El clima se había tornado insoportable. Adentro y afuera. La clasificación para el Mundial llegó de manera agónica, con una "corajeada" de Passarella en la cancha de River, que Gareca alcanzó a empujar en la puerta del arco para darnos el empate ante Perú y el pasaporte para el Mundial de México. La arremetida de Rodolfo O'Reilly, por entonces secretario de deportes de la Nación, para provocarle un "golpe de estado" a Bilardo no tuvo eco en Julio Grondona, que lo defendió a capa y espada. Esa selección, duramente criticada, casi podría decirse que vapuleada desde todos los sectores, se fue en una soledad absoluta desde Ezeiza. Un triste y lamentable empate en Barranquilla, ante el Junior, hizo que se suspendieran otros amistosos que se habían programado. Hubo una charla muy dura -y famosa- en el hotel Dan de la ciudad colombiana. Y después, varias más en la concentración del América cuando el plantel fue el primero de todas las selecciones en arribar a tierras aztecas. Las discusiones dividían al plantel en dos bandos: los que estaban con Passarella y los que estaban con Maradona. Había que solucionar primero el clima interno que había nacido desde aquella decisión de Bilardo de darle la cinta de capitán a Diego y de advertir que el único que tenía el lugar asegurado, era él.
El álbum de fotos inédito de aquél estallido hace 35 años
Fue un 29 de junio, como hoy, de 1986. Ese plantel, vapuleado y en el que muy pocos creían, terminó deslumbrando a propios y extraños. Aquí la intimidad en fotos del festejo posterior en la concentración del América, antes del glorioso regreso a la Argentina.

"Del enfrentamiento se formó un grupo fuerte y unido. Terminaron generando una mística creciente. Y acordaron 'para la prensa' mostrarse empáticos, optimistas y hasta amigos", escribió Ernesto Cherquis Bialo al hablar de aquélla disputa Maradona-Passarella. De la división, se pasó a una unión indisoluble. Después, a Passarella le pasó lo que le pasó. Iba a ser el líbero titular, de eso no quedaba ninguna duda. Un virus lo dejó afuera de la competencia, no se pudo recuperar en todo el proceso que duró la puesta a punta y el Mundial propiamente dicho. Dicen que Passarella se iba a llorar al medio de la cancha, todas las noches, porque no podía estar. Y de la nada apareció el "Tata" Brown, por entonces sin equipo, convertido en un inesperado protagonista de la historia.
El equipo fue armándose de a poco. El partido con los ingleses fue la bisagra. Ese día, Bilardo cambió el esquema y lo puso al Negro Enrique en el mediocampo. Cucciufo y el Vasco Olarticoechea también se ganaron el lugar. Tres en el fondo (Cucciufo, Brown y Ruggeri), dos marcadores volantes por los costados (Giusti y Olarticoechea), dos volantes de quite y juego en el medio (Enrique y Batista), un todo-terreno con llegada (Burruchaga), un "colaboracionista" dispuesto a atacar y defender (Valdano) y un genio (Maradona), obviamente con la seguridad de Nery Pumpido en el arco. Ese fue el equipo que ante Inglaterra y Bélgica demostró que aquél camino de espinas y obstáculos podía convertirse en uno de rosas a la gloria.
Era 2 a 0 ante los alemanes con el cabezazo del Tata Brown y la corrida de Valdano; se convirtió en 2 a 2 con los goles de Rummenigge y Vöeller a diez minutos del final y, en medio de la incertidumbre, llegó la escapada inolvidable de Burruchaga y su definición estupenda para darnos una alegría mayúscula e inolvidable. Hoy, hace 35 años, el viejo y querido fútbol argentino gritaba ¡campeón! en México.









