Elegir una carrera universitaria también puede ser una manera de imaginar el futuro. No solo qué profesión ejercer, sino también dónde hacerlo, con quiénes trabajar y hasta qué lugares puede llevar ese título.
Una carrera, muchas fronteras: estudiar en Santa Fe y llegar al mundo
Tres profesionales santafesinos cuentan cómo un estudio universitario puede abrir caminos laborales más allá de las fronteras.

Para algunos, la experiencia internacional significa hacer las valijas y continuar su desarrollo profesional en otro país. Para otros, la distancia dejó de ser un límite: trabajan desde Argentina para empresas radicadas en el exterior. Y también están quienes encontraron, dentro de una multinacional, la posibilidad de participar en proyectos internacionales sin abandonar el país.
Las historias de Federico Zeitler, Fernando y Rosario Soto muestran tres recorridos diferentes, pero con un mismo punto de partida: una carrera universitaria cursada en Santa Fe. Ingeniería Mecánica, Diseño Industrial y Diseño de Comunicación Visual fueron la base de caminos laborales que luego se proyectaron mucho más allá del mercado local.
Federico trabaja actualmente como ingeniero estructurista en una empresa italiana. Fernando, diseñador industrial, trabaja de manera remota para una compañía multinacional con operaciones en Canadá. Rosario es diseñadora de Comunicación Visual y se desempeña como Media Developer en Accenture, donde desarrolla contenidos para proyectos de distintas partes del mundo.
La oportunidad apareció en el último año de carrera
Federico Zeitler siempre había querido tener una experiencia en el exterior durante su carrera universitaria y la oportunidad apareció cuando ya estaba cursando el último año de Ingeniería Mecánica en la UTN Santa Fe.
“Siempre quise hacer una experiencia en el exterior”, cuenta. El problema era el momento: muchas becas implicaban estadías de un año, estudiar previamente el idioma y completar otros trámites que ya no podía realizar por los tiempos de la carrera. Entonces apareció una alternativa diferente: “Finalmente apareció esta oportunidad, que era una estancia corta y se adaptaba a mi situación”.
Había, además, un trabajo previo que terminó siendo importante. Federico ya había pasado por un grupo de investigación de la UTN y había incorporado esa experiencia a su currículum. Cuando surgió una convocatoria urgente, estaba preparado. “Tenía todos los papeles preparados y pude postularme rápidamente. Fui el primero en enviar la documentación y finalmente me seleccionaron”, relató.

La experiencia en Bélgica duró cuatro meses. Allí trabajó en un grupo de tecnología del calor integrado por profesores y estudiantes de doctorado, con una fuerte vinculación con empresas. Su tarea fue desarrollar un software para visualizar en tiempo real los procesos termodinámicos que ocurrían dentro de una bomba de calor. “La idea era que los estudiantes pudieran ver cómo lo que habían aprendido en la teoría se aplicaba en una instalación real”, explicó. El programa incluso fue utilizado después por uno de los profesores para sus clases.
Pero lo que se llevó de Bélgica trascendió lo académico. “Me marcó la vida, no solamente desde lo educativo, sino también desde lo personal y profesional”, aseguró y agregó: “Me enseñó otra forma de hacer las cosas y una filosofía de trabajo diferente”.
Entre esas diferencias, el santafesino recordó especialmente otra relación con los tiempos laborales: “Una de las cosas que más me quedó fue la importancia del equilibrio entre el trabajo y la vida personal”. En su experiencia, se valoraba trabajar de manera eficiente durante el horario establecido y después irse a casa.
Ese viaje también cambió su propio proyecto. “Antes de irme a Bélgica ya tenía el deseo de trabajar afuera, pero esa experiencia lo hizo mucho más concreto”, contó. Incluso quedó abierta la posibilidad de volver para hacer un doctorado, aunque la pandemia impidió que ese plan avanzara. Con el tiempo llegó Italia. Allí trabaja hoy como ingeniero estructurista en una empresa que desarrolla cálculos para equipos industriales y aplicaciones de alta exigencia.
Una computadora como puente con Canadá
El recorrido de Fernando fue diferente. No necesitó mudarse de país para conseguir un trabajo internacional. La oportunidad apareció en una búsqueda laboral: “Yo me encontré una oferta de trabajo en LinkedIn que me llevó a su página y allí me inscribí”, contó. Para ese momento, —explica—, había pocas oportunidades para diseñadores industriales en Argentina y hasta había considerado irse al exterior a buscar trabajo.
Finalmente, el destino fue otro. Hoy trabaja desde Argentina para una compañía multinacional cuya matriz está en Estados Unidos y la oficina de distribución está en Canadá. Es diseñador mecánico semisenior y se ocupa del diseño de planos para tanques de combustible y agua, además del seguimiento de clientes, compras y proyectos.

