A mediados del año pasado, en Málaga, Maximiliano Arce irrumpió en el circuito Premier Pádel y desde entonces construye un crecimiento sostenido que lo posiciona entre los 50 mejores del mundo.
Maximiliano Arce: del salto tardío a consolidarse entre la élite
El salteño, actual top 50 del mundo, repasa su camino desde sus inicios en el pádel a los 18 años, el paso por A1 y su crecimiento en Premier. Las decisiones, las dificultades económicas y una convicción: competir sin guardarse nada.

Con una historia marcada por una lesión, un inicio tardío en el profesionalismo y el esfuerzo para sostener su carrera, el salteño de 28 años repasa las decisiones que lo llevaron a la élite y el desafío de competir en el máximo nivel.

Oriundo del norte del país: “efectivamente, salteño, amante de todo lo que tiene que ver con esa tierra, las tradiciones, la música, el folklore. Tengo a mi familia allá”. Recordó con mucho cariño sus visitas a nuestra ciudad: “estuve en diciembre, en Coronda, me encantó. Ya había ido a jugar al tenis años antes a Santa Fe”. Repasó su historia y su forma de entender el deporte.
Búsquedas, dificultades y aprendizajes para decidir
Maximiliano sabía desde siempre que buscaba un destino de deportista: “De muy chico, soñé con serlo. Algunos quieren ser abogados o médicos, yo quería ser deportista”. Elige para sí mismo un estilo de vida compatible con esta decisión: “Soy un apasionado del entrenamiento, del alto rendimiento, de cuidarme”.
Una lesión en el brazo lo alejó por un tiempo de cualquier actividad física: “Tres años sin moverlo prácticamente. Me dolía mucho” y a la edad de 18 años se acercó por primera vez al pádel, con el grupo de amigos de su papá. Un momento anímico que él define como: “medio complicado”.
-¿Qué encontraste en el pádel?
-Empecé a jugar por diversión y me enamoré del deporte. Me dio la posibilidad de decir: vuelvo a tener una vida de deportista. Llegar a primera categoría en mi ciudad, despertó el bichito de la competencia. Y dije: ¿por qué no lo probamos acá? Había inconvenientes. El tema económico, la edad (20 años y tenía cero puntos de ranking) y dónde vivía.

-Las realidades de tu ciudad y la nuestra deben ser similares.
-Sí, exactamente. Yo creo que cuando hay ganas y se tienen las metas claras, a los sacrificios uno se los toma de mejor manera. Obviamente he pasado situaciones incómodas. No malas para nada, pero incómodas. En donde uno tiene que decir: es lo que quiero, agachar la cabeza e ir.
Pero bueno, por suerte, con el apoyo de la familia se fue haciendo un poco más fácil todo. Cuando se dio la oportunidad del salto internacional en A1 Pádel, tener resultados rápidos nos abrió la puerta de este magnífico mundo, el de la élite del pádel.
Los caminos transitados
El actual número 45 del mundo comenzó a transitar el plano internacional en el ya extinto A1 Pádel, un circuito que mientras existió era considerado un segundo escalón en la alta competencia. Allí Maxi fue número 1 durante mucho, ganando gran cantidad de títulos.
A principio del año pasado fue convocado por Franco Stupaczuk, ya que su compañero habitual estaba lesionado, y este drive salteño, de 28 años, impresionó a todos. Reconoce: “Él y su equipo lo hicieron muy fácil, me abrieron las puertas de su academia en Málaga y “Stupa” la de su casa”.
-¿Cómo fue la experiencia A1 Pádel?
-Aprendimos a adaptarnos a la presión, adaptarnos al resultado. Había mucho talento y transitarlo fue una decisión, más económica que deportiva, porque sabíamos de dónde veníamos, que la luchamos muy de abajo, que nuestras familias son trabajadores, en mi caso, docentes, y que tampoco estábamos sobrados.
Vimos la oportunidad de hacer un buen colchón económico para nuestro futuro, nuestra familia y lo aprovechamos al máximo. Obviamente, sabíamos que la élite mundial del pádel se movía por estos lados.
-¿Y qué te encontraste en Premier?
-Creo que hay un escalón al que es muy difícil acceder. Quizás las primeras cuatro parejas son las más difíciles. De ahí para atrás, yo creo que cualquiera de los chicos que estaban en el top diez del otro circuito, puede competir tranquilamente. De hecho, algunos hemos ganado o estamos muy cerca.
Yo creo que cualquier jugador que se expone semana tras semana a competir por un premio económico, por tener la presión de su sponsor, agarra ritmo y le sale a competir a cualquiera. No importa el nombre, no importa el ranking.
Dejar todo en la pista
Algo que caracteriza al salteño en cada una de sus presentaciones es el despliegue físico y la intensidad con la que compite. Se ha transformado en un rival muy incómodo para los adversarios, ya que transmite una energía muy particular y explosiva.

