En agosto de 1887, la Comisión Directiva de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes de Buenos Aires se reunió para tomar una decisión. El problema era que tenían una tela de casi dos metros de alto enviada desde París por Eduardo Sívori: El despertar de la criada.
La obra de Eduardo Sívori que escandalizó a la elite porteña y fue tildada de "pornográfica"
Cuando el pintor, que murió un día como hoy de 1918, presentó su desnudo en 1887, generó resistencias en una sociedad atravesada por profundos prejuicios. Los detalles de un cuadro que todavía genera reinterpretaciones.

¿Por qué representaba un inconveniente? Porque era un desnudo naturalista de una empleada doméstica que había sido aceptado en el Salón de París de 1887, pero que ya había despertado reparos por su tema.
En Buenos Aires, antes incluso de que la mayoría del público pudiera verlo, comenzaba a ser señalado como "indecente" y "pornográfico".
La decisión de la Comisión fue mostrarlo. Y abrir un álbum para que firmasen quienes quisieran expresar su apoyo al artista. Más de 250 firmas quedaron registradas en ese documento que Sívori conservó junto a recortes de prensa y fotografías de sus cuadros parisinos.

Para dar una dimensión de cómo se recibió en la capital argentina esta obra, pensada como una propuesta deliberadamente moderna y desafiante, basta reproducir algunos párrafos de la columna que publicó El Censor el 12 de septiembre de 1887.
"No cabe duda que el cuadro que de París ha remitido nuestro compatriota, el joven pintor Eduardo Sívori, decíamos entonces, está bien pintado; pero no cabe duda tampoco que no estuvo nada feliz al elegir el tema de esa tela, el levantar de la sirvienta", dijo el periódico.
"¿A quién se le ocurre pintar semejante majadería, sobre todo cuando la sirvienta es tan fea, tan desgreñada y tan sucia como la que él ha elegido de modelo?", añadió.
Sívori y el naturalismo parisino
Sívori nació en Buenos Aires el 13 de octubre de 1847, en una familia de comerciantes genoveses. En 1876, a su regreso de un primer viaje a Europa, impulsó la creación de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, institución que fue el antecedente directo de la Academia Nacional de Bellas Artes.

En 1883 regresó a París. Estudió en la Académie Colarossi y trabajó bajo la dirección de Jean-Paul Laurens, entre otros maestros. Adoptó el naturalismo como una opción estética deliberada y no por desconocimiento del impresionismo.
Las curadoras Laura Malosetti Costa y Carolina Vanegas Carrasco, en el catálogo de la retrospectiva del Museo Nacional de Bellas Artes de 2023, precisaron que su elección "no supuso una 'ceguera' frente al impresionismo".
Durante su estadía parisina, el Salón le aceptó obras. En ese período desarrolló un interés por las mujeres trabajadoras de clase baja en la ciudad moderna: empleadas domésticas, criadas, cantantes de cabaret y otras figuras vinculadas a los márgenes sociales de la gran capital. De ese universo surgió "El despertar de la criada".
La obra
El cuadro mide 198 centímetros de alto por 131 de ancho. Representa a una joven empleada doméstica sentada en el borde de una cama sin tender, con una media en las manos, en el momento de calzársela.
La identificación de clase es explícita: el mobiliario es escaso, hay ropa amontonada sobre un banco y el título mismo indica el oficio de la figura. La piel de la muchacha es más oscura en las zonas expuestas al sol, manos, rostro y piernas.
Ese detalle resultó fundamental para la recepción posterior de la obra. Las investigaciones recientes han señalado que el verdadero escándalo no residió únicamente en el desnudo, sino en que el cuerpo desnudo perteneciera a una trabajadora doméstica.
En la pintura naturalista del período las mujeres pobres podían ser representadas, pero habitualmente aparecían vestidas. Como señalan las curadoras de la muestra de 2023, "un cuerpo así no se representaba desnudo".
El pubis, invisible detrás de la pierna cruzada, ocupa el centro geométrico de la composición. Un foco de luz desde la izquierda ilumina la figura sobre un fondo neutro. El claroscuro organiza la imagen sin ningún ornamento adicional.

Los estudios técnicos de 2023
Con motivo de la retrospectiva organizada por el Museo Nacional de Bellas Artes en 2023, se presentaron los primeros estudios técnicos sistemáticos realizados sobre la obra, que incluyeron radiografías, reflectografía infrarroja y análisis mediante fluorescencia de rayos X.
Los resultados permitieron profundizar el conocimiento sobre la técnica pictórica de Sívori y dialogaron con un documento conservado por el artista, el álbum donde reunió fotografías y recortes vinculados a la obra.
Una fotografía anterior a la versión definitiva muestra que donde hoy aparece el candelabro con la vela apagada existían originalmente una palangana, una jarra y diversos objetos de tocador ubicados sobre una repisa del fondo. Esos elementos fueron luego eliminados o relegados a la penumbra.
La misma fotografía revela diferencias en la fisonomía de la criada. El rostro y el peinado aparecen menos oscurecidos que en la versión final.
Recepción en París y en Buenos Aires
El cuadro fue aceptado en el Salon des Artistes Français de 1887. La crítica francesa lo interpretó dentro del clima naturalista asociado a la literatura de Émile Zola y algunos comentaristas consideraron excesiva la representación de un cuerpo que describieron como "feo", "sucio" o "desagradable".
Sívori tradujo esas críticas y las envió a Buenos Aires junto con el cuadro. La Sociedad Estímulo las difundió antes de que la tela llegara, anticipando el carácter polémico de la obra.
En Buenos Aires, donde las exhibiciones de desnudos artísticos habían sido escasas y frecuentemente discutidas, la pintura fue calificada de "indecente" y "pornográfica" por sectores de la prensa.
La Comisión Directiva de la Sociedad Estímulo decidió exhibirla de todos modos. Las más de 250 firmas recogidas en el álbum de apoyo constituyen uno de los primeros registros documentados de una movilización colectiva del campo artístico e intelectual argentino en defensa de una obra de arte.

Clase, género y representación
El cuerpo de las mujeres fue, tanto dentro de la producción de Sívori como en el período referido, un espacio simbólico a partir del cual se desarrollaron distintos debates relacionados con la modernización de las artes visuales. En eso coinciden varios especialistas consultados para esta nota.
La singularidad de "El despertar de la criada" reside allí. El desnudo femenino era un género conocido por la tradición artística occidental, pero Sívori movió esa convención hacia un lugar incómodo para la sensibilidad burguesa de finales del siglo XIX.
El punto es que la protagonista no era una diosa, una alegoría ni una cortesana idealizada, que tal vez no hubieran escandalizado a nadie. Era una trabajadora.
Las investigaciones más recientes coinciden en que eso alteró las jerarquías habituales de representación. El cuerpo de una mujer pobre, con pies castigados, formas robustas y marcas visibles de su condición social, era el centro de una pintura concebida para los grandes circuitos de exhibición.
La vigencia de esa iniciativa puede medirse en su circulación posterior. En una fecha tan reciente como 2019, la artista Fátima Pecci Carou pintó "El despertar de la empleada", retomando directamente la iconografía de Sívori.








