"Enrique III de Francia, el último representante de la dinastía Valois, puso de moda el abanico como un utensilio que servía para refrescarse, a la vez que en la corte ya se veía como un objeto de prestigio". J. M. Sadurní, National Geographic.
"Mensajes en el aire" propone un viaje en el tiempo por las múltiples vidas del abanico
La muestra abre este viernes y reúne piezas de la Colección Histórica del Traje Argentino. El recorrido incluye los usos, materiales y significados de este objeto desde el siglo XVIII hasta la década de 1970. Podrá visitarse hasta mayo de 2027.

Hay algo de persistente enigma en el abanico, por esas implicancias que señala Sadurní. ¿Es, en realidad, un simple objeto doméstico o algo más? O mejor dicho, ¿Cuántas posibilidades coexisten en sus pequeñas proporciones? Sobre esa complejidad se posa el Museo Histórico Nacional que abre este viernes 16 "Mensajes en el aire".
Se trata de una muestra muy original, ya que está exclusivamente dedicada a la historia de ese elemento de la vida cotidiana. La misma podrá visitarse hasta el 2 de mayo de 2027, en Buenos Aires. Reúne una selección de piezas de la Colección Histórica del Traje Argentino, con ejemplares de distintas épocas, desde el siglo XVIII hasta los años 70.

De avivar el fuego a símbolo de lujo
El recorrido propone entender desde esa cantidad de aristas antes mencionadas. El abanico como accesorio de lujo, de identidad y de comunicación en los salones europeos de los siglos XVIII y XIX y en el Río de la Plata. En relación a esto último, en los actos de la escuela primaria, cada vez que se recrea el virreinato, está presente este objeto.
Su origen exacto no está del todo documentado, pero hay varias hipótesis. De acuerdo a las más firmes, se cree que surgió en la prehistoria, cuando los seres humanos empezaron a agitar el aire para poder avivar las brasas y así mantener vivo el fuego, por entonces muy apreciado. También se cree que se utilizaba para espantar a los insectos.
Cantón, Japón y las "mil caras"
La exhibición -según los organizadores- muestra la dimensión global de un objeto ampliamente extendido en las diferentes culturas. Incluye los abanicos fijos chinos, la innovación japonesa del sistema plegable y los abanicos "de mil caras", fabricados en Cantón para el mercado europeo y decorados con rostros de marfil tallados a mano.

Se exhiben modelos plegables, de pantalla o aventador, articulados, fijos, con país y brisé o de baraja. Los materiales incluyen nácar, plumas, carey, marfil, hueso, seda, cuero, papel, madera, metal, plata, celuloide y baquelita, además de textiles, encajes y abalorios.
Entre los estilos aparece el abanico Jenny Lind, que lleva ese nombre en honor a la soprano que marcó tendencia durante el siglo XIX. La apodaron el "ruiseñor sueco" y su voz despertó la admiración de Chopin, Mendelssohn y Clara Schumann.
Novias, luto y Centenario
Otro sector reconstruye los usos sociales y ceremoniales. Hay abanicos para novias y niñas, piezas para el luto y modelos para festejos y conmemoraciones, como los producidos en Argentina para el Centenario. También se presentan, de acuerdo a la información de la Secretaría de Cultura, abanicos vinculados con hechos históricos y con las celebraciones de las familias patricias argentinas.

El tercer eje vincula abanicos, moda y publicidad. Allí se aborda la llegada a Buenos Aires de la casa de alta costura Paquin, fundada en París por Madame Paquin, una de las grandes figuras de la moda de entresiglos.
Hay que agregar que, desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX circularon además los abanicos de propaganda, que fueron soportes publicitarios en Buenos Aires y otras ciudades. Era una especie de estrategia precursora de marketing, utilizada por comercios, que hoy sigue vigente con otro tipo de objetos de uso masivo.
El "lenguaje del abanico"
Durante el siglo XIX, indica el comunicado de la Secretaría alusivo a "Mensajes en el aire", se difundió la idea de que existía algo así como un "lenguaje" del abanico, un supuesto sistema capaz de transmitir emociones, deseos, interés o rechazo sin recurrir a las palabras.

Sin embargo, hay antecedentes. Según AireArte, hacia fines del siglo XVIII aparecieron manuales que instruían a las mujeres en ese código, y hacia finales del siglo XVIII, Charles Francis Bodini publicó "El telégrafo de Cupido", donde proponía una especie de alfabeto de gestos.
La muestra cierra con un guiño a ese mito, que pone en diálogo la tradición con la mirada de especialistas contemporáneos. La pregunta que deja planteada es si fue un lenguaje verdaderamente o una "estrategia" comercial.
El abanico en la literatura
Aunque no tiene que ver estrictamente con la exhibición, cabe incluir en estas líneas algunas notas de color. Es que el abanico tuvo también una larga vida en los libros. En el siglo XVIII, el escritor inglés Joseph Addison dejó una frase que se popularizó: "una mujer sin abanico se encuentra tan incómoda como un caballero sin espada".

Madame de Staël fue todavía más lejos. Para la escritora francesa, la distinción de una dama se apreciaba en el manejo del abanico, y hasta las más bellas caían en el ridículo si no sabían usarlo con gracia. No bastaba con llevarlo, sino que había que infundirle vida propia.
A fines del siglo XIX, Oscar Wilde puso el objeto en el título de una de sus obras de teatro, "El abanico de Lady Windermere". Allí el accesorio funciona como pieza central de la trama y carga con un fuerte simbolismo.
Del cine mudo a Hollywood
El cine heredó mucho de esa carga simbólica desde sus primeros años. Ya en 1904, el pionero Georges Méliès filmó "El abanico mágico", con un abanico de siete varillas en el que cada una se transformaba en una mujer distinta.

La obra de Wilde llegó a la pantalla en 1925, en la adaptación de Ernst Lubitsch, donde el abanico aparece asociado al fracaso amoroso. Un año después, en "Carmen" (1926), de Jacques Feyder, la actriz española Raquel Meller lo usó como extensión del carácter pasional de la protagonista.
La lista sigue con Marlene Dietrich, que en "El diablo es una mujer" (1935), de Josef von Sternberg, se mueve con un abanico grande y floral. Y con los de plumas de "Los diez mandamientos", de Cecil B. DeMille, donde la figura de Nefertari se deja refrescar por sus sirvientes.
El abanico hoy
Terminado este breve paréntesis, volviendo a "Mensajes en el aire", lo cierto es que, como señala la página de la Secretaría de Cultura, el abanico se incorporó "progresivamente a la vida cotidiana y su presencia llega hasta nuestros días".

"Recuperado por distintas generaciones, vuelve a hacerse visible en las calles, los eventos, las bodas y las reuniones, especialmente durante las intensas olas de calor. Así, continúa siendo un objeto en el que confluyen utilidad, belleza, historia, diseño e identidad", agrega.
Es por eso que, a través de sus piezas y contenidos, "Mensajes en el aire" invita según los organizadores a "redescubrir un objeto aparentemente cotidiano para revelar las múltiples historias que guarda en sus pliegues".








