En el segundo piso del Museo Nacional de Bellas Artes, la apertura de "Lily Salvo. En el umbral del misterio", prevista para el martes 7 de abril a las 19, pone en circulación, por primera vez en el país, la producción de la artista.

La muestra abre el 7 de abril. Reúne grabados, pinturas y dibujos realizados entre los 70 y los 90. Obras marcadas por el exilio en Italia, la violencia política latinoamericana, la figura femenina, la memoria y la experiencia histórica.

En el segundo piso del Museo Nacional de Bellas Artes, la apertura de "Lily Salvo. En el umbral del misterio", prevista para el martes 7 de abril a las 19, pone en circulación, por primera vez en el país, la producción de la artista.
Se trata de una creadora cuya labor se desarrolló entre el Río de la Plata y Europa y que, de distintas maneras, refleja las tensiones de la segunda mitad del siglo XX.

La exhibición reúne más de 40 obras, entre grabados, pinturas, dibujos y bocetos, realizadas entre las décadas de 1970 y 1990, muchas de ellas inéditas. Ese recorte temporal coincide con los años en que el exilio, la violencia política y la reconfiguración de la vida en Europa marcaron de manera decisiva su producción.
Lily Juana Salvo Zorich nació en La Plata en 1928 y se formó en Montevideo, en la Escuela Nacional de Bellas Artes y en el Taller Torres García. El Uruguay de los años 50, igual que Buenos Aires, era en un escenario cultural muy activo: revistas, cineclubes, editoriales y espacios de discusión.

En ese contexto, Salvo participó del semanario Marcha y del Cine Club-Cinemateca, donde se cruzaban las películas, los libros y el pensamiento político. Esa etapa dejó marcas en su obra: una tensión entre construcción formal y necesidad expresiva, entre lo que dejó el constructivismo y la deriva hacia la figuración.
En 1972 se trasladó a Europa y se instaló entre Florencia y Roma. El movimiento se produjo en la antesala de la dictadura uruguaya (1973-1985), que alteró la vida cultural del país, con censura, persecución y exilio de artistas e intelectuales.

"Desconocida para muchos, olvidada debido a su exilio en Italia cuando la dictadura uruguaya, Lily Salvo desarrolla una obra muy variada, pero que, de alguna manera, refiere siempre a su particular personalidad", explica Mario Sagradini.
"Las mujeres, protagonistas de su obra pictórica, aparecen una y otra vez en diferentes situaciones: algunas muy realistas, otras por el contrario casi irreales, referenciales a un mundo surrealista u onírico, y a una intención de denuncia de las complejidades propias de la mujer en nuestra sociedad", añade.

La figura femenina es un eje persistente, en escenas que van y vienen entre lo cotidiano y lo perturbador. En ese registro, la pintura es un espacio donde la experiencia individual dialoga con el contexto histórico.
Arnaldo Romani Brizzi observa que "se enlaza con el inevitable curso de la memoria y se convierte en drama, pero un drama vinculado con la comedia de la vida, en la que se mezclan elementos sentimentales, cómicos o dramáticos, independientemente de la voluntad de los protagonistas".
Alessandro Riva ubica su obra en una tradición más amplia. "La pintura de Lily parece provenir de otros tiempos y otros lugares, pues trae con ella ecos de Balthus, reminiscencias de Munch y de los expresionistas; pero ha sido asimismo marcada por la larga experiencia al lado de Joaquín Torres García".
Esa doble pertenencia, a la tradición europea y a la formación rioplatense, se traduce en una obra que evita alinearse con un programa estético único.

El recorrido de su obra permite identificar movimientos ligados tanto a decisiones estéticas como a contextos históricos. La escritora Martha Canfield reconstruye ese proceso.
"Después de desahogar su pasión surrealista, su necesidad expresiva y ética de configurar asimismo la parte más infame del ser humano y por tanto los horrores de la dictadura, su lenguaje expresivo tenía que desembocar en nuevas formas".

Durante los años de mayor violencia política en América Latina, su obra incorporó escenas de fuerte carga dramática. Más adelante, ya instalada en Italia, se advierte un cambio. "La nueva perspectiva le daba una visión serena y confortante del mundo creado. Así, su arte se fue volviendo cada vez más realista".
La exposición, con curaduría de María Florencia Galesio, organiza el recorrido en tres núcleos: retratos y autorretratos, el cuerpo y la denuncia política. Galesio sostiene que "la obra de Salvo se despliega en un territorio donde lo simbólico, lo onírico y lo inquietante conviven con una profunda reflexión sobre la condición humana".

El foco está puesto en su producción gráfica, desarrollada en Italia, donde trabajó técnicas como el aguafuerte y la aguatinta junto a Luis Camnitzer y Liliana Porter. En esas piezas aparecen cuerpos fragmentados, cabezas encerradas y escenas atravesadas por la experiencia del desarraigo.
Su actividad incluyó también el trabajo en teatro y ópera. Colaboró con el coreógrafo Micha van Hoecke y realizó vestuario y escenografía para producciones como "Lucía!", de Sergio Rendine, estrenada en 1987 en Nápoles.

La muestra, que podrá visitarse hasta el 10 de mayo, se realiza con el apoyo de la Embajada de Italia en Argentina y el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay. "Con esta muestra, el Museo Nacional de Bellas Artes redescubre la producción de una artista cuya obra explora las tensiones del mundo contemporáneo", explicó Galesio.
El recorrido permite situar la obra de Lily Salvo en relación con los procesos históricos que atravesaron el Río de la Plata y Europa en la segunda mitad del siglo XX. Su producción queda así inscripta en una trama más amplia, donde arte, política y experiencia personal se entrelazan sin resolverse del todo.