En el marco de la 34.ª edición del Congreso Aapresid, la conversación estratégica del sector puso el acento en la sustentabilidad, ya no como un imperativo ético periférico, sino como el núcleo de la rentabilidad futura.
Las buenas prácticas del agro abren las puertas de los mejores negocios
Grandes industrias del mundo piden insumos de producción sustentable. Medir la siembra y sus huellas es decisivo para evidenciar los estándares y ser proveedores en mercados exigentes, como el europeo.

El panel "La sustentabilidad también se paga" señaló que las demandas globales de regeneración ambiental se transformaron en pedidos de la industria a los productores y se han cristalizado en oportunidades económicas tangibles.

La industria está cruzando el Rubicón que separa la era de los "sellos de confianza" de la era de la evidencia de datos. En la próxima década, la capacidad de demostrar métricas dinámicas de captura de carbono y salud del suelo, no solo otorgará un diferencial de precio.
Serán incluso la condición necesaria para no quedar excluido de los mercados más competitivos, en especial en Europa. Quien no mida, simplemente dejará de existir comercialmente.
De la certificación a la evidencia
El diagnóstico del ingeniero agrónomo Tomás Mata es decisivo: el mundo pasó de la era del “créame” al de “muéstreme los datos”. Mata es ingeniero agrónomo y fundador y consultor en GapGreen, una firma especializada en el desarrollo de proyectos de sustentabilidad, certificaciones de procesos agrícolas y créditos/premios por producción sustentable.
Explicó que en el comercio internacional moderno, la transparencia informativa ha superado a las certificaciones tradicionales. Hoy, los atributos de un producto incluyen su proceso productivo de manera inseparable, una realidad traccionada por la SAI Platform (Sustainable Agriculture Initiative).

Mata subrayó que la demanda ya no se agota en el binomio precio-calidad. "El cambio de la demanda ya comenzó hace rato. [...] Hoy ya vemos atributos que tienen que ver con cómo fueron producidos, si realmente cuentan con datos verificables, qué tipo de práctica, si no es solo precio y calidad, pero también es evidencia".
Esta presión no proviene únicamente de consumidores finales, sino de una estructura de incentivos financieros global. Mata advirtió que "las empresas son las que traccionan esto, pero esas empresas también tienen inversores que necesitan garantías o seguridad de dónde están poniendo su dinero".
Ante la proliferación de marcos normativos, su recomendación estratégica es clara: "Tenemos que tratar de tener un protagonismo hablando como protagonistas de las regulaciones y no de espectadores".
Prácticas que son activos
Para que la evidencia de las prácticas agronómicas sea comercializable, se requieren de herramientas que conviertan la práctica agronómica en un activo financiero, un terreno donde Inés Di Nápoli lidera el escalamiento global.

La digitalización ha dejado de ser una herramienta de monitoreo interno para transformarse en el motor de generación de activos soberanos ambientales. La capacidad de validar científicamente lo que sucede bajo el suelo permite que el esfuerzo del productor se traduzca en una moneda de cambio reconocida por el sistema financiero internacional.
Di Nápoli, directora de estrategia global de Puma By Regrow, detalló el alcance de esta visión. Con 7 millones de hectáreas monitoreadas en 7 países, el hito crítico ocurrió en marzo de 2026, cuando Puma se fusionó con Regrow, consolidando una plataforma con presencia en más de 17 países.
Según Di Nápoli, “eso es lo que nos facilita a todos es la posibilidad de escalar desde Argentina con productos originados acá". La tesis central es que "los activos más importantes de los productores son sus datos".
El el desafío -insistió- es la demostración empírica del valor: "Tenemos que aprender que si bien todos sabemos el valor que aporta un sistema de labranza, como es siembra directa, tenemos que poder demostrarlo y una vez que lo demostramos y lo pusimos en valor podemos empezar a generar negocio".
La tecnología permite la comoditización del carbono y otros servicios ambientales. La plataforma transforma la siembra directa de una "buena práctica" a un producto financiero. Esto no solo abre puertas a bonos de carbono, sino que es la llave para que los bancos ofrezcan tasas diferenciales y créditos preferenciales a quienes logren demostrar, con datos auditables, su eficiencia ambiental.
Más allá del carbono
El éxito de la agricultura regenerativa depende de la capacidad de los intermediarios financieros para inyectar liquidez directamente al productor. El belga Jean Del Bo, de Soil Capital, expuso cómo actúan de puente entre las metas de descarbonización de multinacionales como Pepsi, Mars y Nestlé, y la realidad del campo.
"Lo que queremos es que la agricultura pase a agricultura regenerativa", definió Del Bo. Sobre la expansión de indicadores, detalló que “el carbono fue bueno. Súper buen indicador tanto para el agricultor como para la industria, pero no es suficiente.

“Se requiere ver el sistema sostenible completo, es por eso que expandimos esta métrica de carbono a lo que llamamos más allá del carbono en términos de salud del suelo, calidad del agua, biodiversidad...".
Del Bo fue claro sobre multinacionales que se abastecen en América Latina. “Y por eso ahora el desafío es cómo podemos replicar el buen trabajo que estamos haciendo en Europa con estas empresas aquí para que también podamos inyectar dinero en el sistema".
Con 21 millones de euros ya desembolsados en Europa, el modelo de Soil Capital es la prueba de concepto final. La sustentabilidad tiene un precio de mercado y se paga al contado. Argentina está en una posición inmejorable para capturar esta renta, ya que las empresas dispuestas a pagar ya operan en el país y buscan desesperadamente proveedores que certifiquen su huella.
Posicionamiento soberano
Esta oportunidad de posicionamiento soberano es la que impulsa la visión institucional de Aapresid. Para Marcelo Torres, presidente de la Asociación Argentina de Siembra Directa, el activo más valioso de Argentina es su capital social y técnico.
La red de 1.000 productores y 10 millones de hectáreas de influencia funciona como una plataforma de validación científica sin paralelo en el mundo. Este sistema se apoya en las chacras y regionales, unidades de innovación colaborativa y descentralizada que permiten adaptar el modelo de "campo verde y vivo" a cada rincón del país, escalando la recolección de datos más rápido que cualquier otra región.
Torres destacó cómo la tecnología nacional ha sido el ariete para abrir puertas financieras: "El gran mérito que ha tenido Inés es la plataforma la calculadora de carbono; lo que ha hecho es convencer a los exportadores, a los bancos”, de medir lo que hacen los productores para acercarles financiamiento y tasas diferenciales.
El argumento soberano es imbatible: mientras el mundo promedia menos de un 10% de siembra directa, Argentina ostenta un 80%. Torres fue enfático: "Nosotros tenemos para sacar pecho con esto, tenemos para realmente tener como un argumento de posicionamiento de nuestras cadenas".
Si el país logra conectar sus redes de conocimiento con estándares globales de medición, no solo cumplirá normas europeas, sino que podrá dictar los términos de la conversación global sobre eficiencia ambiental.








