La subsecretaria de Comercio Exterior de la Nación, Carolina Cuenca, sugirió a empresarios y productores argentinos aprovechar la “ventana temporal” del diferencial de aranceles que ofrece Estados Unidos a la Argentina, en comparación con Brasil. Advirtió que con las elecciones presidenciales en el vecino país, el clima podría girar rápidamente.
Una “ventana de oportunidad” por el diferencial de aranceles de EE.UU.
Una negociadora del acuerdo comercial de la Casa Rosada con Washington instó a empresarios y productores argentinos a aprovechar el momento. El caso de la semillera argentina líder en Estados Unidos que no vende en el país. La “colaboración” con el maíz, para “competir ferozmente”.

La funcionaria fue parte decisiva del equipo negociador del Arti, Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos firmado el 5 de febrero de 2026 entre la República Argentina y los Estados Unidos. Si bien no está vigente, implicó un tratamiento diferencial a favor de Argentina en el nuevo fundamento jurídico de la administración Trump para su política arancelaria.

Cuenca destacó que la brecha de competitividad para este ciclo es elocuente: en cultivos básicos Argentina goza de una exención total (0%), mientras que Brasil debe enfrentar un arancel del 25%. En derivados (aceites y harinas): Argentina tributa un 10%, frente al 37,5% de Brasil y al rango del 12,5% al 37% que afecta a otros competidores globales.
Dijo que el comercio internacional actual es de una agilidad que "no permite pausas". Argentina tiene hoy una ventaja táctica sobre Brasil y un entendimiento creciente con la principal potencia mundial. El desafío es pasar de ser un "socio confiable" circunstancial a convertirse en un componente permanente y previsible de la oferta global.
El entendimiento bilateral fue analizado por un panel en el marco del 34° Congreso Aapresid. Para los productores de granos -que compiten con sus pares norteamericanos- se trata de una alianza estratégica basada en la transferencia de conocimiento, la seguridad jurídica y la armonización de marcos normativos.

En proceso de enmienda
El acuerdo "Arti" fue presentado por Cuenca como "piso estratégico" que se está adecuando a las nuevas restricciones arancelarias de Washington, tras el revés inicial de la decisión de la gestión Trump en la Corte norteamericana contra los argumentos de su barrera arancelaria.
El documento actualmente se encuentra en proceso de enmienda técnica -debido a que cita normativas que han caído en desuso- y aguarda su ratificación en el Congreso de la Nación, pero su impacto real “ya se siente en el mercado”, en particular con las exportaciones cárnicas.
Previsibilidad jurídica
Más allá de los porcentajes arancelarios, el activo que Argentina intenta recuperar es la previsibilidad jurídica. Para las compañías globales, un tratado internacional es un blindaje contra los cambios de humor de la política doméstica.
La meta es imitar el modelo de Chile, que ha mantenido un "Norte" comercial a través de diversas administraciones, logrando acuerdos que cubren el 90% de su PBI.
Argentina, tras los recientes pactos con la Unión Europea, Singapur y el acuerdo "Arti", ha logrado saltar de niveles marginales a una integración del 30% de su PBI mundial.

Las proyecciones son ambiciosas: se espera que las exportaciones a EE.UU. alcancen los US$ 8.122 millones en 2025, un salto del 48% respecto a 2023.
La deuda genética
El contraste entre el talento humano local y la precariedad del marco de propiedad intelectual en la Argentina es el gran dilema del sector agrícola. Gonzalo Uranga, de Grupo Don Mario, ejemplificó esta tensión.
Su compañía, nacida en Chacabuco, hoy compite y gana en los campos de Estados Unidos gracias a una agresiva estrategia de innovación que incluyó un acuerdo con la firma estadounidense The Trade Company en 2021 y la compra de AgReliant Genetics el pasado año.
Actualmente, GDM lidera 50 proyectos de desarrollo (27 de ellos colaborativos), pero gran parte de ese potencial encuentra un techo de cristal en Argentina: la ausencia de una Ley de Semillas.

Uranga explicó la herramienta de “edición génica” mediante CRISPR/Cas, tecnología descrita como un "procesador de textos para el ADN".
Sus aplicaciones son revolucionarias, como la prevención del vuelco en soja, ajustando la arquitectura de la planta para soportar mayores rendimientos. O perfiles a medida, que mejoran aceites y proteínas para biocombustibles y nutrición animal de alta digestibilidad.
Sin embargo, la falta de adhesión argentina a estándares como UPOV 91 y un sistema de patentes robusto, le cuesta al país US$ 3.000 millones anuales en pérdida de ganancia genética frente a Brasil (BCR, 2024).
Sin reglas claras, el talento de "clase mundial" argentino termina financiando la productividad de competidores extranjeros en lugar de la propia, explicó el directivo de GDM.
El modelo Maisol
Federico Garat (Bayer) introdujo una variable crítica en el panel: la competencia interna por el capital en las multinacionales, que deben decidir dónde invierten entre sus sedes. Explicó que “no eligen países por simpatía, sino por rentabilidad y marcos basados en ciencia”.
En este contexto -detalló- la filial argentina de cualquier firma global compite contra sus pares de Brasil o EE.UU. por un fondo limitado de inversión.
Pero también advirtió que existen mecanismos de colaboración para países que, como Argentina, Brasil y Estados Unidos manejan el 50% de la producción de maíz y el 80% de los saldos exportables.
Como ejemplo puso a Maisol, un modelo de "blindaje estratégico" integrado por Maizar, Abramilho (Brasil), el US Grains Council y la National Corn Growers Association.
Su filosofía es pragmática: colaborar en la creación de normas globales para proteger a la agricultura moderna de ataques ideológicos y barreras para-arancelarias, para luego competir ferozmente en la comercialización de los granos.









