El Rally Dakar no admite sentencias anticipadas. Ni siquiera cuando restan pocos kilómetros, ni cuando la ventaja supera los tres minutos.

Luciano Benavides todavía busca explicaciones para una consagración que desafía toda lógica. Un error de navegación de Ricky Brabec a apenas tres kilómetros de la meta le abrió la puerta al título del Rally Dakar 2026, que el argentino ganó por solo dos segundos, en el desenlace más ajustado jamás visto en motos.

El Rally Dakar no admite sentencias anticipadas. Ni siquiera cuando restan pocos kilómetros, ni cuando la ventaja supera los tres minutos.
Luciano Benavides lo comprobó de la manera más extrema posible en esta edición 2026, firmando una de las victorias más increíbles de la historia del deporte motor: primer Touareg para el argentino, definido por apenas dos segundos tras casi 8.000 kilómetros de carrera.

“He estado soñando con esto durante nueve años. Este es mi noveno Dakar y nunca dejé de soñar ni de creer”, confesó el piloto de Red Bull KTM Factory Racing apenas se bajó de la moto, todavía incrédulo. “Siempre hay que luchar por los sueños y no rendirse. Yo nunca me rendí”.
Benavides llegó a la última especial sabiendo que necesitaba algo más que una gran actuación. Ricky Brabec controlaba la general con más de tres minutos de margen y todo parecía seguir un libreto previsible. Pero el Dakar no respeta guiones. Y menos aún en 2026.
“Aunque estaba perdiendo tiempo y veía que Ricky empujaba, pensaba: esto no se acaba hasta el último kilómetro”, relató. La frase terminó siendo una verdad brutal. A apenas dos o tres kilómetros de la meta, una nota confusa del roadbook alteró el destino del rally.
“Vi unas luces y al principio pensé que era un piloto turista”, explicó Benavides. “Después entendí que era una nota difícil. Frené un poco, lo vi y supe que no podía volver conmigo porque estaba rodeando el lago. Ahí dije: esta es mi oportunidad”.

No hubo margen para la especulación. Todo o nada. “Fui a full hasta el final. Casi me salto la última curva, fue muy arriesgado… pero lo hice bien”. El cronómetro confirmó lo impensado: dos segundos de ventaja tras dos semanas de rally. El margen más ajustado jamás registrado en motos.

“Ganar el Dakar por dos segundos es increíble. No entiendo todavía lo que acaba de pasar”, admitió. “Confié en la navegación, en las notas, y cuando vi el vivac justo donde él se perdió, lo supe”.
La celebración en meta fue tan caótica como emotiva. Benavides festejó junto a Edgar Canet, ganador de la etapa y compañero de equipo, en una imagen que ya forma parte de la iconografía del Dakar moderno. KTM celebraba. Argentina celebraba. Y el Dakar, una vez más, se explicaba solo.
“Haremos una gran fiesta en Argentina. Es momento de celebrarlo con mi familia, mis amigos, mis patrocinadores… con todos los que me han apoyado durante estos años”, anunció entre risas. “Vamos Argentina”.

Nueve Dakars después, Benavides ya no persigue un sueño: lo alcanzó en el último kilómetro, de la forma más cruel, más bella y más salvaje posible. Porque si algo dejó claro el Dakar 2026 es que aquí nada es imposible… hasta que sucede.