Con el objetivo de difundir el trabajo de artistas plásticos santafesinos de distintas épocas, Diario El Litoral y Santa Fe Arte iniciaron un ciclo de entrevistas con especialistas. ¿La premisa? Tender puentes entre las generaciones actuales y las figuras que marcaron la pintura de la provincia.
Matías Molinas y ese extraño brillo del litoral
José Bastías analiza la obra del pintor fallecido en 1995. Destaca, sobre todo, su uso del color como una construcción que desborda la representación del paisaje litoral. El diálogo con Ricardo Supisiche y los ejes de su técnica.

En el salón central de la Casa de la Cultura -el emblemático edificio ubicado sobre Bulevar Gálvez- frente a la obra "Amanecer", la figura tranquila del pintor Matías Molinas parece hacerse presente. Más que una pintura, parece un umbral.
"El litoral en Molinas no es una visión tradicional", explica José Bastías, referente de la Asociación de Artistas Plásticos de Santa Fe. "Es una relación profunda con la temática que desarrolló toda su vida, pero ese desarrollo es complejo. No es un paisaje sencillo".
El punto, según Bastías, está en el color. En especial, en ese dorado que irrumpe en la tela como anomalía poética. "Ese dorado no existe en la realidad. Nosotros, que vivimos en el litoral, no lo vemos. Entonces el color es emocional, responde más a la valoración del lugar que a su representación fiel".
En esa tirantez entre lo visible y lo "sentido", la obra de Molinas se mueve hacia un territorio de orden metafísico. "Parece realista, pero no lo es del todo. Es una representación que evoca valores, situaciones, algo que va más allá del paisaje".

Influencias y resonancias
La pintura santafesina del siglo XX no se produjo y desarrolló en aislamiento respecto a los polos culturales de la misma época y Bastías remarca particularmente ese punto. "Santa Fe siempre estuvo muy conectada, primero con Buenos Aires y desde ahí con Europa".
Matías Molinas no estuvo al margen de esa tendencia. El propio artista reconoció influencias de figuras como Pablo Picasso y Wassily Kandinsky. Pero, más allá de los nombres, lo que se filtra en su obra es cierto tipo de sensibilidad.

"Hay una influencia fuerte del surrealismo. Es un realismo con una dimensión casi onírica", sostiene Bastías. Esa cualidad lo ubica en diálogo con búsquedas globales, pero sin perder anclaje en el territorio.
El resultado es un arte que, partiendo del litoral, alcanza una resonancia universal. Uno puede encontrarse ahí siendo santafesino, europeo o incluso oriental.
Técnicas, luz y materia
En términos técnicos, Molinas desarrolló una pintura profundamente ligada al color. Incluso en la acuarela, asociada a la transparencia, el artista construía densidad. "No era una acuarela ligera. Había superposición de capas, mucho trabajo, mucho detalle".
Para Bastías la luz, en las obras de Molinas, no proviene del entorno sino de los objetos mismos. "Es como si la luz saliera de adentro", describe Bastías, marcando una diferencia con otros pintores del litoral.

La necesidad de lo colectivo
La trayectoria de Molinas también se inscribe en una lógica de del trabajo colectivo. Su vínculo con el Grupo Setúbal responde, según Bastías, a una necesidad concreta. "Era una decisión: unirse para trabajar, pero sobre todo para exponer. Sufrían la distancia del centro de poder que era Buenos Aires", sostuvo.
En ese contexto, la agrupación fue un espacio de producción artística y una estrategia de visibilidad. "Exponían en el litoral, en países limítrofes. Era la forma de proyectarse".
A esto se suma un dato contextual: la valoración social del artista era muy distinta a la de ahora. "Ser artista no estaba bien visto. Entonces juntarse también era una forma de legitimarse".
Molinas y Supisiche: dos miradas
El diálogo con Ricardo Supisiche, otro pintor reconocido que vivió en el siglo XX en Santa Fe, permite dimensionar mejor la singularidad de Molinas. "Son casi opuestos", afirma Bastías. “Molinas era cercano, con una gran capacidad docente. Supisiche, en cambio, era más austero, más cerrado”.

Sin embargo, ambos convergen en un punto, que es la construcción de un paisaje no literal. "Los dos nos muestran algo más. En un caso con muchos elementos, en el otro desde el despojo, pero siempre hay un mensaje detrás". Ese "más allá" es, posiblemente, el verdadero territorio compartido.
La vigencia de Matías
A más de tres décadas de su muerte, la figura de Molinas sigue generando adhesión. "Marcó un camino que viene de antes y que nos va a trascender", reflexiona Bastías. "Hay un hilo que nos conecta, más allá de las modas o las tendencias".








