Un árbol caído, una historia intacta: el temporal reveló un recuerdo de amor en el Parque Líbano
Alberto, un vecino de la zona, se acercó a un árbol caído y contó su historia de más de medio siglo junto a Sonia. Se llevó un tronco para hacer dos platos. Y continuar así su historia de amor atravesada por el árbol.
Alberto contó su historia y se llevó un tronco para fabricarse dos platos. Gentileza.
El temporal que azotó este viernes y sábado a la ciudad de Santa Fe dejó un saldo de árboles caídos, ramas desprendidas y trabajos de emergencia en distintos espacios públicos. Pero entre los restos de uno de esos árboles, en el Parque República del Líbano -Aristóbulo del Valle al 4700-, apareció también una historia que atravesó más de medio siglo.
Mientras cuadrillas municipales trabajaban retirando ejemplares derribados por el viento, un vecino se acercó al lugar con un recuerdo preciso. Alberto señaló uno de los árboles caídos y contó que, en ese mismo sitio, en 1973 se encontraba con Sonia, quien hoy es su esposa. Venían los fines de semana a tomar mates y a “noviar”, en una época en que el parque era uno de los puntos de encuentro habituales para las parejas jóvenes de la ciudad.
Alberto y Sonia. Gentileza.
La historia comenzó poco antes, cuando ambos se conocieron en la inauguración de la recordada confitería bailable Godofredo. Al año siguiente, en 1974, se casaron. Este 30 de marzo celebrarán 52 años de matrimonio.
El árbol que cayó durante la tormenta había sido testigo de esos primeros encuentros y, durante décadas, siguió siendo parte del paisaje de sus caminatas y recuerdos compartidos. Por eso Alberto hizo un pedido especial a los trabajadores municipales: llevarse dos rodajas del tronco para convertirlas en platos y regalárselos a Sonia como recuerdo de ese lugar que marcó el inicio de su historia.
Pablo Aguirre Jardín Botánico República del Líbano.
El Parque Jardín República del Líbano es uno de los espacios verdes históricos del norte de la ciudad y fue originalmente el primer jardín botánico de Santa Fe. El predio, que ocupa aproximadamente una manzana completa y tiene más de 70 años de antigüedad, fue posteriormente rebautizado en homenaje a la colectividad libanesa mediante una ordenanza municipal. Con el tiempo se consolidó como un pulmón verde del barrio, con un arbolado diverso, senderos y una fuente de estilo árabe en su sector central, elementos que remiten a su pasado como jardín botánico y espacio ornamental de la ciudad.
Los efectos del temporal
El fenómeno meteorológico que afectó a la ciudad provocó intervenciones de emergencia en distintos barrios, principalmente por caída de árboles y postes y por ramas que bloquearon calles o dañaron cables. Situaciones similares ya se registraron en otros temporales recientes en la capital provincial, donde los fuertes vientos suelen provocar decenas de intervenciones municipales por ejemplares caídos o inclinados.
En la Costanera, el parque de diversiones sufrió con la tormenta. Foto: Flavio Raina
Las cuadrillas de mantenimiento urbano y gestión de riesgos trabajan habitualmente en la remoción de árboles dañados y en la liberación de calles y veredas para restablecer la circulación y evitar nuevos riesgos.
El desafío del arbolado urbano
La caída de árboles durante tormentas vuelve a poner en discusión el estado del arbolado urbano en Santa Fe. En los últimos años, el municipio impulsó distintos planes de forestación y reposición para recuperar ejemplares perdidos por tormentas, obras o envejecimiento natural.
La plantación de nuevos árboles forma parte de las políticas ambientales de la ciudad, que busca ampliar la cobertura verde en calles, plazas y parques para mejorar la calidad del aire, mitigar el calor urbano y reforzar la biodiversidad local. Sin embargo, especialistas señalan que el mantenimiento del arbolado —podas, recambio de especies y control sanitario— es clave para reducir riesgos durante fenómenos meteorológicos cada vez más intensos.
En el Vivero Municipal de Santa Fe, que funciona dentro del Jardín Botánico, una veintena de trabajadores se dedica todos los días a recolectar semillas, germinarlas y cuidar los plantines hasta que alcanzan el tamaño adecuado para ser trasladados a veredas, plazas y parques de la ciudad. El proceso es lento: desde la semilla hasta que un árbol está listo para la calle pueden pasar cerca de cuatro años de cuidados. Según explicó el responsable del área, Andrés Sarquis, el objetivo es fortalecer el arbolado urbano con producción propia: “Desde que saca las primeras hojitas hasta que llega a más de 1,60 metros transcurren unos cuatro años de cuidados diarios”. Actualmente el vivero produce miles de ejemplares por año —en torno a 10.000 árboles anuales— que luego se utilizan para forestación y reposición del arbolado público en distintos barrios de la ciudad.
Un recuerdo que quedó en pie
En medio de los trabajos posteriores al temporal, la historia de Alberto y Sonia apareció como un pequeño contrapunto a los daños del viento. El árbol que los había acompañado durante décadas ya no está, pero parte de su tronco volverá a casa convertido en un objeto cotidiano.
Una forma de conservar, entre la madera y la memoria, el lugar donde comenzó una historia que lleva más de cincuenta años.