El Día Internacional del Escultor, que se celebra el 6 de marzo por el nacimiento de Miguel Ángel, encuentra en la ciudad de Santa Fe un antecedente histórico que merece ser revisitado.

En 1938, el Museo Rosa Galisteo recibió al consagrado artista y El Litoral lo definió, a través de un texto de Horacio Caillet Bois como "el más alto exponente universal del arte argentino en el género de la escultura".

El Día Internacional del Escultor, que se celebra el 6 de marzo por el nacimiento de Miguel Ángel, encuentra en la ciudad de Santa Fe un antecedente histórico que merece ser revisitado.
En 1938, la ciudad recibió a Rogelio Yrurtia como invitado de honor del XV Salón Anual, y el entonces director del museo, Horacio Caillet Bois, publicó en El Litoral un texto que celebra al artista y que define qué entiende por escultura y cuál era el lugar de Yrurtia en el arte argentino.
El 9 de julio de 1938 se inauguró el XV Salón Anual en el Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo. El escultor Yrurtia, de 58 años, asistió acompañado por su esposa, la también artista Lía Correa Morales.
Esta acción se produjo en el marco de una política cultural que la Comisión Provincial de Bellas Artes sostenía desde 1931. Consistente en invitar cada año a un artista consagrado para presentar un conjunto representativo de su obra.

Caillet Bois subraya en El Litoral que esa iniciativa permitía que el público, que habitualmente accedía a "una visión fragmentaria del arte argentino", pudiera conocer "anualmente, en forma integral, un valor representativo de la plástica nativa".
Yrurtia era el octavo depositario de esa distinción. Y su presencia no había sido sencilla de concretar.
El propio Caillet Bois explica que, aunque estuvo "desde el primer momento, y de los primeros, en el pensamiento de los organizadores", sus largas estancias en Europa y su trabajo en grandes monumentos en Buenos Aires habían demorado la invitación.
Para Caillet Bois, Yrurtia era "sin duda alguna, el más alto exponente universal del Arte argentino en el género de la escultura".

El ex director del museo recuerda que su nombre "hace ya mucho tiempo que trascendió de las fronteras nacionales para representarlas, con dignidad y jerarquía, en los grandes centros artísticos del Continente y de Europa".
Incluso señala que había sido admirado en el extranjero antes que en su propio país, "como ocurre casi siempre". En esa proyección internacional, menciona la amistad que le dispensaron Auguste Rodin y Antoine Bourdelle, dos figuras centrales de la escultura moderna europea.
Uno de los pasajes más contundentes del artículo de El Litoral sostiene que “el dominio de la escultura no tiene secretos para Yrurtia, como no los tenía para los grandes estatuarios griegos y del Renacimiento”.
Caillet Bois describe una concepción "total y genial" de los problemas de la masa arquitectónica: planos, luces, formas y volumen. Esa comprensión integral le permitía alcanzar "alardes plásticos que reúnen originalidad, fuerza, armonía e intención", los cuatro signos que, según el crítico, definían su estilo.

La originalidad no era extravagancia. "Todas las concepciones de Yrurtia, desde las más delicadas cabezas femeninas hasta sus grandes simulacros plásticos, ofrecen ese sello del estilo inconfundible en el modelado y del logro inequívoco de la idea generatriz en la imagen".
Incluso temas clásicos como "la Justicia, Moisés, la Fatalidad” adquirían "un acento nuevo bajo su buril milagroso".
El texto también propone una reflexión teórica. Caillet Bois advierte que la escultura se había convertido en "sierva de la arquitectura", subordinada a la construcción y a formas sumarias que respondían a un "vago primitivismo".
Yrurtia, en cambio, "no pertenece a este género de pulimentadores” y sabe "adunar en la masa inerte, que se anima bajo su garra, la alada belleza de la forma en función de la arquitectura, pero sin someterla a esta última".

La distinción es clara: arquitectura y escultura son independientes. Una obedece a leyes físicas y funcionales; la otra responde a "una necesidad de más acendrada alcurnia", a un "anhelo de eternidad".
Al desarrollar la idea de fuerza, Caillet Bois vincula a Yrurtia con "los mejores momentos de la tradición helénica", cuando la piedra se transformaba en símbolo de pasiones y héroes.
Menciona obras emblemáticas como los monumentos a Dorrego y Rivadavia y el Canto al Trabajo, donde esa "elocuencia patética" se manifiesta con claridad.
La armonía aparece como "el ritmo envolvente y grácil que domina, en plenitud de vuelo, esa misma fuerza que se adhiere a la tierra". Cada fragmento de sus monumentos tiene sentido en sí mismo, pero también dentro del conjunto.

Para Caillet Bois, Rogelio Yrurtia es "el verdadero y hondo escultor de la patria". Supo otorgar "jerarquía de héroes" a las figuras civiles y militares argentinas, y su obra está "nutrida de cultura patricia".
En el Día Internacional del Escultor, la figura de Miguel Ángel funciona como referencia universal. Pero la memoria cultural santafesina permite añadir otra dimensión: la de un artista argentino reconocido internacionalmente y celebrado en la ciudad como paradigma de excelencia.