Nació hace 455 años, el 29 de septiembre de 1571 y falleció a la temprana edad de 38 años. Tal vez esa partida prematura explique, en parte, su condición de leyenda. Cómo ocurrió con otros personajes de la historia, desde Juana de Arco hasta James Dean, no acabó corrompido por el paso del tiempo.
La fuerza visual de Caravaggio, el pintor barroco que cautivó a Martin Scorsese
Por el dramatismo de sus pinturas, el realismo de sus personajes y el complejo uso de la luz y las sombras, todavía interpela al que se toma el tiempo de mirar su obra. Que escandalizó a sus contemporáneos y mucho después despertó la admiración de realizadores de cine como Derek Jarman y Scorsese quien lo imaginó como un "gran cineasta".

Lo cierto es que Caravaggio, que fue noticia hace pocos días, cuando un fuerte temporal en Florencia provocó una filtración de agua en la Galería de los Uffizi que alcanzó el vidrio exterior de la vitrina de una obra de su autoría, sigue ejerciendo una fascinación única.
Tanto por su vida de excesos (señalan las biografías que se sentía muy cómodo en los tugurios y las francachelas) como por su obra, que lo ubica con holgura entre los más importantes creadores del barroco europeo.

Violencia y crueldad
Adentrarse en sus aspectos biográficos es reiterativo, basta googlear al pintor. Pero cabe detenerse en un texto del Museo Nacional de Bellas Artes, creado para la muestra "Caravaggio y sus seguidores" de 2012, donde señala que sus obras evidencian "una existencia impetuosa y turbulenta, con escenas de tema religioso de marcada violencia y crueldad".
Sigue el texto: "puede verse un enérgico contraste entre los fondos oscuros y los personajes bañados por una luz fuerte y dramática, principal característica de su producción. Estas pinturas también se definen por un marcado realismo en la representación de los personajes, sus vestimentas y los objetos que los rodean".
Este es uno de los aspectos en los cuáles innovó Caravaggio, no entendido en su momento pero valorado mucho después. Esa disociación entre la mirada en su tiempo y la revalorización posterior (algo parecido le ocurrió a Mozart en la música) se explica bien en una anécdota que recoge Ernesto Schoo en un artículo escrito en 2004 en La Nación.

Cuenta Schoo que el pintor Federigo Zuccaro fue a visitar unos trabajos que realizaba Caravaggio. Desdeñoso, afirmó: "¿Qué le ven de nuevo a esto?” y se fue. Hoy, en una situación similar a la de Salieri y Mozart, nadie recuerda a Zuccaro, pero casi todos conocen a Caravaggio.
Revolución pictórica
Algo que introdujo Michelangelo Merisi (tal era su nombre de nacimiento), según Miguel Calvo Santos, fue una "renuncia a todo tipo de idealismo, representando a profetas y santos como gente real, sirviéndose de modelos de la calle". Algo que, claro, trajo polémicas. Era unir lo sagrado con lo mundano. ¿Cómo era posible que un santo se pareciera a un mendigo?.
Pero ese es apenas uno de los aspectos vanguardistas de Caravaggio. Marina Sepúlveda, en un artículo generado para Infobae, remarcó que "con su obra revolucionó la pintura realista al utilizar fuentes lumínicas en los claroscuros que perfeccionó".

Las obras que hay que revisar
Entre sus obras más famosas se encuentra "Judith y Holofernes", que alude a un episodio bíblico. Caravaggio eligió el momento en que Judith le corta la cabeza al general asirio, mientras una anciana mira la escena. La concentración de la protagonista contrasta con el terror de Holofernes.
En "La incredulidad de Santo Tomás", el realismo es extremo. El apóstol introduce un dedo en la herida de Cristo para comprobar su resurrección. La proximidad de los cuerpos y el contacto físico invitan al espectador casi a ser parte de los hechos o al menos a presenciarlos desde muy cerca.
Otro de sus trabajos más influyentes es "La vocación de San Mateo". En ella, un rayo de luz en un cuarto oscuro indica a Mateo, sentado con un grupo de hombres. Se ve claramente cómo Caravaggio hizo de la iluminación un recurso narrativo, dando una idea de donde hay que mirar.

Obviamente ese trabajo con las luces y las sombras influyó en el cine. Según citó Luis Vinker en Clarín, en 2025, el propio Martin Scorsese se rindió ante Caravaggio y la fuerza de sus cuadros. "Llegas en medio de una escena y quedas inmerso en ellas. Es como una puesta del cine moderno, poderosa y directa. Sin dudas, hubiera sido un gran cineasta", dijo.
Tal fue esa gravitación, que Scorsese se dejó llevar por la potencia visual de Merisi. En su película "Malas calles" de 1973, las escenas del bar que frecuentan Charlie (Harvey Keitel) y Johnny Boy (Robert De Niro) están impregnadas por juegos de luces y sombras que bien podría haber planteado el pintor barroco si fuera director de fotografía en la película.
El pintor y el cine
No solamente su praxis influyó en el séptimo arte. También su propia vida. Además de una serie de documentales, hay una película biográfica de 1986, dirigida por Derek Jarman, que se introduce en una vida extraña, de fama, dinero, amores homosexuales, intrigas, envidia y hasta un crimen.

Protagonizada por Nigel Terry, con Sean Bean y Tilda Swinton, la película cuenta la vida del artista a partir de los recuerdos de sus últimos días. Se detiene particularmente en su vínculo con Ranuccio y Lena en un triángulo de deseos, celos y violencia.
Lo llamativo de la película es que Jarman traslada la estética del pintor a la pantalla. Algunas escenas reproducen composiciones de sus cuadros y la disposición de los personajes evoca su lenguaje pictórico.
Pero el director incorpora, a propósito, elementos anacrónicos, para dejar claro que no quiere reconstruir fielmente el siglo XVII, sino desarrollar un diálogo entre la época de Caravaggio y las preocupaciones de los años 80.

¿Por qué interpela todavía?
La película de Jarman pone de relieve algo que insinuamos al principio de estas líneas y es cómo la obra de Caravaggio continúa interpelando al que la conoce por primera vez. El uso dramático de las luces y las sombras impresiona. Al igual que las expresiones acentuadas de los personajes.
Cómo señala Schoo en el mentado artículo, el grito que profiere un niño en "El martirio de San Mateo", tiene eco en el que pintó Edvard Munch siglos más tarde. Expresión de espanto que también pareciera hallar resonancias en el siglo XXI. Los motivos son otros, pero los gritos igual de fuertes.








