"La energía ya no sea solo una cuestión climática, sino que sea también una cuestión de competitividad económica y seguridad nacional". Así lo expuso Julen Baztarrica al analizar acontecimientos geopolíticos de alto impacto como el conflicto con Irán, las amenazas sobre el estrecho de Ormuz, la guerra en Ucrania y las sanciones al petróleo ruso.
India lidera la demanda energética, ¿Vaca Muerta puede abastecerla?
El sudeste asiático incrementará su necesidad 40% y África podría crecer hasta un 30% más. Estados Unidos y China se estabilizan y Europa retrocede. El gas es el gran protagonista.

Para el socio de McKinsey y líder de la práctica de Energía, bajo este nuevo paradigma, las proyecciones muestran que la demanda global de energía continuará creciendo de manera sostenida hacia el año 2050.

Durante el Coloquio de IDEA en Mar del Plata, el especialista aclaró que este incremento no responderá a un patrón uniforme, sino que exhibirá una marcada asimetría regional articulada en tres grandes bloques.
India liderará la expansión con un incremento de hasta el 70% en su consumo energético, impulsada por su desarrollo industrial, el crecimiento económico y la migración rural-urbana. Por su parte, el Sudeste Asiático incrementará su demanda en torno al 40%, mientras que África podría crecer hasta un 30%.
En cuanto a China y Estados Unidos, el analista expuso que se prevé una estabilización del consumo. En ambas potencias -dijo- convergen dos fuerzas opuestas: el impulso del crecimiento económico por un lado y los avances en eficiencia energética por el otro, los cuales terminan compensándose.
Sobre Europa, apuntó que experimenta un fenómeno opuesto. Debido a la acelerada electrificación, los avances en eficiencia y, principalmente, la deslocalización de su industria electrointensiva, el viejo continente podría reducir hasta un 25% su consumo de energía primaria.
Electrificación e hidrocarburos
Baztarrica apuntó que el escenario energético global hacia mediados de siglo se estructurará sobre dos tendencias interconectadas: una acelerada expansión del consumo eléctrico y la indiscutible persistencia de las fuentes fósiles en la matriz primaria.
De acuerdo con las estimaciones del analista, la cuota eléctrica en el consumo final pasará del 23% actual a un rango de entre 33% y 42% para 2050. En valores absolutos, esto implica escalar de los 27.000 TWh actuales a más de 60.000 TWh. Este crecimiento responderá a cuatro motores clave:

-Electrificación del transporte terrestre: adopción masiva en vehículos ligeros y avance progresivo en transporte pesado.
-Transformación industrial: sustitución de calor de proceso tradicional por tecnologías eléctricas.
-Climatización en países emergentes: Mayor penetración de sistemas de confort térmico urbano.
-Infraestructura digital e inteligencia artificial: demanda masiva y continua de energía para los centros de datos.
El giro en el Mercado del Gas
A pesar del avance eléctrico, la transición energética se perfila más dilatada y compleja de lo previsto. Para 2050, el petróleo, el gas y el carbón aún representarán entre el 40% y el 55% del consumo final global (frente al 65% actual).

Sobre el petróleo, expuso que el consumo actual de 106 millones de barriles diarios alcanzará un pico (peak oil) de aproximadamente 110 millones a principios de la década de 2030, entrando luego en un declive suave y paulatino.
Sectores estratégicos como la aviación, el transporte marítimo y la petroquímica continuarán requiriendo hidrocarburos líquidos durante décadas. A este factor se suma la declinación natural de los campos maduros mundiales -de entre un 3% y un 5% anual-, lo que genera una brecha estructural entre oferta y demanda que exige el desarrollo constante de nuevas cuencas.
Acerca del gas natural, dijo que se prevé un crecimiento desde los 4.000 BCM (miles de millones de metros cúbicos) anuales actuales hasta los 4.500 BCM, sosteniéndose en esos niveles hacia 2050.
“El gas mantiene un rol insustituible por su menor intensidad de emisiones de CO2 en comparación con el petróleo, su capacidad para respaldar la intermitencia de las renovables y su elevada flexibilidad logística mediante almacenamiento y GNL”.

