Para estas líneas hay que "viajar" a octubre de 1966, hace 60 años. El primer día de aquel mes, quedó habilitada en el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez una muestra retrospectiva en honor a Marcos Tiglio.
Marcos Tiglio en el Rosa: la retrospectiva de 1966 y la historia de un pintor marcado por la adversidad
El 1° de octubre de ese año, el museo santafesino inauguró una muestra dedicada al artista boquense, cuyas pinturas llegaron desde distintas ciudades del país. El Litoral documentó aquella propuesta y publicó un análisis de Jorge Taverna Irigoyen sobre la singularidad de su obra.

La misma, de acuerdo a una crónica publicada por El Litoral al día siguiente, había demandado varios meses de búsqueda y acopio, porque las principales piezas estaban en poder de coleccionistas de distintos lugares del país.

Las piezas puestas a disposición del público ("verdaderamente antológicas por su calidad y autenticidad sin dobleces", según palabras de Diario El Litoral) fueron retratos, naturalezas muertas, paisajes, flores, y bodegones.
La exposición fue presentada por un personaje al que aludimos con frecuencia en esta sección, Luis León de los Santos, quien trazó la biografía del pintor. Recordó al "muchacho boquense que, de pantalones cortos, encontró su vocación al ver un cuadro de Victorica en una vidriera del tradicional barrio".

Después, aludió al "desdichado marco familiar", donde Tiglio creció, al "empleo bancario con el que se ganó la vida y a las clases de dibujo que dictaba en la Boca". Relató luego las sesiones de arte y pintura en el atelier de un alto edificio, en Diagonal Norte y Florida, donde sus discípulos seguían sus enseñanzas.
Habló seguidamente del taller que, al crecer su fama, alquiló en el barrio de San Telmo y del "episodio policial de corte político" que derivó en el encierro de Tiglio por treinta días en Villa Devoto. "Del cautiverio le quedó un miedo pavoroso que fue abriéndole abismos mentales", afirmó.

La influencia que aquella detención ejerció sobre la vida del pintor, así como el peso de las desgracias familiares, fueron analizados por De los Santos con delicadeza. Se refirió, por último, a la internación de Tiglio en un instituto psiquiátrico y a la extraordinaria suba que habían experimentado sus cuadros en el mercado porteño.
"Acabo de estar con él en Buenos Aires -explicó-, dándome la impresión de un juguete con la cuerda rota". "He aquí cuanto quise expresaros al inaugurar esta muestra", concluyó. Quise que conocierais la trayectoria del pintor infortunado, de nobilísimo corazón, de vibrante sensibilidad, de muy sutiles intuiciones, sobre la gente y sobre su propio destino”.
El análisis de su pintura
Unos días después, el 5 de octubre de 1966, El Litoral publicó una reseña sobre la muestra, firmada por Jorge Taverna Irigoyen. Que aludió, en primer lugar, a las influencias de Tiglio, principalmente Emilio Centurión, Jorge Larco, Alfredo Guttero y Miguel Carlos Victorica.
"Con esta formación y esta visión (muy propia) del mundo natural, Tiglio consideró que la pintura era para él, más que un 'métier', una imperiosidad de vida, una justificación ante sí mismo de su forma de ver y de obrar".

Bajo esa guía, con una "paleta apasionada pero sin urgencias", Tiglio construyó toda una larga historia alrededor de los elementos familiares, de las flores silvestres, de los paisajes menos presuntuosos y más intimistas.
"Sorprende comprobar cómo trasciende las voluntades físicas de lo retratado", explicó Taverna Irigoyen. "A veces, Marcos Tiglio no es pintor de cosas, sino de aire que rodea a las cosas", subrayó. Y afirmó que "sus flores, sus porcelanas, sus paisajes, viven así más por el aire en que están contenidos que por su materia propia".

"Difícil es creer -aunque lo sea- que Tiglio pintara sus óleos en verdaderos 'raptus' de fervor. Recorriendo sus cartones, la posible fantasía de sus colores y el calor de su factura, es más dable pensar en un hombre de sopesada aritmética emocional, riguroso de las formas, místico devanador de los colores", dijo.
La despedida de El Litoral en 1976
Lo cierto es que Tiglio, como señalara Cayetano Córdova Iturburu, fue un artista que consiguió "un sello personal inconfundible, determinado por sus características gamas en azules, en verdes y coloreados grises, la insistida densidad de sus empastes y las buscadas asperezas y las opacidades de las superficies".
Cuando murió, en abril de 1976, El Litoral también estuvo presente y se hizo eco de la noticia. En su edición del 16 de abril, lo despidió como "una de las figuras más destacadas de las artes plásticas, a partir de la década de 1930".








