Hay frases que pueden definir muy bien este fenómeno que se viene observando en los estadios de este Mundial. Frases como “en un fútbol a menudo manchado por el negocio y la intolerancia, el intercambio de camisetas entre hinchas emerge como un acto de rebeldía pacífica: la prueba irrefutable de que el amor al juego siempre estará por encima del fanatismo ciego”, o también aquella que dice que “despojarse de los colores propios para abrazar los del rival no es un acto de traición; es el reconocimiento supremo de que el otro es un espejo de nuestra propia pasión”.
El trueque de camisetas, la nueva moda mundialista… Y la de Messi, la buscada
Es uno de los souvenir que los hinchas argentinos se quieren llevar de recuerdo: las camisetas de las otras selecciones. Intercambiarla por la “10” de Messi es una tentación para cualquiera.

Jugaban Suecia con Japón en Dallas. Es cierto que la escapada ameritaba, porque muchos argentinos resolvieron quedarse en estas tierras durante toda la semana para recorrer lugares como el de la muerte de Kennedy o el famoso Stockyards en Fort Worth, que nos devuelve a los tiempos de los cowboys y aquellas películas de vaquero que vimos y disfrutamos desde la infancia.
La realidad es que muchos argentinos fueron al AT&T desafiando la altísima temperatura, solamente para esperar la salida de japoneses, suecos y también algunos de otras nacionalidades que habían colmado las más de 70.000 butacas de un estadio formidable y asombroso, lleno de lujo, pulcritud y excelencia.

El motivo era uno: el intercambio de camisetas. “Me traje 8 de la Argentina, ya cambié 6. Tengo de Argelia, Austria, hoy conseguí las de Japón y Suecia y el sábado seguramente tendré la de Jordania”, contaba el platense que es hincha de River y simpatiza, en su ciudad, por el “Pincha”.
Hay un atractivo muy especial con la camiseta celeste y blanca que pulula por estas tierras: el número 10 y el apellido Messi. Los japoneses no dudaban en sacarse la de su país para cambiarla por la camiseta argentina y poder llevarse a su tierra algo de Messi. Porque tener la celeste y blanca con la 10 y su apellido estampado en la espalda, intercambiada por otro argentino, es como llevarse algo de Messi, aunque no haya sido dado de manera personal.

Son esas cosas que surgen en los mundiales. No se trata solamente de ir al estadio a ver un partido de fútbol. O de viajar para hacerle “el aguante” al equipo. Se trata también de impresionar o de llevarse algún souvenir que quedará para toda la vida. A la hora de impresionar, los argentinos no tenemos equivalencias ni competencias. Los banderazos son un sello propio que no sabemos quién lo inventó, pero que los argentinos lo hacemos como ninguno. Como el fútbol mismo, inventado por los ingleses pero que echó raíces profundas en otros paises, como Argentina y Brasil si hablamos de esta parte del mundo, el banderazo podrá haber sido inventado por otros, pero los argentinos lo materializamos y llevamos a la práctica como nadie.
Y en cuanto a las situaciones originales o extrañas, el intercambio de camisetas parece haberse constituido en la nueva moda. Y ahí también, los argentinos nos hacemos notar.









