La Laguna Setúbal volvió a vestirse de velas este domingo para el cierre de las competencias náuticas de los XIII Juegos Suramericanos Santa Fe 2026. Durante cinco jornadas, el espejo de agua frente a la Costanera Este se transformó en una enorme cancha de regatas, con embarcaciones de distintos países navegando a pocos metros de la costa y con el Puente Colgante como uno de los grandes balcones naturales para observar el paso de los veleros rumbo a la competencia.
La vela cerró sus regatas en la Setúbal con seis medallas para Argentina y una postal inédita para Santa Fe
Lucía Falasca ganó el oro en ILCA 6 y Argentina sumó además una plata y cuatro bronces. Durante cinco jornadas, la Laguna Setúbal se transformó en una cancha de regatas, con el Puente Colgante y la Costanera como escenarios naturales. El Yacht Club Santa Fe, renovado para el acontecimiento, fue la sede de una competencia que dejó infraestructura y también una nueva posibilidad: que la ciudad reciba futuros torneos internacionales de vela.


La escena tuvo además un protagonista local fuera del agua: el Yacht Club Santa Fe, institución anfitriona de la disciplina, que llegó a los Juegos con sus instalaciones renovadas. El club incorporó nuevas marinas y recibió mejoras en accesos, sanitarios y espacios deportivos. También se renovaron las dársenas, se incorporaron servicios básicos y se realizaron trabajos para mejorar la accesibilidad.
En el agua, Argentina cerró su participación con seis medallas sobre las siete categorías disputadas: una de oro, una de plata y cuatro de bronce. La campeona fue Lucía Falasca, en ILCA 6 femenino. La dupla integrada por Luciano Pesci y Florencia Galimberti consiguió la plata en Snipe, mientras que Francisco Guaragna, Joaquín Reutemann, Martín Alsogaray y Chiara Ferretti obtuvieron los cuatro bronces argentinos, respectivamente, en ILCA 7, iQFoil masculino, Sunfish masculino e iQFoil femenino.

El viento predominó durante todas las jornadas del norte rotando hacia el este, con variada intensidad. Para la última jornada se esperaba el arribo de un frente de tormenta del sur, que llegó cuando todo había terminado y se evitó así cualquier inconveniente en el agua.
Un oro con historia
Después de nueve regatas, Falasca se quedó con el primer puesto en ILCA 6 femenino, seguida por la peruana Caterina Romero y la brasileña Valentina Guimaraes.

El triunfo tuvo un significado especial para la argentina. Sus últimos Juegos Odesur habían sido en 2014, cuando obtuvo la medalla de plata y el oro quedó en manos de Cecilia Carranza. Once años después, ambas volvieron a encontrarse en una ceremonia de premiación, esta vez con Falasca en lo más alto del podio y Carranza entregándole la medalla.

“Mis últimos Juegos Odesur los había disputado en 2014 y había tenido la medalla de plata y Cecilia Carranza la de oro. Así que ella hoy me diera la medalla de oro fue muy lindo”, contó Falasca después de la competencia.
La campeona también valoró especialmente haber competido en su ciudad. “Estar en casa compitiendo en una competencia de esta magnitud es increíble”, aseguró.

Durante las jornadas de regatas, familiares, amigos y espectadores siguieron las largadas y el desplazamiento de las embarcaciones desde distintos puntos de la Costanera. La particularidad de la Setúbal fue justamente esa: la competencia no quedó aislada detrás de tribunas o alambrados, sino que se desarrolló sobre un escenario natural integrado al paisaje cotidiano de Santa Fe.
Una cancha que exige leer el agua
La Setúbal ofreció un desafío particular para los regatistas. La organización dispuso el sector de la Costanera Este y las inmediaciones del Club de Niños Manuel Belgrano como parte del esquema náutico, de manera que las pruebas pudieran ser observadas desde tierra.
Pero para quienes estaban arriba de los barcos, la belleza del paisaje convivió con una cancha técnicamente exigente. La combinación de vientos suaves y corriente obligó a los navegantes a tomar decisiones permanentemente, buscando el equilibrio entre encontrar presión de viento y aprovechar el movimiento del agua.

El uruguayo Ricardo “Ricky” Fabini, competidor de la clase Snipe, había advertido durante los primeros días que la cancha era “bastante compleja” por la combinación de “viento muy suave” y “mucha corriente”. Esa condición hizo que la táctica y la lectura del agua tuvieran un peso determinante en cada regata.
La propia naturaleza de la laguna convirtió así a la competencia en un espectáculo cambiante. Una racha, una zona de mayor presión o una corriente favorable podían modificar posiciones en cuestión de minutos. La velocidad de los barcos era solamente una parte del resultado: también había que interpretar qué estaba ocurriendo alrededor.

La elección de la Setúbal como escenario fue, además, una forma de poner en primer plano uno de los rasgos más característicos de Santa Fe: su relación histórica con el río, las islas y los deportes náuticos. El dirigente Alejandro Colla había señalado antes del inicio de los Juegos que el espejo de agua santafesino podía convertirse en un gran escenario para acercar la vela a miles de personas y contribuir a generar una mayor cultura deportiva.
Un Snipe que se definió en la última regata
En Snipe, la definición llegó hasta el final. La dupla brasileña integrada por Rafael Britto Martins y Juliana Martins Duque dominó el campeonato y se quedó con el oro después de ganar todas las regatas (la última no la disputaron, porque había un descarte).

