"Para mí la perfección no es más que un espejismo, porque cuando creo llegar, vuelvo a alejarme".
La muestra que trajo a Santa Fe el mundo de los pescadores marplatenses
En 1948, la obra del pintor que podría ser considerado el "Quinquela Martín de Mar del Plata" llegó con sus trabajos al Museo Municipal de Bellas Artes. Fue a través de óleos y carbones que representan escenas portuarias.

En mayo de 1948, el diario El Orden registró un acontecimiento relacionado con las artes plásticas: la exposición de Cleto Ciocchini en el Museo Municipal de Bellas Artes de Santa Fe. El título: "C. Ciocchini nos trae en sus obras la emoción de los lobos de mar".
En un momento en el cual la circulación de obras fuera de los grandes centros era mucho más limitada que hoy, la llegada de una serie centrada en la vida portuaria marplatense daba al público local una alternativa que fue muy valorada.

Un itinerario marcado por el mar
Nacido un día como hoy (23 de abril) de 1899 en San Vicente, provincia de Buenos Aires, Ciocchini desarrolló casi toda su obra en Mar del Plata, donde vivió 40 años. En un pequeño chalet donde hoy se lo recuerda con una placa.
Ese arraigo definió la dirección de su trabajo. El puerto, que estaba muy cerca de su casa, sus trabajadores y la dinámica cotidiana de la ciudad atlántica fueron su núcleo temático.
Victoria E. Martínez sostiene que Ciocchini "siempre se interesó por la persona humana; sus obras reflejan al hombre en sus actividades diarias, aunque lo que atrapó su mirada, indudablemente, fue el mar".

La relación entre figura y entorno aparece como un sistema indivisible, donde el paisaje es condición más que fondo.
"Cuando Cleto llegó a Mar del Plata se encontró con un mar de color intenso por el cual sintió inmediatamente esa atracción poderosa", señala Martínez. Esa experiencia deriva en una pintura donde el color y la materia construyen primero una atmósfera y luego una descripción minuciosa.
La exposición de 1948
La crónica de El Orden habla de una muestra integrada por óleos y carbones que dan cuenta de la búsqueda de Cleto. "Una viva y luminosa expresión de la zona marplatense y de los pescadores atlánticos", indica el texto, que subraya el carácter representativo de las escenas.

Desde el punto de vista técnico, el artículo remarca "un empaste suelto y vigoroso", con gamas cálidas organizadas en un sistema de luces y sombras que otorga cohesión a las composiciones.
La crítica advierte además un giro respecto del naturalismo. "Sin contar para ello con el análisis de los valores figurativos", Ciocchini prioriza la “sugestión dramática” y la construcción de un clima.
Escenas de trabajo y humanidad
El repertorio de obras mencionado en la muestra sirve para reconstruir el universo del artista. Títulos como "Trabajadores del mar", "Llegada de la pesca", "Actividad matinal" o "Última hora" remiten a distintos momentos de la jornada laboral, pero sin jerarquías narrativas.

El Orden destaca la capacidad del pintor para captar "las instancias humanas de las faenas tenaces". En ese registro, las figuras adquieren espesor psicológico a través del tratamiento de la luz y del claroscuro. Piezas como "Pescador con red" o "Figura marinera" concentran esa intensidad.
En paralelo, los carbones exhibidos evidencian la solidez de su obra. "Reveladores de la nobleza de su artesanía", según la crónica, estos trabajos ponen en primer plano el dibujo y la síntesis formal. Escenas como "Reunión de pescadores" mueven el eje hacia los momentos de pausa y organización colectiva.
El vínculo con los portuarios
La historiadora Juliana Monacchi aporta un elemento para contextualizar estas imágenes. La comunidad pesquera de la primera mitad del siglo XX estaba compuesta en gran medida por inmigrantes del sur de Italia.

Muchos de esos pescadores mantuvieron un vínculo con Ciocchini. Posaron para él, compartieron jornadas y experiencias. Esa proximidad incide en la construcción de las figuras, alejadas de los estereotipos.
La vida que se expresa
En 1961, Ciocchini integró una delegación de artistas argentinos que viajó a Europa con el objetivo de difundir la producción nacional. Entre ellos se encontraban Benito Quinquela Martín, Antonio Alice y Cesáreo Bernaldo de Quirós.
Eso profundizó su inserción en un circuito más amplio, pero su obra mantuvo una referencia constante al espacio portuario, de la misma manera que Quinquela se mantuvo fiel a La Boca.

"La vida portuaria, sus personajes y los paisajes típicos han quedado fielmente reflejados en su obra", resume Martínez. En esa insistencia temática se configura una identidad artística muy precisa y sostenida en el tiempo.
Cómo señala la ya mencionada especialista Victoria Martínez, no hay tristeza ni opresión en las pinturas de Cleto. Si una "energía súbita, marcada en cada trazo, en cada pincelada. Es la vida que se expresa en un arranque de luz y color".








