"La belleza salvará al mundo". Fiódor Dostoievski.

Se cumplen 110 años de su muerte. El artista ruso fue una figura reconocida en su país, incluso por Nicolás II, pero su obra permanece poco difundida fuera de Rusia.

"La belleza salvará al mundo". Fiódor Dostoievski.
El 19 de marzo de 1916, hace 110 años, murió Vasili Súrikov. Aunque es posible que para la mayor parte de los lectores ese nombre no diga nada, más aún si se lo compara con algunos contemporáneos suyos como Vincent Van Gogh, fue uno de los artistas más importantes de la pintura rusa.
Justamente, Vasili sigue planteando cierta paradoja: fue celebrado en su tiempo, admirado incluso por el poder imperial, pero permanece relativamente relegado en el relato global del arte, dominado por la tradición de Europa Occidental.

Como apostilla, cabe señalar que en la breve investigación para estas líneas, quedó claro que muchas de sus obras se conservan en la Galería Estatal Tretiakov de Moscú y no aparecen tanto en otros centros europeos.
Esa tensión entre reconocimiento local y relativa invisibilidad internacional da cuenta de los mecanismos que, históricamente, definieron qué artistas (y de qué procedencias) entraban en el canon y cuáles quedaban al margen.
Es difícil encontrar paralelismos cercanos a ese relegamiento. Pero quizás podría verse algún reflejo en Raquel Forner, cuya obra fue leída como difícil de encasillar, lo que la dejó parcialmente relegada frente a movimientos más homogéneos.

O Juan Del Prete, quien introdujo la abstracción en Argentina antes de que fuera plenamente aceptada. Así su obra, radical para su tiempo, chocó con un medio artístico todavía aferrado a la figuración.
Súrikov nació en 1848 en Krasnoyarsk, en plena Siberia. Muy lejos de los centros culturales tradicionales, su formación y su mirada se desarrollaron en contacto con una Rusia profunda, llena de conflictos y tradiciones. Cuentan las biografías de muy pequeño ya cazaba y tenía un contacto fluido con el entorno natural.
Cuando llegó a San Petersburgo para estudiar en la Academia Imperial de las Artes, encontró un modelo académico rígido. Pero su pintura pronto empezó a desviarse de esa matriz: en lugar de escenas idealizadas, eligió representar momentos críticos de la historia rusa con una intensidad casi teatral.

Para Álvaro García Moreno "las que le granjearon la fama y la admiración de sus contemporáneos fueron sus pinturas de historia, en las que representaba escenas del pasado ruso".
"Tal era el fervor que causaba que el propio zar Nicolás II adquirió alguna de sus obras. Compaginó este tipo de obras, siempre frenéticas y plagadas de acción, con otras más tranquilas, principalmente paisajes", agregó.
La relativa ausencia de Súrikov en los relatos más difundidos de la historia del arte responde a una lógica más amplia. Durante siglos, el canon se organizó en torno a centros culturales como París, Roma o Madrid.

En ese contexto, la pintura rusa, en particular la de Súrikov, fue leída muchas veces como una expresión local, cuando en realidad está “nutrida” de problemas universales como el poder, la violencia, la fe y la identidad colectiva.
Según Trianarts, "su obra está llena de escenas de su pueblo, con sentimientos y penas, eufóricos o melancólicos, pero en todas quiso transmitir el espíritu de tiempos lejanos, con personajes expresivos que nos hacen vivir el momento que representan con un increíble realismo, todo es grande, apasionado, como el alma de un cosaco".
Entre sus obras más emblemáticas se encuentra "La mañana de la ejecución de los streltsí" (1881), una de las imágenes más poderosas del arte ruso.

La escena remite a la represión ordenada por Pedro el Grande contra los streltsí, un cuerpo militar que se había sublevado. Pero más allá del hecho histórico, lo que interesa a Súrikov es el clima, el momento previo a la ejecución.
Los rostros expresan miedo, resignación, rabia; los cuerpos se agrupan en una composición inestable. No hay centro único, la mirada del espectador se tiene que mover constantemente y siempre queda atrapada por detalles.
Súrikov se cuida de no glorificar el acontecimiento. Lo que aparece, más bien, es la dimensión humana del poder: sus consecuencias, su violencia, su peso en vidas concretas.

A diferencia de muchos artistas formados en entornos acomodados, Súrikov atravesó años de dificultades económicas y una vida marcada por la inestabilidad.
Según Juan Batalla, "mantuvo, a lo largo de su carrera, una postura desafiante hacia la Academia Imperial de las Artes, quizá porque no tuvo durante sus primeros años una vida acomodada, más bien -incluso cuando consiguió un mecenas- fue casi un harapiento, un verdadero vagabundo que se mudaba según los valores de la oferta inmobiliaria".
A más de un siglo de su muerte, Vasili Súrikov aparece como un llamado a revisar los criterios con los cuales se construye la historia del arte. Su obra, arraigada en la historia rusa pero abierta a problemáticas universales, desafía con fuerza las jerarquías tradicionales del canon.

Es que Vasili, al igual que León Tolstoi, entendió que "toda la variedad, todo el encanto, toda la belleza de la vida está hecha de luces y sombras". Qué él supo reflejar en la pintura como su contemporáneo en grandes novelas.