Hotel Sheraton, enfrente de las terminales de trenes de Retiro. Carlos Monzón compartiendo la mesa principal con Amílcar Brusa, su entrenador de toda la vida, José “Cacho” Steimberg (su manager en la parte final de la carrera como campeón) y Rodrigo Valdez, su último rival, que fue invitado especialmente y había llegado al país el día anterior.
El día que Monzón dijo “basta”
Casi un mes después de haberlo vencido por segunda vez a Rodrigo Valdez, en su defensa número 14, el mejor boxeador argentino de todos los tiempos anunció, en multitudinaria conferencia de prensa y posterior cena, su retiro definitivo del boxeo. Nació allí la gran leyenda.

Monzón reconoció la dureza de aquel boxeador colombiano que fue su contrincante y con el que volvió a unificar las coronas, luego de que le Consejo Mundial le quitara la de campeón del mundo. El 30 de julio (un mes antes), Monzón había realizado la última de sus defensas. Tenía 35 años recién cumplidos ese lunes 29 de agosto de 1977 y la intención de continuar una carrera como actor, en pleno romance con Susana Giménez, que también estuvo presente en aquella conferencia de prensa y fiesta posterior, en el salón Libertador del Sheraton.
Desde ya que tampoco faltó Tito Lectoure, con quien Amílcar Brusa ya había tenido fuertes desencuentros que se profundizaron con el tiempo. Allí apareció “Cacho” Steimberg, un hombre importante y en el que Monzón confió para lograr que sus bolsas crecieran.

Hay fechas que, sin dudas, marcan un antes y un después en la historia del deporte mundial, y el 29 de agosto de 1977 es, sin dudas, una de ellas. Casi un mes después de haber sobrevivido a la lona de Montecarlo y retener su corona ante Rodrigo Valdez, Carlos Monzón convocó a una conferencia de prensa en el Salón Retiro del Sheraton Hotel de Buenos Aires. El misterio duró pocos segundos. Con la misma frialdad clínica con la que demolió a catorce retadores, el campeón unificado de los pesos medianos anunció su retiro definitivo del boxeo. Dejaba el trono vacío, pero su leyenda intacta.
Voces de una tarde histórica en el Sheraton
El ambiente en el hotel porteño era eléctrico. Periodistas nacionales, corresponsales extranjeros y figuras del ambiente pugilístico se apretujaban para escuchar al hombre que había gobernado las 160 libras durante siete años. Las declaraciones de los protagonistas dejaron en claro que se trataba de una decisión meditada, empujada por el desgaste físico de una campaña feroz.
· Carlos Monzón: "Empecé a fumar mucho, y me costaba dejar el cigarrillo, pero mi propio cuerpo me pedía que deje el boxeo. Ya no quería saber más nada", sentenció el campeón con una honestidad brutal. Monzón admitió que los entrenamientos se habían transformado en un calvario y que prefería irse en la cima antes de que el tiempo lo derrotara: "Me retiro porque ya no tengo ganas de entrenar. Quiero disfrutar de la vida".

· Amílcar Brusa (Su entrenador): El mentor y hacedor del monstruo deportivo respaldó la decisión con la sabiduría de un padre: "Carlos ya dio todo lo que tenía que dar. El esfuerzo que hacía en el gimnasio en este último tiempo era sobrehumano. Mantener el peso mediano a los 35 años era un suplicio. Se va como lo que es: el más grande, arriba de todos".
· Juan Carlos "Tito" Lectoure (Promotor de la noche porteña): El alma máter del Luna Park, visiblemente conmovido, analizó el impacto comercial y deportivo: "Es una pérdida enorme para el boxeo mundial, pero es la decisión más inteligente que ha tomado Carlos en su carrera. Pocos campeones tienen la grandeza de retirarse con la corona puesta y las luces del éxito encendidas".
· José Steinberg (Mánager comercial): "Palito" Steinberg, el hombre que manejaba los jugosos contratos y los hilos comerciales del campeón, ya vislumbraba el futuro mediático de la estrella: "Carlos cierra su etapa en el ring, pero se le abren las puertas del mundo del espectáculo y el cine a nivel internacional. Su marca sigue estando en lo más alto".
El impacto en el planeta: la reacción de la prensa internacional
La noticia rebotó de inmediato en las principales capitales del deporte. En una época sin internet, las agencias de noticias saturaron los cables con el anuncio del Sheraton.
En Francia, el diario L'Équipe abrió su edición catalogándolo como el "Monarca absoluto de los medianos", destacando su inteligencia táctica para bajarse del escenario en el momento justo. En Italia, La Gazzetta dello Sport despidió al "monstruo" que había destronado a su ídolo Nino Benvenuti, rindiéndose ante la "frialdad clínica" de su boxeo.
Por su parte, en Estados Unidos, la mítica revista The Ring y diarios como The New York Times reconocieron con asombro su extraordinario récord de 14 defensas y su racha de más de 80 peleas invicto, ubicándolo de inmediato en el olimpo libra por libra junto a Sugar Ray Robinson. Incluso en Colombia, el diario El Tiempo reflejó un suspiro de alivio deportivo: su compatriota Rodrigo Valdez ya no tendría que cruzarse con su eterno verdugo.
El cierre de un récord inigualable
Carlos Monzón se marchó con un récord profesional legendario de 100 combates: 87 victorias (59 por nocaut), 9 empates, 1 sin decisión y apenas 3 derrotas por puntos en sus comienzos, todas ampliamente vengadas.
Aquel 29 de agosto, en el Sheraton, no solo terminó la carrera de un boxeador impecable y destructivo; comenzó el mito de un hombre que, con sus enormes luces sobre el ring y sus densas sombras fuera de él, cambió para siempre la historia del deporte argentino.










