"Su pintura, pese a que cambien las escuelas, no puede pasar. Quedará siempre. Murió demasiado joven y fue una lástima, porque no dijo, seguramente, su última palabra. Pero ya lo escribió el poeta: 'el varón amado de los dioses, muere joven'". Joaquín Torres García sobre Rafael Barradas.
Rafael Barradas y la vanguardia que encontró belleza en bares, relojes y personajes comunes
Lejos del culto futurista a las máquinas, el artista uruguayo logró una pintura dinámica inspirada en la vida cotidiana de principios del siglo XX. "Composición vibracionista", que se conserva en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, permite entrar en ese mundo.

Todas las piezas artísticas tienen una historia. Esa es la idea de "Obras que cuentan", el espacio de la sección Arte donde nos detenemos frente a una pintura, un dibujo o una acuarela para reconstruir lo que no aparece en la primera mirada, o sea cómo se gestó, qué discutió y qué sigue diciendo hoy.
En esta entrega, el trabajo elegido pertenece a uno de los pintores rioplatenses que más lejos empujó los límites de la vanguardia europea de comienzos del siglo XX.

De Montevideo a Barcelona
Barradas nació en Montevideo en 1890. No tuvo formación académica sistemática, aprendió mirando, dibujando "del natural" en los cafés montevideanos donde pasaba horas junto a dramaturgos, poetas y periodistas de su generación, según el Museo Juan Manuel Blanes.
Colaboró desde joven como ilustrador en publicaciones de Montevideo y Buenos Aires, y en 1913 fundó su propia revista satírica. Luego, con apenas 23 años, se embarcó rumbo a Europa gracias a una beca que compartió con su amigo, el tenor Alfredo Médici.
Pasó por Milán, tuvo un contacto fugaz con el futurismo italiano, hizo escala en París y terminó instalándose en España, donde permanecería el resto de su vida productiva.

El encuentro que cambió su pintura
La Barcelona de 1916 fue el territorio donde Barradas encontró su lenguaje. Allí conoció a Joaquín Torres García, otro uruguayo emigrado, con quien entabló amistad. Trabajaron juntos y en diciembre de 1917 expusieron en las Galerías Dalmau, uno de los espacios que apostaban por el arte de vanguardia en la España de esos años.
Fue justamente en 1917 cuando Barradas bautizó su propia búsqueda formal, el vibracionismo. El nombre remitía a la idea futurista de la "vibración universal", energía de la vida moderna que la pintura debía traducir en superficies fragmentadas y en un cromatismo exaltado.
Ese mismo año colaboró con el periódico de Salvat-Papasseit, "Un enemic del poble", y poco después Madrid lo recibiría como parte del movimiento ultraísta. Compartió tertulias con Salvador Dalí, Federico García Lorca y Luis Buñuel.

Una tríada de acuarelas
"Composición vibracionista" forma parte de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires y pertenece a ese momento de eclosión. Fue realizada en 1917 y comparte elementos formales con otras dos piezas del artista, "Gitanas" y "Composición", ambas conservadas en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo.
Gabriel Peluffo Linari, describe esas tres piezas como una serie con "carácter de serie" por su secuencialidad. Según su lectura, "Composición" retoma elementos formales de "Composición vibracionista" pero con una paleta más fría y una tendencia a recomponer la figuración que en la primera aparece completamente fragmentada.
De "Gitanas", en cambio, "Composición vibracionista" toma el rayado de fondo y una forma cuneiforme que ambas piezas ubican en el centro de la composición. Hay, además, un motivo recurrente en la obra vibracionista de Barradas, que es el reloj, representado como un círculo cargado del signo numérico dentro de un campo geométrico muy estructurado.

Peluffo Linari señala que ese recurso también aparece en piezas de la misma época de Joaquín Torres García, lo cual confirma hasta qué punto ambos uruguayos compartían un mismo repertorio visual.
Fragmentar la ciudad para entenderla
¿Qué mira exactamente el vibracionismo cuando fragmenta el espacio? La periodista Marina Oybin, en Página 12, plantea que Barradas intentaba traducir el pulso acelerado de las ciudades donde le tocó vivir, en composiciones que evidencian la dinámica de la vida moderna heredada del cubismo y del futurismo.
La investigadora Sonia Decker profundiza en la diferencia entre los dos amigos uruguayos. Mientras Barradas concebía una pintura dinámica, atenta a las calidades, los sonidos y el carácter de las cosas, Torres García tendía hacia algo más estático, vinculado a la arquitectura y a una tradición de proporción milenaria.

El crítico Manuel Quaranta, en El ojo del arte, propone pensar la pintura de Barradas con un oxímoron. Figuración abstracta, nunca abstracción figurativa, porque el uruguayo seguía siendo, en el fondo, un pintor figurativo que buscaba el equivalente formal de la realidad y no su reflejo directo.
Para Quaranta, la preocupación esencial de estas obras no pasa tanto por los desafíos de la ciudad moderna como tema, sino por la forma misma, los planos, los colores y las líneas.
Juan Batalla, desde Infobae, marca en cambio el contraste con el futurismo italiano ortodoxo. Donde ese movimiento rendía culto a la máquina y a una modernidad que arrasaba con todo lo anterior, Barradas elige contar la historia de los hombres comunes, de los bares y los puertos. Lo cotidiano.
El regreso y la despedida
La producción de Barradas siguió mutando en los años siguientes. En Madrid trabajó como dibujante e ilustrador de clásicos para la Biblioteca Estrella, se desempeñó como escenógrafo y figurinista para el Teatro del Arte, y en 1923, instalado en Luco de Jiloca, viró hacia una serie más realista dedicada a personajes populares, "Los Magníficos".
En 1925 obtuvo el Grand Prix en la categoría teatro de la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales de París. Ya enfermo, se trasladó a Hospitalet de Llobregat, donde reunió a su alrededor una nueva generación de artistas e intelectuales antes de regresar, finalmente, a Montevideo. Allí fue homenajeado en el Teatro Solís poco antes de morir, el 12 de febrero de 1929, a los 39 años.








