La forma en que los adolescentes estudian está cambiando. El celular, las computadoras y, más recientemente, los chatbots de inteligencia artificial (IA) ya forman parte de sus herramientas para buscar información, resumir textos, investigar temas y elaborar trabajos escolares.
Celular, IA y adolescentes: qué dicen las pruebas PISA sobre cómo cambió la forma de estudiar
Los últimos resultados muestran que la inteligencia artificial ya forma parte de las tareas escolares de muchos adolescentes y que el uso de dispositivos digitales puede ser una herramienta útil, pero también una fuente de distracción. Para padres y docentes, el desafío pasa por enseñar a usar la tecnología sin perder lectura, concentración y pensamiento crítico.

Los resultados más recientes del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) permiten observar cómo se está produciendo esa transformación y qué desafíos plantea para las familias y las escuelas.
Los datos de PISA 2025 muestran que el uso de IA para tareas escolares está extendido en la mayoría de los sistemas educativos participantes. Pero el informe también deja una advertencia importante: usar más tecnología no significa necesariamente aprender más.
El vínculo entre el uso de herramientas digitales, la inteligencia artificial y el rendimiento depende de para qué se utilizan, con qué frecuencia y, especialmente, de si los estudiantes cuentan con herramientas para evaluar críticamente la información que reciben.

El celular puede ayudar a estudiar, pero también distraer
Uno de los cambios más visibles en las aulas es la presencia de dispositivos digitales. Según PISA 2025, los estudiantes de los países de la OCDE informaron que utilizan dispositivos digitales, en promedio, 1,7 horas por día en la escuela para actividades de aprendizaje y 1,1 horas para actividades recreativas.
El informe encontró que un uso moderado de los dispositivos con fines educativos está asociado con mejores resultados en ciencias que tanto la ausencia de uso como el uso muy elevado.
El problema aparece cuando el dispositivo deja de ser una herramienta para aprender y se transforma en una fuente permanente de interrupciones.

Los datos de PISA 2022 ya habían mostrado que alrededor del 30% de los estudiantes de los países de la OCDE decía distraerse con dispositivos digitales en la mayoría o en todas las clases de matemática.
Además, quienes reportaban distracciones frecuentes obtenían, en promedio, 15 puntos menos en matemática que aquellos que casi nunca experimentaban esa situación, incluso después de considerar las características socioeconómicas de estudiantes y escuelas.
El informe también encontró una relación entre el uso frecuente del teléfono inteligente en la escuela y una mayor probabilidad de distracción. Las notificaciones, las redes sociales y la presión por permanecer conectados pueden competir directamente con la atención necesaria para seguir una clase.
Esto no significa que la tecnología sea negativa en sí misma. Por el contrario, PISA señala que el propósito del uso importa. Los estudiantes que utilizan dispositivos para aprender pueden beneficiarse de ellos, mientras que el uso excesivo o recreativo durante la jornada escolar puede tener una relación diferente con los resultados.

La inteligencia artificial ya entró en las tareas escolares
La novedad que incorpora con mayor fuerza PISA 2025 es la inteligencia artificial generativa.
Los adolescentes ya utilizan chatbots de IA para distintas actividades vinculadas con la escuela. Entre los usos relevados aparecen pedir ayuda para aprender, realizar una investigación preliminar sobre un tema nuevo, resumir un texto que tenían que leer y preparar un texto para una tarea escrita.
En promedio entre los países de la OCDE, el uso de IA para ayudar a aprender es el propósito más frecuente. Le siguen la investigación inicial sobre un tema, la redacción de trabajos y el resumen de textos.

