Raúl Anguiano: vida, obra y desvelos de un referente del arte social mexicano
Nacido en Guadalajara en 1915 y fallecido en Ciudad de México en 2006, fue uno de los pintores que contribuyeron a difundir una imagen de su país en la etapa posrevolucionaria.
Fragmento de "Muchacha en reposo" de 1988. Foto: Moises Valdes Gallery
A veinte años de la muerte de Raúl Anguiano, su obra es una pregunta todavía activa sobre la relación entre pintura, pueblo e historia. Volver a sus trabajos, supone revisar cómo la Escuela Mexicana de Pintura generó una imagen del país desde una mirada ética de lo social.
Nacido en Guadalajara en 1915, Anguiano mostró desde pequeño una relación muy intensa con el dibujo. A una edad en la que otros niños apenas ensayan formas, ya retrataba figuras públicas y populares.
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En una entrevista concedida en 2001 a la historiadora del arte Dina Comisarenco, Anguiano recordó esos primeros encuentros con el arte.
"Las primeras impresiones que yo tuve fueron renacentistas. Mi abuela tenía una reproducción en blanco y negro de la Sagrada Familia de Rafael Sanzio, fue el primer impacto emocional y estético que tuve a la edad de cinco o seis años".
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"Luego en el Museo Regional de Guadalajara, mi maestro Ixca Farías nos ponía estampas del Juicio Final de Miguel Ángel, y de las Estancias Vaticanas de Rafael Sanzio, para que las copiáramos, así que siempre he tenido una inclinación al rigor clásico del dibujo y de la pintura".
Esa declaración desarma cualquier lectura simplista de su obra. Anguiano fue bastante más allá de la pintura de corte meramente social. Su compromiso se sostuvo siempre sobre una disciplina formal rigurosa.
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Despertar colectivo
A fines de los años veinte comenzó su formación en la Escuela Libre de Pintura, donde incorporó múltiples técnicas y profundizó su interés por el arte prehispánico y popular. En este momento, apareció una idea que se quedaría con él por las próximas décadas: la necesidad de pensar el arte como práctica colectiva.
En 1933 impulsó el grupo de Jóvenes Pintores Jaliscienses, que buscaba renovar lenguajes y disputar sentidos dentro de un campo cultural en efervescencia. El México posrevolucionario exigía imágenes capaces de armar una nueva épica social, y Anguiano entendió que esa narración no podía construirse desde la neutralidad.
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Política, muralismo y vanguardia
Llegado a la Ciudad de México, se integró a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, donde el arte se pensaba como herramienta de transformación social. Se contactó con Diego Rivera y José Clemente Orozco.
En 1935 expuso en el Palacio de Bellas Artes. Tres años después, fundó el Taller de Gráfica Popular. Se formó como ayudante de muralistas y estudió la técnica del fresco.
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Pintar al indígena
Uno de los núcleos más complejos de su obra es el indigenismo, que no tuvo en él nada de paternalismo. Su mirada fue, antes que nada, ética. En la entrevista de 2001 lo expresó así: "el artista en una forma natural,si es auténtico, refleja en su obra el momento en que vive, la angustia de las carencias de su pueblo".
Y añadió: "yo en una forma natural lo he expresado al pintar a los lacandones, al pintar a los chamulas, al pintar a los huicholes, no hay necesidad de hacer demagogia, yo creo que es más útil".
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Arte, discriminación y conciencia histórica
En la mencionada entrevista, el pintor contó que un pintor indio en Oaxaca le preguntó si creía que su pintura de indios les ayudaba a los indios, si les era útil.
"Dije, naturalmente que si, no se trata de que lo que yo gano legítimamente con mi trabajo se los regale. Pero, los pintores y los antropólogos hemos luchado contra la discriminación que todavía padecen ustedes".
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"Así le dije a ese pintor indígena, porque los pintores y los antropólogos hemos tomado como objeto digno y representante de nuestro país a las culturas indígenas". Anguiano desplaza la discusión de lo económico a lo simbólico. Representar, sostiene, también es disputar poder.
Una revelación
La expedición a Bonampak en 1949 cambió algo en el artista. Frente a los murales mayas, encontró una genealogía profunda de la pintura americana.
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Para el especialista Gregorio Luke "encuentra un tema, una idea y cambia para siempre su forma de pintar para dedicarse a captar esta dignidad del indígena oprimido y pintarlo con honestidad, con belleza, con honor".
Murales, viajes y consagración
Integrante de la tercera generación de los muralistas heterodoxos, Anguiano utilizó el mural como herramienta de denuncia social en los años treinta. Entre 1952 y 1955 viajó por Europa, exhibiendo su obra en varios países. Expuso en cerca de cien muestras en América, Europa y Asia, con amplio reconocimiento.
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Tradición renovada y heterodoxia consciente
Anguiano nunca se ubicó fuera de la Escuela Mexicana de Pintura, pero tampoco dentro de una obediencia ciega.
Lo explicó en la entrevista con Comisarenco. "Mi pintura se ubica dentro de la tradición de la escuela mexicana de pintura, la tradición renovada, porque yo llamo a mi generación 'heterodoxos' de la escuela mexicana de pintura".
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"Porque no seguimos a pie juntillas a los pioneros o iniciadores sino que desarrollamos nuestro propio estilo, nuestra propia personalidad, pero estamos dentro de esa corriente mexicana, nacional, no nacionalista".
Sigue interrogando
Anguiano murió en la Ciudad de México el 13 de enero de 2006. A veinte años de su desaparición física, su obra continúa haciendo preguntas al presente. En tiempos de imágenes fugaces y discursos efímeros, su pintura insiste en algo esencial: el arte, cuando es honesto, confronta la historia.