Los argentinos Luciano Pesci y Florencia Galimberti, en cambio, tuvieron un comienzo complicado: terminaron las dos primeras regatas en la última posición. Pero la reacción posterior fue notable y les permitió avanzar en la clasificación hasta quedarse con la medalla de plata. El tercer puesto fue para los peruanos Ismael Muelle y María Gracia Vegas.

La categoría tuvo además una historia particular con la participación del uruguayo Fabini, quien compitió junto a su hija Marina, de 14 años. La presencia de tripulaciones familiares fue otra de las particularidades de una clase en la que dos navegantes comparten permanentemente las decisiones y responsabilidades a bordo.
Guaragna, Reutemann y Alsogaray, otros tres bronces
En ILCA 7 masculino, el peruano Stefano Peschiera se consagró campeón con 11 puntos netos. El brasileño Philipp Grochtmann fue segundo, con 19, y el argentino Francisco Guaragna Rigonat completó el podio con 20 puntos. Guaragna tuvo una actuación regular a lo largo de las nueve regatas: 3°, 3°, 2°, 1°, 2°, 4°, 2°, 3° y 5° fueron sus parciales.

En iQFoil masculino, en tanto, el oro fue para el brasileño Guilherme Plentz, con 10,33 puntos netos, mientras que su compatriota Guilherme Trainini consiguió la plata. Joaquín Reutemann terminó tercero, con 19 puntos, después de sostenerse durante toda la competencia entre los principales puestos.
En Sunfish masculino, el colombiano Simón Gómez ganó el oro con 15 puntos netos, gracias a cuatro victorias parciales. El peruano Jean Paul de Trazegnies fue segundo con 22 puntos y el argentino Martín Alsogaray obtuvo el bronce con 24. Alsogaray había ganado la primera regata y también consiguió varios segundos puestos.

Finalmente, en iQFoil femenino, la brasileña Marina da Silva se quedó con el oro, la peruana María Belén Bazo obtuvo la plata y la argentina Chiara Ferretti completó el podio con el bronce, con 15 puntos netos.
De Irlanda a Santa Fe
Para Falasca, el oro de la Setúbal llegó después de una temporada prácticamente sin pausas. La argentina y su equipo llegaron a Santa Fe directamente desde el Mundial disputado en Irlanda, como parte de un calendario internacional de alta exigencia.
“Nosotros veníamos directamente del Mundial de Irlanda. La preparación la hicimos durante todo el año básicamente porque estamos compitiendo siempre al mejor nivel internacional”, explicó.

El contraste entre ambos escenarios también quedó en su recuerdo. “Venimos de Irlanda, de lluvia, frío. Nos tocó el primer día que hizo frío acá, pero después se puso más calentito”, relató. El resultado final terminó coronando ese recorrido con un oro en casa.
Un club renovado y una oportunidad para la ciudad
La competencia continental también dejó algo más concreto que las medallas. Para recibir a los mejores regatistas de Sudamérica, el Yacht Club Santa Fe fue objeto de una serie de intervenciones destinadas a adecuar sus instalaciones a las exigencias de una competencia internacional.

Las nuevas marinas, la renovación de las dársenas, los servicios básicos y las mejoras de accesibilidad forman parte de un conjunto de obras que, según la Provincia, permanecerán en la institución una vez finalizados los Juegos. El objetivo planteado fue que la inversión no quedara limitada a los días de competencia, sino que sirviera para fortalecer el desarrollo de los deportes náuticos locales.

El Yacht Club Santa Fe no fue el único club náutico alcanzado por las obras. En el Club de Regatas Santa Fe se restauró la rampa principal, se puso en valor la sala de botes y la explanada de transición, se mejoraron los baños del salón social y se recuperó el frente costero. En Náutico Sur se realizaron trabajos sobre la rampa de acceso a la caleta, sanitarios, marinas e infraestructura de apoyo, mientras que otras instituciones náuticas de la ciudad también fueron intervenidas.

El resultado se vio durante los Juegos: la vela pudo desarrollarse con una infraestructura renovada y, al mismo tiempo, la ciudad pudo mostrar un escenario deportivo que forma parte de su paisaje cotidiano.
La Setúbal después de los Juegos
La postal que dejaron las regatas puede terminar siendo uno de los legados menos tangibles, pero más interesantes, de Santa Fe 2026. Durante varios días, la laguna dejó de ser solamente un paisaje de la ciudad para convertirse en una cancha deportiva de escala continental.
La posibilidad de observar las competencias desde la Costanera, con los barcos navegando frente a la ciudad, acercó una disciplina habitualmente asociada a clubes náuticos y ámbitos especializados a un público mucho más amplio.

Y la experiencia ya abrió una discusión sobre lo que puede venir después. Durante los Juegos, Pablo Leiro, presidente de la Confederación Sudamericana de Vela, destacó las condiciones de la laguna y de la infraestructura santafesina y planteó la posibilidad de que la ciudad pueda recibir en el futuro un evento internacional de vela. “Santa Fe está destinada, con todas las obras realizadas y la laguna, a ser una sede importante de deportes de vela a nivel continental”, afirmó.
Los Juegos Suramericanos, entonces, no solamente dejaron seis medallas argentinas en las siete categorías disputadas. También permitieron comprobar, durante cinco días, cómo funciona una cancha de regatas en el corazón de una ciudad que tiene al río como parte de su identidad.

La imagen final fue la de las velas perdiéndose sobre la Setúbal, la Costanera convertida en tribuna y el Puente Colgante como telón de fondo. Una escena deportiva que, más allá de los resultados, dejó abierta la posibilidad de que Santa Fe vuelva a convocar a los grandes nombres de la vela sudamericana.








