Hoy se celebra el Día de la Constitución Nacional, en conmemoración de la aprobación de tal documento, que se produjo en Santa Fe en 1853. Efeméride adecuada para revisar los pilares de la nación: la democracia, la educación pública y la identidad cultural forjada como crisol de razas.
El óleo monumental donde la Argentina se piensa como nación
Bajo una luz dramática y una composición rigurosa, la escena incluye detalles que van más allá de lo histórico. El artista Antonio Alice logra una construcción simbólica donde poder, palabra y memoria delinean una identidad en disputa.

En ese contexto, cabe evocar unas palabras de Jorge Taverna Irigoyen, publicadas en El Litoral el 30 de abril de 1978. Se refieren a la dimensión cultural de una obra vinculada estrechamente con la Carta Magna, que se titula "Los Constituyentes de 1853", del pintor Antonio Alice.

Una proeza artística
El cuadro, de dimensiones monumentales (5,40 por 3,60 metros), fue durante años considerado el mayor óleo de caballete del país. Pero su escala va mucho más allá y se hunde en el terreno de lo simbólico.
Igual que Eugène Delacroix, que trabajó sobre la identidad francesa en "La libertad guiando al pueblo" y Goya trató de indagar un hecho traumático español en "El tres de mayo de 1808", Alice intenta dejar constancia del día en que la Argentina comienza a pensarse como Estado moderno.

Para José León Pagano, se trata de "una proeza de largo respiro", una definición que Taverna recuperó en 1978 para subrayar la profundidad conceptual y técnica del artista. No hay improvisación, sino disciplina, estudio y una vocación épica por representar lo fundacional.
Política, luz y construcción
El análisis de Jorge Taverna Irigoyen se detiene en la composición, realizada de una manera casi quirúrgica. La escena nocturna, presidida por el general Ferré, sentado de espaldas, organiza un espacio donde palabra y gesto adquieren un peso histórico.
Los congresales, distribuidos en una arquitectura de cuerpos y miradas, escuchan al orador que domina la escena. En el fondo, la figura del doctor Seguí emerge como un eje visual que ordena la perspectiva.

Pero lo que verdaderamente fascina al crítico de El Litoral es la atmósfera. "Una tonalidad dorada, con acentos rojos, verdes y violáceos", que ilumina y dramatiza.
Arte y reconstrucción histórica
Uno de los aspectos que subraya Taverna es el método de trabajo de Alice. Para pintar la escena, el artista reconstruyó el Cabildo de Santa Fe en un diorama: muebles, vestimentas, disposición espacial.
Esa acción, reflejo de una personalidad meticulosa, da idea de una concepción del arte como herramienta de memoria. No se trata de pintar el pasado, sino de hacerlo verosímil, tangible, casi habitable para las nuevas generaciones.

En ese sentido, la obra se inscribe en una tradición de pintura histórica que en Argentina buscó fijar imágenes fundacionales, pero lo hace con una exigencia plástica que la distingue. La "severidad del montaje", como la define Taverna, supone rigor.
Una lectura cultural
Cada 1° de mayo, cuando se conmemora la sanción de la Constitución Nacional de 1853, el foco suele estar en lo jurídico o lo político. Sin embargo, la lectura de Taverna Irigoyen propone otra mirada, que es la cultural.
Porque la Nación no se construye solamente en base a leyes, sino también a través de imágenes. Y en ese mapa simbólico, la obra de Antonio Alice ocupa un lugar central.

Hay algo en Los Constituyentes de 1853 que resiste el paso del tiempo. Su ambición, su profundidad o, como sugiere Taverna Irigoyen, esa "hondura testimonial" que convierte al cuadro en algo más que una representación.








