"La actitud más cierta ante la efimeridad de la vida es el humor". Ramón Gómez de la Serna.
La muestra de 1967 que reunió a Oski, Sábat, Quino y Landrú en una sala de Santa Fe
En agosto de ese año, una exposición organizada por COVEIQ reunió a Brascó, Napoleón, Grillo, Cantú, Oski, Kalondi, Sabat, Quino, Amengual y Landrú. El Litoral la siguió de cerca y dejó un retrato del humor y sus protagonistas en aquellos años.

En su edición del 12 de agosto de 1967, El Litoral dio cuenta de un acontecimiento que despertó un notable interés en la ciudad. Se trata de la inauguración de una muestra de dibujo humorístico argentino.
Con gran cantidad de público y la presencia de dos de los expositores, los dibujantes Miguel Brascó y Napoleón, la exposición reunió una selección de trabajos de algunos de los nombres más destacados del humor gráfico argentino de aquellos años.

La muestra se inauguró en el Salón de la Pequeña Muestra de COVEIQ, organizada por esa entidad estudiantil, y estuvo integrada por tiras y dibujos de Brascó, Napoleón, Grillo, Cantú, Oski, Kalondi, Sabat, Quino, Amengual y Landrú.
COVEIQ era una organización creada por estudiantes de Ingeniería Química de la UNL que, desde fines de la década de 1950, financiaba y organizaba viajes de estudio mediante un sistema de rifas. Su actividad, sin embargo, también incluía iniciativas culturales como esa muestra.

La exposición, presentada como un encuentro de "diez humoristas del lápiz, de la palabra y de la idea", permaneció abierta hasta el 25 de agosto.
Ese día, la clausura tuvo un carácter también excepcional. Estuvieron presentes Quino, Amengual, Napoleón, Sabat y Kalondi, quienes participaron de una mesa redonda dedicada a debatir sobre el humorismo en la Argentina.
Una radiografía del humor argentino de los 60
El 13 de agosto, El Litoral publicó una reseña de la muestra. El texto comenzaba con una reflexión. "Si no tienen todos los argentinos el sentido del humor, al menos, como consecuencia o como razón de efecto, germinan aquí unos cuantos y buenos humoristas".

El diario destacaba la capacidad de esos artistas para reírse de sí mismos. "Humoristas que saben 'tomarse el pelo' a sí mismos, pero que lo hacen en un plano de dignidad expresiva, con fortuna muchas veces, con honestidad casi siempre".
A partir de allí, la crítica recorría uno por uno los trabajos exhibidos. De Amengual, por ejemplo, destacaba sus "3 retratos del embajador", donde jugaba con la transformación de un traje floral antes, durante y después de la lluvia, además de una escena de celos con candado.
De Brascó señalaba su solvencia para unir la sátira política con una línea madura. Cantú aparecía representado por una serie de collages, mientras que Grillo presentaba dos retratos de inspiración zoológica.

Sobre Kalondi, el cronista resaltaba que era "un excelente dibujante" capaz de hacer "hablar" al plano, a partir de dos parodias sobre la libertad. Landrú, muy conocido por por el público, aportaba tres escenas risueñas. Napoleón, por su parte, se internaba en el laberinto de su "Homo Ciberneticus".
Oski merecía un comentario aparte. El diario destacaba la "inmarcesible pureza lineal" de sus trabajos "Velocípedos" y "El billar". Finalmente, Quino y Sabat completaban aquel mapa del humor gráfico. El primero, con su "ejercicio compulsivo del movimiento"; el segundo, con dos imágenes sobre el amor.
Más que risas
Más allá de la valoración de cada artista, la reseña de El Litoral permite advertir la importancia que el humor gráfico había alcanzado como expresión artística y cultural. "Es una muestra que merece verse, sin estentoreidades, y en la cual la orteguiana "razón de la sinrazón" toma su mejor calibre expresivo", concluía.