Pero el dato más interesante para padres y docentes no es solamente cuántos adolescentes utilizan IA, sino cómo la utilizan.
PISA encontró una relación compleja entre el uso de estas herramientas y el rendimiento en ciencias. En general, los estudiantes que no utilizan chatbots para determinadas tareas tienden a obtener mejores resultados que quienes los utilizan.
Sin embargo, entre quienes recurren a la IA para aprender de manera general, los usuarios moderados presentan resultados ligeramente superiores a quienes la utilizan muy poco o de manera intensiva.
La OCDE aclara que estos resultados no permiten afirmar que la IA cause mejores o peores resultados. Puede haber diferentes características entre los estudiantes que eligen utilizarla y aquellos que no. Pero los datos sí apuntan a una idea central: la utilización moderada y con un objetivo concreto puede ser diferente de un uso intensivo o sin orientación.
El nuevo desafío: enseñar a comprobar lo que dice la IA
Para las familias y las escuelas, uno de los principales desafíos ya no consiste solamente en decidir si los adolescentes pueden o no utilizar inteligencia artificial. También implica enseñarles cómo utilizarla.
PISA 2025 muestra que los estudiantes que utilizan IA con frecuencia para aprender y que, además, tienen oportunidades en la escuela para aprender a evaluar la calidad de la información generada por estas herramientas alcanzan mejores resultados en ciencias que los usuarios que no cuentan con esas oportunidades.
Esto vuelve a colocar en el centro una habilidad que excede a la tecnología: el pensamiento crítico.
La OCDE advierte que las capacidades vinculadas con evaluar información, establecer conexiones entre diferentes fuentes y analizar críticamente lo que se lee son especialmente importantes en un contexto en el que existe una cantidad cada vez mayor de información disponible.
En otras palabras, que un adolescente pueda obtener una respuesta rápidamente no significa que necesariamente pueda determinar si esa respuesta es correcta, suficiente o confiable.
Por eso, el rol del adulto cambia. En lugar de pensar únicamente en prohibir o permitir una herramienta, el desafío consiste en acompañar el proceso: preguntar de dónde salió la información, qué otras fuentes pueden consultarse, si existen datos que contradicen la respuesta y qué parte del trabajo fue realmente comprendida por el estudiante.

Leer rápido no es lo mismo que comprender
Los últimos resultados de PISA también ponen el foco en una transformación relacionada con la lectura.
La OCDE señala una disminución en algunas de las capacidades que considera fundamentales para desenvolverse en la era de la inteligencia artificial: evaluar información, relacionar diferentes fuentes y pensar críticamente sobre aquello que se lee. Además, el informe señala que la proporción de estudiantes considerados "lectores apresurados", aquellos que responden rápidamente pero de manera incorrecta, casi se duplicó entre 2018 y 2025.
El organismo plantea que el descenso de la lectura por placer ya podía observarse antes de la pandemia y señala como una de las posibles explicaciones el desplazamiento hacia formas de lectura digitales caracterizadas por recorrer rápidamente contenidos, como los que aparecen en las redes sociales.
Para padres y docentes, el mensaje es especialmente relevante: no alcanza con que los adolescentes sepan buscar información. También necesitan aprender a detenerse, leer con atención, comparar fuentes y construir una respuesta propia.

Tecnología sí, pero con propósito
Los datos de PISA no plantean una oposición simple entre tecnología y aprendizaje. De hecho, muestran que los recursos digitales pueden ser útiles cuando tienen un propósito educativo concreto y se utilizan de manera moderada.
El problema aparece cuando el dispositivo concentra demasiadas funciones al mismo tiempo: estudiar, conversar, recibir notificaciones, mirar redes sociales, entretenerse y buscar información.
En ese escenario, la escuela y la familia tienen un desafío compartido: ayudar a los adolescentes a desarrollar hábitos que les permitan decidir cuándo una herramienta tecnológica mejora el aprendizaje y cuándo empieza a interferir con él.
La IA tampoco aparece en los resultados de PISA como una solución automática para mejorar el rendimiento. La evidencia apunta, más bien, a la importancia de acompañar su utilización con formación para evaluar la calidad de la información generada.
La OCDE advierte incluso que esas oportunidades de aprendizaje no están distribuidas de manera igual entre los estudiantes, lo que puede generar nuevas diferencias en el acceso a un uso crítico de la inteligencia artificial.
En definitiva, el cambio que atraviesa a los adolescentes no consiste solamente en que ahora estudien con un celular, una computadora o un chatbot. El desafío más profundo es aprender a usar esas herramientas sin delegar en ellas la atención, la lectura, la comprensión y el pensamiento propio. Para padres y docentes, esa puede ser una de las habilidades educativas más importantes de los próximos años.









