Alexander Zverev debutó con triunfo en el ATP 500 de Acapulco: venció al francés Corentin Moutet por 6-2 y 6-4 y avanzó a octavos, pero el resultado quedó en segundo plano por una jugada rarísima que generó debate inmediato en la cancha y en redes.

Alexander Zverev venció a Corentin Moutet 6-2 y 6-4 en el ATP 500 de Acapulco. El partido quedó marcado por un punto insólito: el alemán golpeó la pelota “del otro lado” y fue válido por reglamento.

Alexander Zverev debutó con triunfo en el ATP 500 de Acapulco: venció al francés Corentin Moutet por 6-2 y 6-4 y avanzó a octavos, pero el resultado quedó en segundo plano por una jugada rarísima que generó debate inmediato en la cancha y en redes.
La escena fue tan extra que muchos la gritaron como “ilegal” por instinto. Sin embargo, el juez de silla la convalidó al instante, y la explicación está escrita en las reglas oficiales del tenis.
En un intercambio, la pelota cayó corta, picó y por el efecto regresó hacia la red. Zverev, atento, extendió el brazo por encima de la red y golpeó la bola mientras aún estaba del lado del rival, sin tocar la red ni invadir con el cuerpo la cancha contraria.
La reacción fue automática: sorpresa, murmullo y el francés pidiendo explicaciones. Pero la clave no es “dónde” estaba la pelota, sino “qué había pasado antes”: el pique y el regreso por efecto.
El reglamento ITF contempla este caso puntual: si la pelota, luego de haber picado correctamente, gira o es empujada por el viento y vuelve a cruzar al lado del ejecutante, ese jugador puede alcanzarla por encima de la red para golpearla.
La condición es estricta: no se puede tocar la red, ni el campo del rival, ni interferir antes de que la pelota haya cruzado “por sí misma” de regreso. Si el jugador golpea antes de que vuelva, ahí sí pierde el punto.
Más allá del episodio, Zverev sostuvo su favoritismo: controló con el servicio, mantuvo la iniciativa y cerró en dos sets para meterse en la siguiente ronda en el calor mexicano.
El alemán seguirá su camino en Acapulco con el objetivo de sumar fuerte en una gira que siempre exige piernas y cabeza. Mientras tanto, la jugada ya quedó instalada como una de esas rarezas que el reglamento permite… aunque el ojo humano tarde un segundo en creerlo.