La relación entre Estados Unidos y China ha evolucionado hacia una rivalidad estructural caracterizada por la disputa tecnológica y el exceso de capacidad exportadora asiática, lo cual exige a América Latina actuar con una estrategia informada y pragmática.
Encrucijada estratégica y desafíos de competitividad para la Argentina
El escenario internacional atraviesa una transformación estructural signada por la mutación de la relación entre Estados Unidos y China, la cual pasó de una dinámica de competencia administrada a una rivalidad estructural. Dos analistas internacionales repasaron la escena internacional y el desafío de los actores locales de la economía.


Margaret Myers señaló en el Coloquio de Idea que los países de la región deben equilibrar sus vínculos comerciales sin ignorar las líneas rojas impuestas por Washington en sectores estratégicos como telecomunicaciones e infraestructura.

Por su parte, Nicolás Aguzín destacó que el gigante asiático sobresale por su escala colosal, hipercompetencia y una enorme masa de talento en ingenierías, superando el simple mito de los subsidios estatales.

Para competir eficazmente en este escenario global -expuso- Argentina necesita movilizar su ahorro interno a través de un sólido sistema financiero y potenciar sectores clave como los centros de datos para inteligencia artificial. El éxito, a su criterio, dependerá de combinar la diversificación de alianzas internacionales con la capacidad del sector privado para innovar y adaptarse a las nuevas reglas del mercado mundial.
Desacoplamiento selectivo y "líneas rojas"
Mayers es profesora y Directora Ejecutiva del Institute for America, China, and the Future of Global Affairs, Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins. Asesora Principal en el Diálogo Interamericano, planteó que el conflicto entre Washington y Pekín evolucionó desde fricciones comerciales iniciales hacia una disputa central por la supremacía tecnológica, enfocado en la inteligencia artificial, las reglas del comercio global y la arquitectura financiera internacional.
Esta dinámica explicó- mpulsa una tendencia hacia el desacoplamiento selectivo en sectores estratégicos. Esta disputa se ve amplificada por factores domésticos en ambas potencias: mientras Estados Unidos busca proteger su capacidad competitiva frente a su proceso de desindustrialización, China atraviesa una desaceleración económica y vientos en contra estructurales y demográficos.

Para asegurar su dominancia tecnológica -dijo la especialista- Beijing vuelca aproximadamente un 5% de su PIB en subsidios orientados a sectores emergentes y de ruptura a través de su 15.º Plan Quinquenal, aceptando un crecimiento más lento a cambio de competitividad y generando un exceso de capacidad exportadora dirigida al Sur Global.
Ante esta presión, Myers enfatizó que América Latina debe reaccionar sin ser u espectador pasivo. Diversos países de la región (como México, Brasil, Colombia, Chile y Perú) y bloques internacionales ya aplican herramientas de protección comercial.
Sin embargo, la región debe maniobrar frente a las líneas rojas -no siempre del todo delimitadas- que fija Estados Unidos en áreas críticas como las tecnologías de vigilancia e información (redes de telecomunicaciones y cables submarinos), infraestructura de transporte estratégica (puertos de potencial uso dual civil-militar) e iniciativas espaciales.
Los cinco engranajes del motor chino
Para comprender la fuerza competitiva de China, Aguzín -único ejecutivo no chino en presidir la Bolsa de Hong Kong y la Bolsa de Metales de Londres- desmitificó la idea de que el modelo oriental repose únicamente en el engaño, la baja calidad o en subsidios estatales masivos, recordando que el gasto público total en China representa el 32% del PBI, una proporción inferior a la de Estados Unidos (38%) y Francia (56%).

El dinamismo del mercado chino se sustenta en su escala colosal con una capacidad de generación eléctrica 2,5 veces mayor a la de Estados Unidos y 70 veces superior a la de Argentina, lo que produce masivas economías de escala. Añadió el talento y disciplina laboral (1,5 millones de graduados anuales en disciplinas STEM frente a 8.500 en Argentina y 120.000 en EE.UU.) y una exigente cultura de trabajo.
A ello sumó la hipercompetencia salvaje (Neijuan): una dinámica darwiniana con márgenes mínimos que redujo, por ejemplo, más de 500 marcas de vehículos eléctricos en 2018 a menos de 100 actores sobrevivientes. Eso con velocidad de aprendizaje e iteración: una metodología que prioriza el lanzamiento rápido al mercado, la medición de respuestas y múltiples ajustes en tiempo récord, sobrepasando los estudios de mercado tradicionales.
Por último sumó el motor de ecosistemas industriales concentrados: la alta densidad geográfica de proveedores. El caso testigo es la Giga Factory de Tesla en Shanghái, rodeada por 400 proveedores a menos de 100 km que abastecen el 95% de sus partes, logrando fabricar 950.000 vehículos anuales frente a los 420.000 de su planta equivalente en California.
Los núcleos centrales del desafío argentino
A partir de estos diagnósticos, el capítulo de los analistas geopolíticos del Coloquio abordó los ejes estratégicos clave para que la Argentina construya resiliencia y competitividad:
Pragmatismo geopolítico y diversificación activa: La Argentina no puede permitirse el lujo de desvincularse de ninguno de los dos gigantes; China constituye un socio económico crítico y Estados Unidos mantiene una influencia determinante.
Siguiendo la conducta de países como Australia, Japón y Corea del Sur, el país debe mantener su alineamiento estratégico occidental sin obturar el vínculo comercial con Pekín. Esto exige una diversificación activa de alianzas con EE.UU., Europa y otros actores, junto con una política de Estado específica hacia China orientada a la reducción selectiva de riesgos (selective de-risking).
Para proteger la sostenibilidad industrial, el precio no puede ser el único parámetro en las decisiones de inversión y comercio exterior. Resulta indispensable establecer sistemas de alerta temprana y monitoreo contra prácticas distorsivas.
El ahorro interno como lubricante del desarrollo: Aguzín advierte que, si bien la inversión extranjera aporta la chispa inicial, la sostenibilidad del crecimiento requiere ahorro interno
Frente a los más de 200.000 millones de dólares en efectivo fuera del sistema que mantienen los argentinos (con depósitos bancarios inferiores al 20% del PBI), China acumula 50 billones de dólares en depósitos (250% del PBI).
Nicho de oportunidades y rol del sector privado: Se identifican oportunidades concretas en sectores estratégicos emergentes, como la infraestructura de data centers para Inteligencia Artificial —un mercado que demandará 10 billones de dólares globales y en el que Argentina cuenta con ventajas de ubicación y clima.
En última instancia, la posición del país no se definirá -según los analistas- mediante decretos, sino a través de empresarios dispuestos a competir, reglas claras que generen confianza y el encauzamiento del ahorro local hacia la producción








