"Nosotros ya no volveremos a pintar el bosque o el caballo como nos gustan o nos parecen, sino como realmente son, como el bosque o el caballo sienten su esencia absoluta, que vive detrás de las apariencias que vemos". Franz Marc.

Mientras las vanguardias debatían cómo representar al hombre moderno, Franz Marc eligió pintar animales, especialmente caballos. A 110 años de su muerte, repasamos cómo esa decisión dejó marcas en el expresionismo alemán y la historia del arte del siglo XX.

"Nosotros ya no volveremos a pintar el bosque o el caballo como nos gustan o nos parecen, sino como realmente son, como el bosque o el caballo sienten su esencia absoluta, que vive detrás de las apariencias que vemos". Franz Marc.
Mientras buena parte de las vanguardias de comienzos del siglo XX discutían respecto a cómo representar al hombre moderno, Franz Marc corrió el foco: pintó animales y puso especial acento en los caballos.

Los pintó azules, rojos, amarillos, los hizo símbolo, refugio espiritual. A 110 años de su muerte, esa elección continúa siendo uno de los núcleos de su obra.
El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza lo define como miembro fundador del grupo expresionista alemán Der Blaue Reiter (precisamente, se traduce como "El Jinete Azul").

Nacido en el año 1880, hijo de un pintor de paisajes, comenzó sus estudios en la Akademie der Bildenden Künste de la ciudad de Múnich en 1900 bajo la dirección de Gabriel von Hackl y Wilhelm von Dietz.
Los viajes a París en 1903 y 1907 ampliaron su horizonte. Allí conoció el impresionismo y se sintió "especialmente atraído por la obra de Vincent van Gogh y Paul Gauguin".

En 1910 trabó amistad con August Macke y poco después conoció a Wassily Kandinsky. Con este último compartía "la idea de la necesidad de renovar espiritualmente el arte occidental".
Las tensiones dentro de la Neue Künstlervereinigung desembocaron en la fundación de Der Blaue Reiter, cuya exposición de 1911 y el almanaque publicado en 1912 fueron determinantes dentro del arte del siglo XX.

Ese clima de ruptura y búsqueda espiritual es el marco para entender los motivos por los cuáles Marc corrió al ser humano del centro de la escena.
Durante su estancia en Lenggries, se intensificó su interés por los animales, a los que consideraba "más dignos de representación que los seres humanos". Con el tiempo, se convirtieron en el eje de su producción.

Zuzanna Stańska lo explica así: "El movimiento expresionista alemán tuvo múltiples facetas. Una de las más interesantes fue la de Marc. Veía el mundo natural como un antídoto a la vida moderna, de la que se sentía cada vez más alejado. Por eso encontramos tantas pinturas de animales en su obra, siendo las de caballos las más destacadas".
En la Alemania previa a la Primera Guerra Mundial, con la elección del caballo como protagonista, Marc buscaba una pureza anterior al conflicto humano. Sus caballos, lejos del realismo académico, son figuras estilizadas, atravesadas por planos de color intenso que están plenos de estados espirituales.

Mila Cortadi Echave sostiene que Marc "es conocido por los retratos de animales, sobre todo caballos y ciervos, caracterizados por la simplificación de las formas y los colores, plasmando así su veneración mística del mundo animal, despreciando al ser humano".
La dimensión simbólica es evidente en "El nacimiento del caballo". Miguel Calvo Santos dice que "iba a ser inicialmente una ilustración para una de la Biblia. Marc había elegido la creación como leitmotiv para estas ilustraciones y escogió el nacimiento de sus amigos equinos, su animal fetiche".

En 1912, tras un nuevo viaje a París donde conoció a Robert Delaunay y entró en contacto con las tendencias cubistas, su obra tendió hacia una mayor abstracción. En paralelo, profundizó una búsqueda espiritual que encontraba en la naturaleza un territorio sagrado.
Javier Rada apunta uno de los núcleos de su pensamiento. "Creía en la 'animalización del arte', en las capacidades expresivas de dos ciervos en la nieve o de un perro descansando en el suelo".

"Sus óleos de animales transmiten calma y belleza. Los colores vivos, la figura estilizada y un halo de cariño hacen irresistiblemente tiernas las pinturas de Marc" agrega.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Marc se alistó voluntariamente, convencido de la capacidad regeneradora del conflicto. Murió en el frente de Verdún en 1916, a los 36 años.