Para llegar a ese puesto, hubo conocimientos concretos de la carrera que pesaron. “Sobre todo inglés”, respondió cuando le preguntan por las herramientas que fueron claves. Y enseguida suma otra: el manejo de SolidWorks, el programa de diseño que había utilizado durante toda la facultad y que también era requerido por la empresa.
Pero no todo pasa por los conocimientos técnicos. Fernando también destacó el trabajo en equipo, la comunicación y la capacidad de desenvolverse dentro de una estructura grande. Y señaló algo que, desde su experiencia, también aparece como un diferencial: “Observan cosas que son más nuestras —propias de los argentinos— como ser educados, charlatanes, cálidos”. Según cuenta, esa forma de vincularse “la tienen en cuenta y la valoran”.
Para quienes todavía están estudiando, su recomendación es concreta: no limitarse a aquello que ya se domina. “Tratar de en la facultad no cerrarse a hacer la misma cosa solo porque te sale bien, sino tratar de abarcar lo más que puedas”, planteó. La razón es sencilla: “No es lo mismo arrancar con una base, por más pequeña que sea esa base, que arrancar desde cero”.

Del diseño local a una empresa global
Rosario Soto tiene 28 años, es Diseñadora de Comunicación Visual y trabaja como Media Developer en Accenture. Su tarea está vinculada con el desarrollo de contenidos y materiales de comunicación interna: presentaciones corporativas, edición y animación de videos y apoyo visual para distintos proyectos.
Llegó a esta empresa multinacional buscando un cambio. Venía de trabajar en una agencia de comunicación y marketing, principalmente con contenidos para redes sociales, y quería explorar otro tipo de trabajo. “Sentía que quería probar otro tipo de trabajo”, contó. Después de enviar su currículum a distintas empresas, ingresó a Accenture a principios de diciembre de 2025.
Una vez adentro descubrió una dinámica de aprendizaje permanente. “Constantemente estás incorporando herramientas, conocimientos nuevos, haciendo cursos y actualizándote”, describió. También encontró una estructura que le permite pensar en su crecimiento profesional.

Su experiencia también muestra cómo una carrera puede ofrecer salidas que no siempre aparecen claras al momento de elegirla. “Cuando estudiaba no tenía idea de que existía un rol como el que tengo hoy dentro de una empresa”, reconoció. Para ella, eso también tiene que ver con la propia transformación del diseño: “Aparecen nuevas herramientas, nuevos roles y nuevas formas de trabajar”.
En su trabajo actual, Rosario puede pasar de colaborar con una persona que está en una punta del mundo, a hacerlo con alguien que está en la otra. “Me encanta la posibilidad de que hoy por ejemplo puedo estar estar trabajando con alguien de Estados Unidos y mañana con alguien que está en Europa”, contó.
Eso implica, claro, aprender a moverse en otros idiomas y culturas. “Tenés que entender otras culturas y otras formas de trabajo que quizás son diferentes a las que conocemos en Argentina”, explicó. No se trata, de pensar en mejores o peores maneras de trabajar, sino en aprender a convivir con dinámicas distintas.
Cuando piensa en quienes hoy están eligiendo una carrera, también pone el foco en las habilidades que se construyen mientras se estudia. “La primera, y quizás la más obvia, es el inglés”, señaló. Pero enseguida agrega adaptación, aprendizaje constante y conocimientos de inteligencia artificial.
En el caso del diseño, suma una capacidad que no siempre figura en una materia: aprender a recibir críticas. “Tenés que aprender a escuchar críticas sobre tu trabajo sin tomártelas de manera personal”, planteó. Y también reivindica algo tan cotidiano como importante: “El respeto”.

Una carrera no marca una sola ruta
Federico, Fernando y Rosario partieron de carreras diferentes y construyeron recorridos también distintos. Federico encontró en la formación universitaria y en una experiencia de intercambio el impulso para desarrollar su profesión en Italia. Fernando convirtió sus conocimientos como diseñador industrial en una oportunidad de trabajo remoto para una empresa vinculada con Canadá. Rosario, desde el diseño de Comunicación Visual, encontró en una multinacional la posibilidad de trabajar con proyectos y equipos de distintos países.
En sus historias aparecen herramientas comunes: una formación sólida, la posibilidad de seguir aprendiendo y la capacidad de adaptarse a escenarios laborales que cambian. También aparecen otras que hoy pueden resultar decisivas para cruzar fronteras profesionales, como el inglés, el manejo de nuevas tecnologías, la comunicación y el trabajo en equipo.
Para quienes hoy están por elegir una carrera, sus experiencias dejan una idea en común: estudiar en Santa Fe no significa necesariamente pensar en un futuro limitado a esta ciudad. Una carrera puede abrir la puerta a una empresa de otro país, a un proyecto internacional o incluso a una nueva vida en el exterior. El primer destino puede ser distinto para cada profesional; lo importante es que el mapa de posibilidades puede ser mucho más amplio de lo que se imagina al comenzar a estudiar.








