El 16 de junio de 1974, el espacio cultural El Galpón, ubicado en San Martín 1538 de la ciudad de Santa Fe, abrió una exposición de dibujos y grabados de Roberto Páez.
La muestra que trajo los mundos de Roberto Páez a Santa Fe en junio de 1974
La exposición, inaugurada en El Galpón, reunió obras de un creador que ilustró clásicos de la literatura y generó una poética sostenida en la energía del trazo y la libertad de la imaginación. Una crítica de Jorge Taverna Irigoyen en El Litoral permite reconstruir detalles de aquel acontecimiento.

La muestra había sido expuesta previamente en la galería Carmen Waugh de Buenos Aires y llegaba al interior con una selección que el crítico Jorge Taverna Irigoyen consideró, en estas mismas páginas, como una de las más representativas del diseño gráfico argentino de la época.
El grabado y la ilustración literaria
Páez nació en Buenos Aires el 9 de junio de 1930 y falleció en la misma ciudad en 2006. Egresó como profesor de grabado de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y completó su formación en la Escuela Nacional Manuel Belgrano y en la Escuela Superior Ernesto de la Cárcova.

Fue docente y director de las escuelas de Bellas Artes de Catamarca, de la Industrial de Artes Gráficas y de la municipal Carlos Morel de Quilmes. Su obra abarcó el afiche, el grabado, la ilustración de tapas y la imagen de libros. Trabajó sobre textos de Homero, Cervantes, Hernández, Marco Polo, Shakespeare y Borges, entre otros.
Desplegar la fantasía
En su columna del 23 de junio de 1974, el crítico santafesino Jorge Taverna Irigoyen dijo sobre Páez: "humor, denuncia, goce ornamental, fantasía, son desplegados en su dibujo con sorprendente fluidez".
"Cada trazo que anima el plano, cada mancha que lo hace vibrar o directamente lo quiebra, están dispuestos sin sensualidad ni efectismos", agregó.

Para Taverna, Páez "no quiere halagar al ojo, sino primordialmente conmoverlo en lo sensitivo. Así, sus cartones de propaganda (ya sea para difundir la eficiencia de una píldora anticonceptiva, como para rememorar el misterio trascendente del Quijote) lo muestran en similar trance de despojamiento, tras una misma armonía visual".
"Juega los trazos con real vigor compositivo; instrumenta las formas dándoles siempre el necesario contenido; y por si esto fuera poco, deja siempre ‘algo más’ para que la subjetividad del contemplador lo descubra y complete en el trance admirativo", afirmó después.
"Todos sus grabados sin título (¿es necesario rotular siempre a la imagen?), lo muestran dentro de este admirable sentido. De 1963 en adelante, su talento gráfico sabe disponer en la necesaria cantidad y en el momento oportuno, del condimento del ingenio", subrayó.

"A veces con el aporte del color, pero las más con el grave contraste del blanco y el negro, despliega su fantasía en innumerables cartones murales y publicaciones de diversa índole", dijo después.
"También el Martín Fierro sabe de su interpretación muy particular, de cuyo aporte se exhibe un vigoroso afiche. 'El torturador', un gran grabado que a partir de la pared termina su estructuración sobre el suelo, merced a un verdadero 'rompecabezas' de partes preside, no sólo por su tamaño, la muestra de El Galpón", aseveró luego.
Y finalizó: "en la obra, en su audacia de realización, en el entronque de ángulos visuales utilizados, en el poder expresivo de las figuras y en el 'impacto' total del plano, está resumida la concepción de Roberto Páez. Un valor argentino que el público local no debe dejar de ver".

Una poética del fundamento plástico
En declaraciones a la revista Sudestada, Páez afirmó que "una buena idea, por más buena y maravillosa que sea, si no tiene fundamento plástico como elemento principal, no sirve, es anécdota. Ese fundamento es la propia energía".
Esa posición lo mantuvo al margen de los circuitos comerciales del arte. Su última exposición, en 2005, tuvo lugar en la Casa de Oficios de la Papelera Palermo, un espacio que, según quienes lo conocieron, Páez valoraba por situarse fuera de los canales convencionales de exhibición.
Sus premios incluyen la II Bienal de Arte Sacro (1954), el Olivetti del Salón de Dibujantes (1962), el reconocimiento a la Mejor Producción del Año del Fondo Nacional de las Artes (1970), la Bienal de Grabado (1973), el Salón Nacional de Dibujo (1982) y el Gran Premio de Honor de Dibujo del Salón Nacional (1984).

La muestra santafesina
La muestra de El Galpón fue una de las pocas ocasiones en que la obra de Páez circuló de manera sistemática por el interior. Que Santa Fe haya sido el destino de esa selección habla del carácter del espacio anfitrión y de la red de vínculos culturales que la crítica de Taverna Irigoyen contribuyó a sostener durante esos años.
Páez comenzó a exponer de manera individual en 1954, su nombre integra, junto al de Edgardo Giménez, Rogelio Polesello y Julio Paz, el grupo que Taverna identificó como los "pocos pero importantes valores" del diseño gráfico argentino con "real sentido de contemporaneidad".








