La economía argentina ha mostrado a lo largo de su historia varias singularidades que la distinguen de las del resto del mundo, como niveles de inflación incompatibles con cualquier actividad razonable, sobre todo desde 1975; programas de estabilización que expulsaron impiadosamente a la pobreza y a la marginalidad a cientos de miles de personas con el consenso de una parte importante de la sociedad y programas económicos cuyo objetivo era destruir el sector productivo ofreciendo negocios financieros con ganancias extraordinarias.
De los 10 sectores que más crecieron en la gestión Milei, 8 perdieron empleos
Solo Agro y Enseñanza tienen más trabajadores que en diciembre de 2023. Administración Pública e Industria son a los que peor les fue. Desde diciembre de 2023 se perdieron casi 330 mil empleos asalariados registrados.

La última de estas excentricidades es la implementación de un programa económico basado en actividades primarias que genera crecimiento a partir del impulso de actividades vinculadas con la energía, minería y agro pero que no solo no genera empleo sino que destruye el que hay, lo que lo convierte en un caso de estudio para cualquier economista inquieto ya que desde noviembre de 2023 se perdieron 329.667 asalariados registrados mientras el EMAE creció 5,6%.
Un informe elaborado por el Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (Centro RA) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA reveló una marcada disociación entre el nivel de actividad económica y la generación de mano de obra a más de dos años del cambio de régimen económico que implementó el presidente Javier Milei que, hasta ahora, solo tiene para mostrar una discutible estabilización macroeconómica.
El informe parte de la evolución interanual del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que elabora el Indec durante el período 2022-2026 y lo divide en tres etapas:
-Una primera en el año 2023 donde la economía atravesó una fase recesiva marcada por los efectos de la severa sequía y por las restricciones externas derivadas de la escasez de divisas que produjo una contracción promedio del 3,7 %.
-Una segunda entre los años 2024 y 2025 atravesada por la las consecuencias de un programa de ajuste con una corrección inicial de precios relativos que produjo una fuerte contracción de la demanda interna que provocaron una caída de la actividad cercana al 4% durante los primeros meses de 2024. Pasado este efecto, el comportamiento posterior no exhibió un sendero lineal de expansión sino una sucesión de avances y retrocesos.
-La tercera sucedió durante el primer semestre de 2026 donde la actividad perdió impulso y retrocedió, ubicándose el EMAE en junio 1,1% por debajo de diciembre de 2025, mostrando una dinámica de estancamiento y retroceso en el nivel de actividad, en un contexto de marcada heterogeneidad sectorial donde los sectores vinculados al comercio exterior y a la generación de divisas presentan el mejor desempeño relativo, mientras las ramas dependientes de la demanda interna continúan más débiles.
Entre los sectores con mayor crecimiento acumulado el informe de la UBA destaca el agro (+40%), la intermediación financiera (+19%), minas y canteras (+16%) y hoteles y restaurantes (+13%). Por el contrario, la industria manufacturera continúa mostrando dificultades (- 8%), afectada por la debilidad de la demanda interna y cambios en la estructura de costos y el comercio también se encuentra entre los sectores más afectados (-4%), reflejando la debilidad del consumo privado. “Esto hace que el interrogante no sea solamente qué sectores crecen, sino si ese crecimiento tiene magnitud y capacidad de arrastre suficientes para sostener al conjunto de la economía”, dice el informe.
En este contexto, los datos de empleo muestran que esa recomposición de la actividad en algunos sectores no solo no se traduce en más puestos de trabajo sino lo contrario ya que en conjunto, las actividades más dinámicas de la economía que son agro y minería tuvieron un saldo neto negativo de 3.500 puestos de trabajo en los últimos doce meses: según el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), la explotación de minas y canteras perdió 5.200 empleos registrados en el último año, mientras que el agro, con una recuperación acumulada del 40%, sumó apenas 1.700 puestos interanuales y sigue representando solo el 5,2% del empleo privado registrado. Finalmente, la intermediación financiera redujo su dotación 3,7% en el mismo período (-8,600 empleos).
Las ramas que más mano de obra ocupan, industria, comercio, construcción, son las que más empleo están perdiendo en esta gestión. La industria manufacturera, con una caída acumulada del 8% desde el inicio de la gestión, perdió 86.500 puestos de trabajo y concentra casi la mitad de la destrucción total de empleo asalariado registrado, seguido de Transporte y Comunicaciones con 29.400 empleos menos y Comercio con una pérdida de 27.600 trabajos registrados.
“La diferenciación entre sectores comienza a adquirir cierta persistencia, aunque todavía parece prematuro hablar de un nuevo modelo productivo consolidado. Desde el inicio de la gestión se repiten, con distinta intensidad, los mismos sectores entre los de mejor y peor desempeño. Sin embargo, para que esa recomposición pueda considerarse estructural debería sostenerse en el tiempo y reflejarse también en mayores niveles de inversión, productividad, exportaciones y empleo”, dice el informe que identifica como una de las debilidades más importantes que “el crecimiento de las actividades más dinámicas no alcanza a compensar la debilidad de aquellas que concentran una mayor proporción del empleo”
Finalmente, el informe de la UBA admite que “una mayor producción exportable y una mayor generación de divisas pueden contribuir a aliviar la restricción externa, pero ese efecto no implica automáticamente una mejora de la actividad interna y su impacto dependerá de la inversión que generen esos sectores, de su demanda de proveedores nacionales y de la capacidad de trasladar parte de ese dinamismo hacia otras ramas de la economía” y advierte sobre las desigualdades territoriales que genera el modelo económico entre las provincias donde tienen mayor peso la producción agropecuaria, minera o hidrocarburífera como Santa Fe, Córdoba, Neuquén o Río Negro con las que tienen otras composición sectorial como el Gran Buenos Aires donde priman industria, comercio y construcción.








