Cuando los nuevos monoplazas de Fórmula 1 salgan a pista por primera vez en los test colectivos de Barcelona, a fines de enero de 2026, todo indica que pocos cumplirán con el peso mínimo establecido por la FIA.

La llegada de la nueva generación de autos en 2026 promete una Fórmula 1 más compacta y eficiente, pero el ambicioso recorte en el peso mínimo fijado por la FIA anticipa una de las principales luchas técnicas del inicio de la temporada: cumplir con el límite sin comprometer el rendimiento.

Cuando los nuevos monoplazas de Fórmula 1 salgan a pista por primera vez en los test colectivos de Barcelona, a fines de enero de 2026, todo indica que pocos cumplirán con el peso mínimo establecido por la FIA.
El reglamento fija el límite en 768 kilos, 32 menos que los 800 kg vigentes en 2025, una reducción agresiva en un contexto de creciente complejidad técnica.
La nueva normativa, que reduce la dependencia del efecto suelo y aumenta de manera significativa el protagonismo del sistema eléctrico, exige un delicado equilibrio.
Si bien los autos serán más cortos y angostos —con una distancia entre ejes reducida a 3.400 mm y una anchura máxima de 1.900 mm—, el aumento del peso de las baterías para lograr una distribución casi equitativa entre el motor térmico y el sistema MGU-K compensa gran parte de ese ahorro.
La FIA impulsa esta reducción como parte de un intento por revertir una tendencia histórica: en las últimas dos décadas, los autos de Fórmula 1 han ganado más de 200 kilos. Sin embargo, desde el momento en que se anunció el nuevo límite, los equipos expresaron sus dudas sobre la viabilidad real de alcanzarlo sin incurrir en elevados costos.
El impacto deportivo es directo. Se estima que cada 10 kilos extra representan alrededor de tres décimas por vuelta, una diferencia que puede resultar determinante en la lucha por la clasificación y las primeras carreras del calendario.

“Creo que la mayoría de los equipos tendrá sobrepeso”, reconoció James Vowles, director de Williams.
“Es un objetivo muy agresivo, pero manejable. Probablemente sea alcanzable algunos meses después del inicio de la temporada”. Desde Mercedes, Andrew Shovlin coincidió en que el peso seguirá siendo “un gran reto”, y remarcó que resulta mucho más eficiente eliminar kilos en la fase de diseño que una vez que el auto ya está construido.
La discusión sobre el peso no se limita al corto plazo. El director de monoplazas de la FIA, Nikolas Tombazis, reconoció que el organismo rector evalúa soluciones más profundas para futuras regulaciones, incluso con vistas a 2030, cuando se analizan alternativas de unidades de potencia más simples y livianas.
“A todos nos gustaría que los autos fueran mucho más ligeros”, afirmó a Motorsports.com Tombazis, al destacar la necesidad de encontrar un equilibrio entre costos, innovación tecnológica, sustentabilidad y espectáculo.

Ese reclamo también es compartido por los pilotos. Fernando Alonso, quien debutó en la F1 en una era donde los autos pesaban menos de 600 kg, fue contundente: “Los autos actuales son demasiado pesados y grandes, y eso se siente especialmente en las curvas lentas”. George Russell, por su parte, valoró la dirección tomada por la FIA, aunque reconoció que el desafío está lejos de resolverse.
Así, mientras la Fórmula 1 se encamina hacia una nueva era técnica, el peso vuelve a colocarse en el centro del debate, como un factor silencioso pero decisivo que puede definir ganadores y perdedores en el arranque de 2026.