La estabilidad económica no es un destino instantáneo ni un milagro de corto plazo, sino un trayecto sinuoso que demanda consistencia, rigor fiscal y, sobre todo, tiempo. Esta fue la premisa central planteada por Matías Surt, Socio-Director de Invecq y Profesor de Macroeconomía en la UBA, UCEMA y CIAS, durante su exposición en el 62° Coloquio de IDEA.
El “sinuoso” trayecto de la estabilidad para bajar la pobreza en la Argentina
El economista Matías Surt explicó en el Coloquio de IDEA que hay “costos transitorios” de empleo y actividad, en el camino en el que, bajar la inflación a menos de dos dígitos, puede llevar de 6 a 20 años.


Para entender en qué punto del mapa se ubica la Argentina, la presentación tomó como referencia seis experiencias internacionales de estabilización exitosa: Chile (iniciada en 1975), Israel (1985), México (1987), Polonia (1989-1990), Uruguay (1990-1991) y Brasil (1994), contemplando además aportes de casos como Australia e Irlanda.
El trabajo define que un país logra "graduarse en materia de estabilidad macroeconómica" cuando consigue perforar de manera consistente el piso del 10% de inflación anual. La primera conclusión histórica es categórica: bajar la dinámica inflacionaria a un dígito demandó entre 6 y 20 años a la gran mayoría de las economías analizadas.
Las experiencias externas
Brasil logró llevar la inflación por debajo del 10% en tan solo 3 años (1994), aunque Surt aclaró que se trató de un caso atípico por partir de una hiperinflación -lo que suele acelerar los tiempos iniciales- y haber registrado posteriormente un leve rebote al 15% por inconsistencias acumuladas.

Perú necesitó 6 años y medio; Uruguay requirió 8 años y medio; México e Israel demandaron 13 años; Chile protagonizó el proceso más prolongado, extendiéndose por 20 años y medio.
Al contrastar estos plazos con la realidad nacional, Surt destacó que la inflación argentina pasó de un pico cercano al 290% anual al 33,5% actual.
Si bien reconoció que perforar el tramo presente representa la etapa más compleja, subrayó que si se cumplieran las proyecciones oficiales del Presupuesto de alcanzar una inflación del 10% en 2028 y menor a esa cifra en 2029, la Argentina habría completado el proceso en unos 5,5 o 6 años, posicionándose entre los países más rápidos del historial analizado.
"Ahí es donde entra en juego la paciencia", sintetizó el especialista, remarcando que el ritmo de desaceleración observado es coherente con los parámetros internacionales.
Recesión, empleo e informalidad
La contracara indeseada de los programas de estabilización radica en sus costos iniciales, aunque la evidencia internacional demuestra que estos responden a fenómenos “transitorios y no permanentes".
En el promedio de los seis países estudiados, las economías partían de una tasa de crecimiento per cápita previa de apenas el 0,5% y sufrían una recesión del -1,5% en el primer año o año y medio de implementación. Sin embargo, tras superar esa fase, el PBI per cápita aceleró a un promedio del 2,8% anual durante los 15 años posteriores.

En el plano laboral, los casos globales mostraron un salto inicial del desempleo del 6,5% al 9,1% durante la transición, para luego descender al 7,4% y converger hoy a un promedio del 5,5%.
En el escenario argentino, los costos sobre la economía real exhiben dinámicas particulares según el analista. El PIB sufrió un impacto recesivo inicial hacia el cuarto trimestre de 2023; aunque se inició una recuperación posterior, “la actividad parece estar perdiendo algo de dinamismo”.
Surt enfatizó la fuerte "heterogeneidad sectorial": mientras un grupo de sectores ganadores se ubica un 18% por encima de los niveles de 2023, el bloque de sectores rezagados continúa un 8% por debajo del punto de partida.

Sobre el mercado de trabajo, señaló que el desempleo mostró una suba moderada, pasando del 6,1% a fines de 2023 al 7,4%. No obstante, el verdadero amortiguador del costo de transición fue la precarización del trabajo: la informalidad en el empleo asalariado escaló del 36% al 37%, mientras que la informalidad laboral total trepó del 41% al 43%.
Tensiones monetarias y crediticias
Otro costo relevante según Surt se manifiesta en el terreno financiero, con tasas de interés reales situadas en niveles elevados para la etapa actual, superando el 30% para créditos personales y el 50% para tarjetas de crédito, lo que impacta de lleno sobre la demanda y el consumo.
Para sostener el rumbo, el economista repasó los denominadores comunes observados en el exterior, ubicando a la "disciplina fiscal como condición necesaria e indispensable". Los países estudiados partían de déficits fiscales promedio cercanos a 10 puntos del PBI y corrigieron sus cuentas hasta alcanzar el equilibrio al momento de lanzar sus programas.

En Argentina, el frente fiscal pasó de un déficit primario de 2,7% y total de 4,3% del PBI a un escenario que proyecta cerrar con un superávit primario de 1,3% para 2026 y equilibrio financiero, sustentado en un recorte del gasto público del 30%. Sin embargo, el economista advirtió que resta institucionalizar estas reglas para independizarlas del ciclo político y resolver desequilibrios de fondo.
En ese sentido, hizo hincapié en el sistema previsional, que aún arrastra un déficit cercano a 1,5 puntos del PIB.
Al respecto, llamó a "dejar de discutir lo visible, que es la punta de la pirámide" (en referencia a parches como bonos o fórmulas de movilidad) para enfocar "la base de la pirámide del problema": la edad de retiro, la relación entre activos y pasivos, y la multiplicidad de regímenes especiales.
Las anclas y la pobreza
Asimismo, repasó la necesidad de contar con anclas cambiarias y monetarias creíbles, la importancia de financiar desequilibrios con inversión extranjera directa y no con "capitales golondrina", la recomposición continua de reservas internacionales.
Señaló la urgencia de aprobar reformas en la Carta Orgánica del BCRA para prohibir el financiamiento directo al Tesoro, los controles de precios y las restricciones a la libre movilidad de capitales.
A modo de síntesis, Surt remarcó que la estabilidad no es un fin en sí mismo ni "importa solo a los empresarios para hacer negocios", sino que constituye una "condición necesaria, no suficiente" para el desarrollo social y la equidad.
Los datos internacionales confirman que todos los países que lograron estabilizarse redujeron drásticamente sus niveles de pobreza. Casos como México, Brasil y Perú bajaron de pisos superiores al 80% a la zona del 45%-70%, mientras que Chile protagonizó la transformación más profunda, pasando del 80% a cerca del 20%. Uruguay e Israel convergieron a cifras de entre el 15% y el 20%.
Frente a una historia nacional donde la pobreza saltó del 25% a más del 40% en 2023, la exposición dejó en claro que la Argentina apenas está desandando los primeros pasos: frenar la inflación es el punto de partida indispensable para encarar las reformas estructurales que permitan consolidar un crecimiento duradero.








