Entrenadora de formativas en Almagro de Esperanza, Gimena Brondino analiza su camino desde jugadora hasta coach, reflexiona sobre el rol social del entrenador y pone el foco en el crecimiento del básquet femenino y la formación integral de los jóvenes.
"El verdadero desafío es formar personas antes que jugadoras"
Es la entrenadora de las divisiones formativas en Almagro de Esperanza y dialogó con El Litoral. “En el básquet formativo, lo que menos importa es el resultado”, señala.

El básquet no fue solo un deporte para Gimena Brondino. Fue, y sigue siendo, un espacio de construcción personal. “A los 11 años me invitó una amiga y encontré en el club un lugar donde aprender, equivocarme, hacer amistades y sentirme parte de algo”, recuerda sobre sus inicios, marcados por valores que hoy intenta transmitir desde el banco: compromiso, respeto, trabajo en equipo y constancia.
Su llegada a la dirección técnica no respondió a una decisión repentina, sino a un proceso natural. “Faltaba gente en el club, una amiga me nombró y ahí arrancó todo. Sentí que quería seguir en este mundo, pero desde otro lugar”, cuenta. Ese cambio implicó desafíos importantes: dejar de pensar como jugadora para asumir una mirada más amplia, aprender a comunicar y comprender los tiempos individuales de cada deportista".
Hoy, su enfoque está claramente definido. “En el básquet formativo lo más importante no es el resultado, sino lo que las chicas y chicos se llevan en el camino. Aprender a convivir, a frustrarse, a levantarse y a confiar en el otro”, sostiene. En esa línea, remarca que el desarrollo integral —deportivo, emocional y social— es la base de su filosofía de trabajo.
Brondino vive su tarea en Almagro de Esperanza con un fuerte sentido de pertenencia. “Es algo muy especial. Hay historia, hay gente que acompaña y eso te impulsa a dar siempre un poco más”, afirma. En ese contexto, destaca el crecimiento del básquet formativo en la institución, aunque reconoce que aún hay desafíos por delante para consolidar las bases.

Una de sus particularidades es trabajar tanto en ramas masculinas como femeninas, experiencia que considera enriquecedora. “Cada grupo te enseña algo distinto. Hay muchas similitudes en los procesos, pero también aparecen diferencias, sobre todo en lo emocional y en la confianza, especialmente en el femenino, donde todavía estamos construyendo espacios más sólidos”, explica.
"No se trata solo de enseñar, hay que saber acompañar"
En ese sentido, pone el acento en el rol del entrenador como formador integral. “Muchas veces somos referentes cercanos. No se trata solo de enseñar básquet, sino de acompañar, escuchar y estar atentos a lo que le pasa a cada chico o chica”, señala. También subraya la importancia del vínculo con las familias, basado en el diálogo y la confianza.
Para Brondino, la función del entrenador ha evolucionado notablemente en los últimos años. “Hoy es mucho más integral. Ya no alcanza solo con saber de básquet, también hay que tener herramientas emocionales y sociales”, advierte.
En cuanto al básquet femenino, observa un escenario alentador. “Es muy lindo ver cómo viene creciendo en la región. Hay más espacios, más participación y mayor visibilidad”, dice. Sin embargo, reconoce que persisten obstáculos, como la falta de oportunidades en ciertos niveles y prejuicios aún vigentes. “Para consolidar ese crecimiento, es clave apostar a la formación desde edades tempranas y sostener los procesos a largo plazo”, agrega.

Con la mirada puesta en el futuro, su objetivo es claro: seguir formándose y creciendo sin perder la esencia. “Me imagino dentro del básquet, aprendiendo constantemente y tratando de aportar desde mi lugar”, afirma.
Antes de cerrar, deja un mensaje que resume su visión: “Disfruten. El básquet es mucho más que ganar o perder, es un espacio que, si lo sabés aprovechar, te forma para toda la vida”.