En este punto, Baztarrica enfatizó un cambio drástico ocurrido en el mercado del gas en los últimos 12 meses: mientras que un año atrás se proyectaba una ligera sobreoferta global debido al ingreso de proyectos no convencionales en EE.UU., las disrupciones sufridas en los trenes de licuación de Qatar y la escalada bélica en Oriente Medio tensionaron la oferta.
"Europa y Asia ya no buscan solo optimizar precio, sino que están buscando diversificación geográfica, están buscando flexibilidad contractual y están buscando fiabilidad del suministro".
El gran activo de Vaca Muerta
Es ante esta necesidad de seguridad y flexibilidad donde Argentina adquiere un protagonismo inédito. Según Julen Baztarrica, Vaca Muerta ha dejado de ser una promesa de desarrollo local para erigirse en un activo estratégico global. Esta transformación se sustenta en pilares competitivos:
Argentina alberga las segundas reservas mundiales de gas no convencional (equivalentes a 2 años del consumo global entero) y las cuartas de petróleo no convencional (equivalentes a 1 año de consumo global). Eso con costos sumamente competitivos.
La cuenca presenta un costo de desarrollo (break-even) de aproximadamente US$ 40 por barril, frente a precios internacionales de mercado situados en torno a los US$ 100. A eso añadió la baja intensidad de emisiones: la huella de CO2 por barril extraído en Vaca Muerta es sensiblemente inferior a la de la mayoría de las cuencas competidoras a nivel global.
Al situarse fuera de las zonas tradicionales de conflicto geopolítico (Oriente Medio y Eurasia), Argentina ofrece a Europa y Asia una valiosa diversificación de riesgo en sus portafolios de compra. Baztarrica señaló además el agotamiento progresivo del shale de EE.UU.
Con el yacimiento no alcanza
A pesar del potencial del yacimiento, la industria enfrenta un interrogante crítico de cara a los próximos años: ¿Tiene Argentina la capacidad de escalar la producción con la velocidad y productividad requeridas para capitalizar esta ventana de oportunidad antes de que se reconfigure el mapa energético?
Para lograrlo, la visión analítica de Baztarrica dijo que aprovechar la coyuntura exige duplicar el nivel de actividad actual en la cuenca neuquina, lo que implica movilizar inversiones de desarrollo superiores a los US$ 20.000 millones anuales.
Este salto cualitativo requiere la construcción acelerada de plantas de procesamiento de gas y petróleo, la ampliación de la red de transporte (gasoductos y oleoductos) y el desarrollo masivo de infraestructura vial, eléctrica, ferroviaria y portuaria.
Expuso que existe actualmente una brecha de costos del 35% en perforación y completación en Vaca Muerta al compararse con los estándares óptimos de la cuenca del Permian en Estados Unidos. Esta diferencia no responde a la calidad del recurso geológico, sino a sobrecostos logísticos, de personal y una cadena local de proveedores de bienes y servicios aún reducida y en fase de consolidación.
La colaboración industrial
El escalado productivo demanda un desarrollo social y urbano acorde en la región neuquina, incluyendo oferta habitacional, servicios de salud y capacitación de talento. Además, los cuellos de botella más severos -el abastecimiento masivo de agua, la logística de arenas de fractura, la conectividad por tren y la saturación de rutas- no pueden ser resueltos de forma individual por cada compañía.
Resulta indispensable -expuso- articular respuestas sectoriales e integradas. Iniciativas consorciadas como el proyecto Vemos y el surgimiento del Instituto Vaca Muerta se consolidan como modelos indispensables de sinergia entre competidores para ganar eficiencia a escala de cuenca.
"Escalar Vaca Muerta va a requerir no solo más inversión, sino también una nueva escala de colaboración entre todos los actores de la industria".
Baztarrica situó potencialmente a Vaca Muerta como el principal motor de crecimiento del país hacia el final de esta década, acumulando inversiones hacia 2030 por US$ 100.000 millones, exportaciones anuales por más de US$ 30.000 millones y generación de empleo directo e indirecto de 200.000 puestos de trabajo estables. El impacto en el PBI sería de 5 puntos porcentuales.