-Muchos destacan que no te guardás nada en la pista: ¿Cómo lo vivís?
-Quedo reventado después del partido. Gane o pierda, quedo destruido. Lo vivo con muchísima intensidad desde el momento en que sé que tengo que jugarlo. Pasa una hora y ya estoy pensando en el próximo partido. La carga anímica es muy grande.
Uno de mis fuertes es el despliegue físico y mental dentro de la cancha. En la previa y durante el juego. No veo el deporte de alto rendimiento sin darlo todo y si se nota de afuera, vamos bien. El resultado puede ser ganar o perder, yo sólo me reprocho no darlo todo.
Estoy viviendo un sueño, entonces me tengo que vaciar por respeto hacia mí y hacia todos los jugadores que hay detrás y que quisieran estar en mi posición.
-¿Cómo procesas lo que se dice de vos? Las comparaciones con Pablo Lima por ejemplo (Jugador brasileño número 1 del mundo durante 3 temporadas: 2015, 2016 y 2017, formando pareja con Fernando Belasteguín)
-Rescato que se hable muy bien de mí, que se diga que voy en buen camino. Pero hay que verlo así, no que ya estoy en la meta. Si uno se pone a ver todo lo que circula en las redes sociales, uno puede tener la cabeza en otro lado.
Que me comparen con esos jugadores es un orgullo, pero ¡No estoy ni para atarle las trenzas! Un flaco que ha sido el número uno del mundo tantos años, ha ganado todo. Por estilo de juego nos pueden comparar, pero tengo claro que el camino es larguísimo para llegar a ser como él.
La selección
A una selección de pádel la conforman ocho jugadores. Este año, en noviembre, se disputará el mundial. Hay jugadores que, de no mediar nada extraño, serán parte indiscutidamente de la delegación.
Arce, quien se desempeña de “drive”, es decir, jugando del lado derecho de la pista, hoy no forma parte de ese grupo selecto y él lo sabe perfectamente. En su posición se desempeñan “Fede” Chingotto (dos del mundo) y Martín Di Nenno (12 FIP), que son fija. Quedarían dos lugares a ocupar en esa posición.
-Hay nombres fijos para el mundial: ¿te ves ocupando alguno de los lugares libres?
-Es un sueño totalmente. Pero si vos te fijás exclusivamente en el ranking, todavía estoy atrás. Estoy atrás de Sanyo y de Tolito (NR: Daniel Gutiérrez y Leonel Aguirre) con quienes compito sanamente. Y para mí Tino es fijo (Libaak) ya que es un chico que nos dio el Mundial, cargándose el equipo en la final, me parece que tiene que estar por obligación, defiende a la Selección de la mejor manera.
El año es largo, todavía queda bastante. Y voy a dar todo para estar ahí. Creo que es la ilusión de todos los jugadores de pádel de Argentina estar con ellos.
La calidez y la humildad de Maxi asombra, un tipo simpático y serio al mismo tiempo. Analítico con su proceso, con los pies en la tierra, las metas claras y un gran conocimiento de sus fortalezas y debilidades. Disfruta de este presente de crecimiento, y quienes siguen al deporte, disfrutan de sus actuaciones.









