¿Por qué los argentinos y todos los hispanohablantes queremos tanto a Quino? La respuesta más obvia es: "por Mafalda". Está claro que el personaje, con su sentido común, su espontaneidad y su capacidad para interpelar el estado del mundo cautivó (cautiva, en realidad) a todos.
Cuando Quino llegó a Santa Fe: el día de 1966 en que 500 personas fueron a ver a Mafalda
Fue en agosto de ese año, cuando se abrió una muestra en la galería San Martín. En sintonía con la conmemoración del nacimiento del humorista, recordamos qué contó El Litoral sobre aquella visita que hoy adquiere un nuevo valor histórico.

Pero circunscribir a Joaquín Lavado (tal es el nombre del genial creador) a Mafalda sería como decir que a William Shakespeare solo se lo recuerda por "Hamlet" o a Humphrey Bogart solo por encarnar a Rick en "Casablanca".
Desde los límites de la viñeta, que fue su zona de lucimiento, Quino, que hoy 17 de julio cumpliría 94 años, llamó a pensar, a hacerse preguntas incómodas. Fue capaz de interpretar y cuestionar (a veces con severidad, otras con ternura) al ser humano. Con sus virtudes y sus defectos más crueles.

Su obra trascendió el humor gráfico para convertirse en una forma de filosofía cotidiana. En unas pocas viñetas era capaz de abrir debates sobre el poder, la desigualdad, la guerra, la educación, el consumo, la burocracia o la hipocresía social.
Quizás allí radique el secreto de su permanencia. Quino nunca escribió para una época, escribió sobre las contradicciones humanas. Por eso sus dibujos siguen circulando en redes sociales, aparecen en libros escolares, inspiran debates políticos y encuentran nuevos lectores.
De su pluma surgieron frases punzantes como "¡Paren el mundo, que me quiero bajar!", “¡resulta que si uno no se apura a cambiar el mundo, después es el mundo el que lo cambia a uno!" y "no es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Lo que pasaba era que los que estaban peor todavía no se habían dado cuenta".

Un artista discreto
Para recordarlo en esta sección, elegimos remontarnos hasta agosto de 1966, cuando el genial artista estuvo en Santa Fe para realizar una muestra en la Galería Santa Fe. Que estuvo compuesta por una serie de cuadros basados en su personaje más emblemático, el mismo que en 2027 llegará a Netflix.
Aquel viaje ocurrió cuando Mafalda ya era un fenómeno editorial. El personaje había comenzado a publicarse dos años antes y rápidamente había conquistado lectores en todo el país. Quino tenía apenas 34 años, pero ya era considerado una de las figuras más prometedoras del humor gráfico.
Lo que registró El Litoral
El Litoral registró aquellos hechos con rigurosidad, tal como consta en la edición del 27 de agosto de 1966.

"Se llevó a cabo ayer, en la galería San Martín, la inauguración del nuevo salón de COVEIQ, acto en cuyo transcurso quedó abierta una muestra de dibujo del humorista Quino, consistente en veinte cuadros en base a la "tira" de Mafalda, conocida ampliamente en nuestro país y el extranjero", dijo el vespertino.
"La ceremonia fue iniciada por el Sr. Jorge Rambaldo, presidente de la institución que agrupa a los estudiantes de ingeniería química, quien señaló, entre otros conceptos, que el acto era un importante jalón en la vida cultural de la entidad".
Luego, Rambaldo señaló que "siempre había querido ofrecer al público santafesino las expresiones más auténticas de la cultura nacional y que ésta era la continuación de un ciclo que fue iniciado con la conferencia de Jorge Luis Borges, seguido con la de Juan José Sebreli y, luego de esta muestra, habrá de continuar con otros actos que tienen previstas el centro".

Después fue presentada la obra de Quino y el dibujante, tras agradecer al público, dijo que "él debía ser juzgado por la obra que estaba allí expuesta". A la exposición asistieron durante el primer día casi quinientas personas, lo cual permite dimensionar lo que ya era Lavado a sus 34 años de edad.
¿Por qué lo amamos tanto?
Han pasado seis décadas desde aquella visita a Santa Fe y casi cinco años desde su muerte, ocurrida el 30 de septiembre de 2020. Pero la influencia de Quino parece ampliarse con el paso del tiempo.
Sus libros continúan editándose en decenas de países, sus dibujos son objeto de estudios y Mafalda mantiene una sorprendente capacidad para dialogar con las nuevas generaciones.

Esto se debe a que, en tiempos dominados por la velocidad, la polarización y la sobreabundancia de opiniones, la nena que odia la sopa sigue formulando las preguntas correctas.








