Algo que debía convertirse, en la previa, en una noche de festejo, de jolgorio, de alegría garantizada, se había convertido en un acto de compromiso. Por eso, un Scaloni que quizás pensaba en probar jugadores, decidió “ir con lo conocido”. ¿Y qué era lo conocido?, el equipo con gran mayoría de titulares y base de la selección que se coronó en Qatar, con Messi de titular y la obligación de borrar el bodrio del viernes, en esa noche lluviosa, sin brillo y que desató una ola de críticas de propios y extraños.
La despedida a la selección y alguna que otra deuda que saldar
Llenar la cancha, jugar un gran partido y emocionar a la gente como estuvieron acostumbrados en todo este proceso después del Mundial de Qatar, hasta el bodrio del viernes pasado en esta misma Bombonera ante Mauritania.

Gastón es oriundo de Necochea y andaba con su moto celeste y blanca, recorriendo por ahora todo el país y con un objetivo: llegar a Estados Unidos. Mejor dicho, su primera ilusión era que Messi le firmara la moto. Distanciado de su novia (“no aguantó mis viajes”), mostrando su alias para que la gente colabore con su “locura”, emocionado hasta las lágrimas cuando le confesó al enviado de El Litoral: “Hermano, todo lo que tengo, está arriba de la moto. Es todo lo material que tengo en la vida”.

A los pocos metros, una niña misionera (Luján), que llegó acompañada de su madre, en su sillita de ruedas y con la ilusión de tener una firma o una foto de De Paul, de Messi o de Enzo Fernández. Desde el hospital Garraham y sonriente a pesar de su salud precaria, Luján esperaba ansiosa que su sueño se cumpliera.
Distinto era el que le ofrecía a Paredes un trueque: su camiseta por cuatro kilos de milanesa de pollo y, de yapa, un kilo de carne desmechada. Y además, con una moral terrible, porque andaba con una conservadora de telgopor donde seguramente tenía lo que Paredes se podía llevar a cambio de darle su camiseta.
Ya dentro del estadio, alguien que siempre vino muy de visitante a la Bombonera: el gran Pato Fillol. “De Santa Fe, Pato y amigo del Loco Stelhick”, fue la presentación del enviado de El Litoral. “¿El Loco Stelhick?, ¡el del mano a mano en la final con Unión del 79!”, fue la rápida contestación del arquero campeón del mundo en el 78. “¿Te acordás?”, redoblamos la apuesta. “¡Cómo no me voy a acordar de esa jugada!”, dijo uno de los mejores arqueros de la historia, ubicado en ese sitial de honor que comparte con el santafesino Nery Pumpido y el Dibu Martínez, que tal cual es su costumbre fue el primero en ingresar, recibió la ovación inicial de la noche cuando se dirigió hacia el arco que da a Casa Amarilla que desde muy temprano presentó un lleno total.

Llegaron los números musicales que animaron al público, entusiasta y deseoso de ver a Messi en uno de los últimos partidos del “10” en la Argentina, porque uno se imagina que si luego del Mundial decide ponerle punto final a su actuación con la selección nacional, se vendrá el partido despedida en tierra argentina.
A 35 minutos del horario indicado para el inicio del partido, volvió a explotar la Bombonera cuando ingresó Messi y el resto de los jugadores mientras que “Una cerveza” le daba un marco de festividad a una noche en la que había que saldar alguna que otra deuda, luego del flojísimo partido e inesperada actuación de un equipo que en todo momento mostró, desde el 18 de diciembre, su “hambre de gloria”, pero que defeccionó ante Mauritania con una imagen futbolística extraña e impensada.








