El psicólogo Alejandro Schujman, especializado en adolescencia, advierte que detrás de hechos extremos como el ocurrido en San Cristóbal "hay un sufrimiento acumulado y silencioso" y plantea que la salud mental adolescente "está en crisis desde hace décadas". Con un recorrido profesional en la orientación a familias y el acompañamiento de adolescentes, llama a que los adultos -padres, escuelas y Estado- recuperen un rol activo para acompañar y contener a los chicos y jóvenes.
"El dolor acumulado estalla y nos lastima a todos", dice el psicólogo Schujman
Advierte sobre una "crisis" en la salud mental de los adolescentes y señala que familias, escuelas y Estado deben atenderla. Pide más presencia adulta, espacios de escucha y recuperar el rol de autoridad. En las escuelas "menos contenido que los chicos pueden googlear y más trabajo en habilidades emocionales".

Egresado de la UBA con diploma de honor (1987), Schujman es autor de libros como "Adolescencia, un desafío posible", "No huyo, solo vuelo", "Generación Ni-Ni", "Es no porque yo lo digo" y "Herramientas para padres". Actualmente dirige la Red Asistencial Psi. Próximamente, el 16 de abril, vendrá a la provincia de Santa Fe para presentarse en el Teatro Broadway, de la ciudad de Rosario, con su charla "Adolescencia, un desafío posible".
-¿Qué hipótesis se pueden plantear desde la Psicología sobre lo que pudo haber ocurrido con el adolescente de San Cristóbal?
-Me preguntan qué pudo haber pasado por la cabeza de este chico y, por prudencia, no quiero aventurar hipótesis sobre el caso en particular. Es un hecho demasiado doloroso y requiere un psicodiagnóstico y una evaluación muy específica. Pero en situaciones como estas, que lamentablemente se repiten en el mundo, suele haber un sufrimiento acumulado y silencioso que genera un estallido donde "la vida no vale nada", como dice Pablo Milanés, ni la propia ni la ajena.

Para llegar a ese punto hay mucho dolor acumulado y cuando estalla, nos lastima a todos. A veces, la salida puede ser una autolesión, suicidio o ataques indiscriminados como en este hecho. Lo que sí puedo decir es que la salud mental de los adolescentes está en crisis -desde hace décadas ya- y estamos en deuda como adultos. Padres, madres, colegios, profesionales de la salud y el Estado, tenemos que poner en la agenda la carátula de la salud mental adolescente.
Hipervirtualidad y pocas habilidades interpersonales
-¿Se puede decir que la pandemia impactó en los adolescentes?
-La pospandemia es un punto de inflexión muy claro. El tiempo de pandemia fue devastador para los adolescentes, que ya venían con pocas herramientas de gestión emocional. Esto es: estar triste y poder hacer con la tristeza algo saludable; estar enojado y poder hacer algo con la rabia. Además, la hipervirtualidad y el confinamiento llevó a un mayor uso de pantallas que ya venía de antes. Todo esto agudizó la ansiedad, la depresión, los suicidios y los episodios de violencia. El adolescente tiene aún que desarrollar los "diques" que frenan el pasaje de la fantasía al acto -el cerebro prefrontal- y ese contexto debilitó esos frenos.

-Docentes señalaban cuando se retomó la presencialidad, las dificultades en la socialización con la que llegaban a la escuela los adolescentes de 13, 14, 15 años. ¿Lo ve en su profesión?
-Sí, y es tremendo. Los chicos tienen muy pocas habilidades de vínculo interpersonal. Muchos chicos no saben cómo relacionarse cara a cara sin una pantalla. Recuerdo hace tiempo un chico que estaba aterrado porque iba a encontrarse con una chica y no sabía cómo hacer sin que medie una pantalla. Y además los adultos tampoco estamos bien con la virtualidad: hay millones invertidos para generar adicción a la mayor cantidad de cosas posibles, en el menor tiempo posible. Y los adolescentes son más vulnerables porque no conocieron una vida sin pantallas. Ahora se suma el ChatGPT, la Inteligencia Artificial, que puede ser muy útil, pero no reemplaza el acompañamiento humano. Un chico puede volcar su sufrimiento al ChatGPT pero no encontrará ahí terapia, ni sostén ni contención ahí.
-Incluso puede haber riesgos si usan la IA para pedir consejos…
-Claro. Se han visto casos donde buscan respuestas peligrosas. Por eso el principal factor de protección somos los adultos. En mis charlas con los padres les digo que vengo a empoderarlos. Es que tenemos que recuperar la confianza en que nuestra palabra tiene peso. La adolescencia no cambió tanto; cambió la forma que tenemos de pensarla y entenderla.
Señales de alerta y mirar a los ojos
-¿Hay señales de alerta en hechos tan violentos o es algo imprevisible?
-Con el diario del lunes, siempre hay señales. Para la prevención, cualquier cambio en un adolescente es una señal de alerta: modificaciones en el comportamiento -de ser extrovertido, de repente se mete para adentro; o de ser introvertido ahora está muy para afuera-, en el ánimo, en los hábitos, en el rendimiento escolar. Hay que mirar a los chicos a los ojos y ver cómo está. Y, ante la duda, consultar; la orientación de un profesional a las familias es clave.

-¿Qué pueden hacer padres y docentes en lo cotidiano?
-Compartir tiempo de calidad. Sentarse a la mesa, salir a caminar, preguntarles genuinamente cómo están. Escuchar más y señalar menos. Generar confianza. Parece simple desde afuera, pero no lo es. En mi caso, tengo 8 libros escritos sobre el tema y mi hijo me decía una vez: "Conmigo no te sale lo que decís en tus libros". Es un aprendizaje constante. Las claves son conectar desde el corazón y recordar que somos adultos: no somos amigos de nuestros hijos, aunque podamos ser compañeros y cercanos a ellos.
Suplir, si no hay otro adulto que sostenga
-¿Qué pasa en hogares disfuncionales donde ese acompañamiento no existe, donde los chicos están solos?
-Ahí la escuela es fundamental porque es la segunda referencia que tenemos. Tiene que haber otros adultos que miren, que escuchen. Docentes, padres de amigos, redes comunitarias. Los chicos no pueden quedar solos. Si no hay sostén en la casa, alguien tiene que suplir esa función. Cadena de favores: la rueda gira para adelante si ejercemos la empatía y el amor.
-¿Qué pasó que se perdió la autoridad de los padres?
-Hay muchos factores, pero uno central es que pasamos de hijos que temían a sus padres a padres que temen a sus hijos, como lo decía Jaime Barylko en 2005. Miedo a que sufran, a que se enojen, a que nos dejen de querer. Se borró la diferencia entre padres y pares. Y el límite es el amor, no el castigo; es el cuidado. Hubo un simulacro de fusilamiento en un colegio para la presentación de los buzos de los alumnos y la escuela lo posteó en redes, como una manera distinta de empezar el año. Es como estar en un capítulo de la serie Black Mirror. Entonces, como adultos, tenemos que recuperar el sentido común porque los adolescentes van a tender al descontrol y está bien, ese es su trabajo. El problema es que los adultos no estamos haciendo el nuestro.
-¿Qué propone hacer en las escuelas? ¿Más escucha, más ruedas de convivencia?
-Menos contenido que los chicos pueden googlear rápido y más trabajo en habilidades emocionales. Espacios de escucha, de encuentro. Empezar la jornada con 10 minutos para mirarse, hablar, ver cómo está el compañero de al lado. La escuela debe ser un lugar de contención, no solo académico. Es una estructura que cambió poco en décadas y tenemos que revisarla; así como todos los sistemas educativas en general.








