron créditos para adquirir una casa.
Para Crivelli, hubo además una decisión política de que la solución habitacional no se limitara a entregar una vivienda gratuitamente. “La gente no quiere que se le regale nada, sino que se compromete no solo con el pago de estas viviendas para estas personas, sino con el pago de los créditos de aquellos que se relocalizaron”, sostuvo.
El barrio que Pullaro conoció como ministro
Para Pullaro, Acería tiene además una historia personal. Recordó que en 2015, cuando era ministro de Seguridad de Lifschitz, tuvo allí una de sus primeras intervenciones policiales. “Había no solo problemas de infraestructura, sino graves problemas de inseguridad y de violencia”, recordó.
El gobernador habló de aquellos años como una época en la que había que “bajar la fiebre” del barrio antes de avanzar sobre otras políticas. “De a poco bajamos la fiebre y empezamos a invertir muchos recursos del Estado en ese momento, transformando este barrio”, afirmó.

En su relato también reivindicó a Lifschitz y al programa Abre como antecedentes de la intervención. “Recuerdo cuando en el 2015 Miguel Lifschitz me pidió que sea ministro de Seguridad. Una de las primeras intervenciones con la Policía de Acción Táctica que llevé adelante con la Unidad Regional en ese momento y las divisiones especiales fue en este barrio”, contó.
Después, dijo, la urbanización se interrumpió. “Nosotros, cuando nos tocó asumir el gobierno provincial, entendimos que había que continuar porque, para materializar la seguridad, también hay que darle la infraestructura urbana necesaria a la gente para que pueda vivir bien”, sostuvo. Y completó: “Esto es una inversión en el último tiempo de casi 9.000 millones de pesos”.
Una despedida cargada de recuerdos
Mientras los funcionarios hablaban, para los vecinos la historia pasaba por otro lugar: las casas que dejaron atrás. Pamela acompañó a sus padres durante la mudanza. Había vivido parte de su juventud en Acería y durante años había visto cómo el edificio donde residían se deterioraba. La mudanza le devolvió recuerdos que creía guardados. “Recibí mi último hermano y despedí mi último hermano”, contó al recordar los momentos familiares que habían transcurrido dentro de aquel departamento.
También aparecieron en su memoria la plaza, la calle, la escuela y los vecinos. “Cuando es un cambio para bien, las emociones son buenas, digamos, porque sé que están bien ahora mis viejos, sé que están en un lugar seguro, tranquilo”, dijo. Había una razón concreta detrás de ese alivio. “Yo vivía con el corazón en la boca cada vez que ellos estaban en este edificio”, relató.
La nueva vivienda, en cambio, significó un cambio profundo. “Antes no teníamos nunca agua caliente ni agua fría. Ahora tenemos eso, dos baños tenemos, les tocó una casa de dos pisos. Muy lindo, muy buena gestión, muy lindo todo”, describió.
¿Qué pasará con los terrenos?
La caída de los últimos seis monoblocks abrió también una pregunta sobre qué ocurrirá con el espacio recuperado. Por ahora, los terrenos pertenecientes a la Dirección Provincial de Vivienda y Urbanismo serán despejados y los escombros retirados de manera progresiva. Una parte permanecerá inicialmente en el lugar para evitar posibles intrusiones.
Todavía no existe un proyecto definitivo para todo el predio, aunque desde la Provincia admitieron que podría utilizarse para nuevas viviendas u otros espacios de carácter urbano, comunitario o social. Crivelli consideró que el lugar podría volver a ser aprovechado para atender la demanda habitacional. “¿Por qué no darnos la oportunidad de tener más construcción de viviendas aquí en el barrio?”, planteó.
La definición, sin embargo, quedará para una etapa posterior. Primero había que derribar los edificios que durante años habían condicionado la vida cotidiana de cientos de familias.
La vivienda como nueva etapa de la gestión
Pullaro aprovechó la jornada para anticipar que la política habitacional ocupará un lugar mayor durante los próximos años de su administración. “Vamos a continuar con la política de viviendas”, afirmó. Reconoció que se trata de una política que demanda una fuerte inversión estatal, pero sostuvo que existe una necesidad concreta. “Hoy por hoy es una política que le pesa mucho al gobierno provincial porque salen muchos recursos, pero hay muchos santafesinos que necesitan una vivienda”, señaló.
El gobernador sostuvo que la Provincia buscará combinar la construcción directa de viviendas con herramientas como los créditos hipotecarios. “Vamos a apostar mucho a la vivienda, por supuesto, y vamos a tener un plan de escala mucho mayor al que tuvimos hasta el momento”, anticipó. Y ubicó a Acería dentro de una concepción más amplia de la obra pública: “La obra pública es trabajo, la obra pública es desarrollo, pero también la obra pública es igualdad”.

Este martes, esa definición tuvo una imagen concreta: mientras una máquina derribaba los últimos monoblocks, detrás de ella quedaban nuevas casas con sus puertas abiertas. Para quienes habían vivido allí durante décadas, el final de los edificios no significó solamente la desaparición de una estructura. Fue también el cierre de una etapa. “Ya cada vez se estaba deteriorando más y ellos mucho no podían hacer tampoco”, contó Pamela. “Acá estamos, los seguimos acompañando como el primer día”.
Y mientras los últimos bloques de hormigón caían, una parte de Acería comenzaba, literalmente, a levantarse de nuevo.









