Una última vez. Lionel Messi se prepara para despedirse de la Selección Argentina y todavía queda una pelota esperando a su zurda. La Trionda, la misma del Mundial pasado, tendrá ese privilegio. Antes hubo otras, con distintos nombres, colores y dibujos, que lo acompañaron desde los torneos juveniles hasta las finales del mundo. Cambiaba el diseño; el dueño de la jugada seguía siendo el mismo.
Messi y las pelotas de su historia con la Selección Argentina
El rosarino cierra su historia con la Selección Argentina. Un recorrido por los balones que acompañaron sus goles, las frustraciones y los títulos que tanto esperó.

Antes de la despedida, la cuenta marca 207 partidos y 125 goles con la Mayor. Más de dos décadas resumidas en dos números que dejan afuera los amagues, los tiros en los palos y esos pases que parecían destinados a nadie hasta que aparecía un argentino frente al arquero. Para entender lo que hizo Messi también hay que seguir el recorrido de la pelota.
Las pelotas de Messi, historia pura
La historia había comenzado antes de ponerse la camiseta de la Mayor. En el Mundial Sub-20 de 2005, la Pelias terminó seis veces dentro del arco por sus remates. Tres años después llegó el oro olímpico. En Beijing, Messi encontró a Di María y la pelota pasó por encima del arquero nigeriano. Leo puso el pase, Fideo la definición y Argentina otra medalla.
También hubo pelotas que conocieron la frustración. La Jabulani de Sudáfrica 2010 no le concedió un gol. La Brazuca lo acompañó hasta la final de Brasil, donde faltó el último paso. Después llegaron la Cachaña y la Ordem, las definiciones contra Chile y los penales. Durante años, la pelota volvió al centro de la cancha mientras Messi se quedaba mirando una copa que levantaban otros.
En Qatar cambió el final. Con Al Rihla convirtió cuatro goles; con Al Hilm, otros tres. Uno ante Croacia y dos frente a Francia, en una definición que parecía ganada y obligó a empezar de nuevo. La pelota entró, Argentina festejó y Messi por fin pudo abrazar la copa. Después de tantas imágenes con la cabeza baja, llegó la que millones habían esperado.
Ahora tocará verlo salir por última vez con la camiseta argentina. Lo van a extrañar los compañeros que esperaban su pase, los rivales que nunca terminaron de descifrarlo y los hinchas que confiaban en que, si le quedaba una, algo podía pasar. Todo el mundo lo va a extrañar. Las canchas nunca lo olvidarán. Pero quienes más van a sufrir son las pelotas: se quedan sin su mejor cómplice.








