De Van Eyck a Picasso: el amor según los grandes maestros
Del Renacimiento a la modernidad, estos trabajos trazan la evolución del amor en la pintura: de promesa simbólica a pasión desbordada. Un recorrido para mirar el día de los enamorados con perspectiva histórica y cultural.
Fragmento de "Cupido y Psique" de David. Foto: Museo de Arte de Cleveland
Cada 14 de febrero, reaparece la pregunta ¿cómo representar el amor? Hay una canción de Pedro Guerra, "Madurar el amor", que expresa tal interrogante. "No tiene rostro, no tiene altura, no puede ser llevado de la mano, no tiene calma, no tiene anchura, no puede ser armado ni comprado", dice el cantautor.
Más allá de las flores, los bombones, los mensajitos románticos, las cenas a la luz de las velas y toda esa imaginería construida en torno al calendario, la historia del arte ofrece una cartografía más compleja del sentimiento.
Desde el siglo XV hasta el siglo XX, grandes maestros como Van Eyck, Picasso y David, dejaron escenas que contienen en su interior promesas, deseos, intimidades y (el amor también los tiene) conflictos.
En este San Valentín, proponemos cinco obras clave que permiten recorrer esa evolución: del matrimonio como contrato simbólico a la pasión como unión absoluta. Cinco pinturas que, vistas hoy, dialogan con las formas del amor en el siglo XXI.
National Gallery de Londres
"El matrimonio Arnolfini" de Jan van Eyck
Fue pintada en 1434 y se conserva en la National Gallery de Londres. Es muy misteriosa. Un hombre y una mujer, ricamente vestidos, ocupan una habitación privada. Todo parece describir un instante doméstico, pero cada elemento está cargado de intención.
La minuciosidad técnica muestra el dominio del óleo de Van Eyck. Como señala Oskar González, eso se ve en "los pliegues de las ropas, los detalles del candelabro, la talla de los muebles. Es una de las obras más estudiadas de la historia y, sin embargo, todavía no está claro su significado".
El espejo del fondo amplía la escena. Miguel Calvo Santos habla de la densidad simbólica. "La imagen de Santa Margarita con su dragón (patrona de embarazadas), el perro (fidelidad), la cama, los protagonistas descalzos insinuando suelo sagrado, la lámpara con sólo una vela, que simboliza la llama del amor, naranjas por ahí tiradas (fertilidad)", indica.
Museo de Arte de Cleveland
"Cupido y Psique" de Jacques-Louis David
Data de 1817 y está ubicado en el Museo de Arte de Cleveland. El mito clásico reaparece con un giro inquietante. Según los especialistas,David aborda la historia de Cupido y Psique desde la tensión entre fantasía y cuerpo.
Según la página del museo que alberga la obra, "David usó la historia de Cupido y Psique para explorar el conflicto entre el amor idealizado y la realidad física". El Cupido de la pintura no es un héroe, sino un joven desgarbado, casi burlón.
La escena capta la sensualidad de la primera noche, pero introduce una ambigüedad que rompe con el romanticismo convencional. El amor es deseo y riesgo.
Bristol Museum & Art Gallery
"El pescador y la sirena" de Frederic Leighton
Esta obra de 1858, se ubica actualmente en el Bristol Museum & Art Gallery. En plena Inglaterra victoriana, Leighton representa el amor como seducción fatal. Inspirado en un poema de Goethe, el cuadro muestra a un pescador abrazado por una ninfa marina que lo arrastra hacia su destino.
Un crítico contemporáneo habló de la "irresistible seducción" de la sirena y subrayó que el artista había bebido de la tradición renacentista. La composición es sencilla (dos cuerpos entre rocas y mar), pero la tensión dramática es total.
"Los enamorados" de Pierre-Auguste Renoir
La obra, que descansa hoy en la Národní galerie Praha, fue creada por Renoir en 1875, al aire libre. Muestra a una pareja sentada bajo la sombra de un árbol. La pincelada suelta y la ondulación de la luz integran a los personajes con el paisaje.
Národní Galerie Praha
El propio artista afirmaba que un cuadro debía ser algo amable, alegre y hermoso. "Ya hay demasiadas cosas desagradables en la vida como para que nos inventemos más", sostenía.
Mercedes Tamara destaca que "el pintor no se detiene en la descripción de los detalles, sino que esboza las formas con manchas de color", generando una escena donde la atmósfera importa más que el contorno.
El amor, en el impresionismo, se asume como una experiencia compartida en el espacio público, es algo moderno, cotidiano, sin solemnidad. Un cambio respecto al décadas anteriores.
Museo Picasso de París
"El beso" de Pablo Picasso
Resguardada en el presente en el Museo Picasso de París, es uno de los tantos "besos" que creó el malagueño. En el final de su vida, llevó el tema de la pareja a una síntesis extrema. Dos cabezas ocupan todo el espacio y se funden en una línea.
G. G. Pietro escribió que "en este beso los labios de los amantes se sellan, se funden, se coagulan". Y considera que es "uno de los mejores besos jamás dados". Picasso deforma los rostros para acercarlos. "De los dos, solo hace uno, para expresar la íntima fusión que se produce durante el acto del beso". El amor es intensidad pura.
Construcción cultural
Si algo enseñan estas obras es que el amor no fue nunca una categoría fija. Fue contrato social en el Renacimiento, tensión mitológica en el neoclasicismo, peligro romántico en el siglo XIX, escena urbana en el impresionismo y fusión radical en la modernidad de Picasso.