El estrés forma parte de la vida cotidiana y, en determinadas circunstancias, cumple una función adaptativa. Sin embargo, cuando la activación se vuelve constante y el organismo pierde la capacidad de regresar al equilibrio, pueden aparecer distintas manifestaciones físicas y psicológicas.
Estrés y ansiedad: cómo distinguir cuándo son naturales y cuándo se vuelven patológicos
La psicóloga Verónica Alonso, creadora de la metodología MRA, explicó cuáles son las señales corporales que pueden indicar un exceso de activación y qué herramientas propone para afrontarlo.

En este marco, la psicóloga Verónica Alonso (MP 4964), creadora de MRA (Modulación Restaurativa de la Ansiedad), explicó en Primera Mañana cómo distinguir el estrés esperable de aquel que puede convertirse en patológico, cuáles son las señales de alerta y en qué consiste la metodología que desarrolló a partir de su experiencia clínica.

Dos respuestas que cumplen una función
Para Alonso, no todo estrés ni toda ansiedad deben considerarse negativos. Ambas respuestas están relacionadas con la capacidad del organismo para adaptarse a diferentes situaciones. “Es constitutivo de la condición humana, no es posible vivir sin estrés ya que forma parte de lo que es la vida misma”, explicó.
La especialista señaló que el problema aparece cuando se superan determinados niveles de activación que pueden considerarse esperables. En ese punto, una respuesta natural puede transformarse en un estado sostenido que afecta el bienestar.
En cuanto a la ansiedad, Alonso remarcó que tampoco debe ser interpretada necesariamente como algo negativo. “Es una forma que la psiquis encontró y la biología encontró para adaptarse a los estresores básicamente del medio ambiente”, sostuvo.
Según su explicación, mientras el estrés está asociado a mecanismos más básicos de respuesta frente a una amenaza, la ansiedad constituye una forma más compleja de adaptación ante la cantidad de estímulos y exigencias del contexto actual. “Hay tantos estímulos, tanto acelere que generamos esta manera de adaptarnos y sobrevivir en este contexto en el que estamos viviendo”, indicó.
Cuándo deja de ser una respuesta natural
Uno de los principales indicadores para detectar un exceso de estrés está relacionado con la imposibilidad de alcanzar un descanso profundo. A partir de allí pueden aparecer diferentes síntomas físicos.
Alonso mencionó entre las señales de alerta el insomnio, los cambios en la alimentación, la inflamación corporal, las cefaleas crónicas y las contracturas. “Como síntomas básicos es la sensación de no poder descansar profundamente. Esto es el primer indicador de que el estrés natural pasó a un estrés patológico”, explicó.

La psicóloga utilizó una comparación para describir lo que sucede cuando el mecanismo de alerta permanece activo durante demasiado tiempo: “Es como tener la luz encendida todo el día. No logro apagar el switch que me permite a mí volver a mi estado de equilibrio y de autorregulación”.
En ese sentido, consideró que el límite está marcado por la respuesta corporal. Cuando comienzan a aparecer síntomas físicos persistentes, recomendó recurrir a un terapeuta o especialista que pueda acompañar el proceso.
El objetivo no es eliminar los estresores
De acuerdo con Alonso, los factores que generan estrés forman parte del entorno y no siempre pueden modificarse. Por eso, el foco debería estar puesto en desarrollar herramientas para responder de una manera diferente.
“Los estresores en el medio ambiente están presentes. No vamos a cambiar el contexto en el que vivimos. Lo que podemos es entrenar nuestra capacidad de adaptarnos mejor y más autorregulados a estos estresores”, afirmó.

La especialista puso como ejemplo las situaciones de crisis económica, que pueden constituir un factor de tensión para el organismo. Frente a escenarios que no dependen exclusivamente de una persona, considera que aprender a afrontarlos puede modificar la manera en que se transita esa experiencia.
Modulación Restaurativa de la Ansiedad
Alonso explicó que MRA surgió a partir de una dificultad que encontró durante sus años de trabajo clínico. Según relató, después de dos décadas como analista observó que algunos pacientes podían avanzar en el tratamiento, pero ante determinadas crisis vitales volvían a recurrir a los mismos mecanismos de respuesta.
Entre las situaciones que mencionó aparecen una separación, un cambio laboral, tener un hijo o atravesar un proceso migratorio. “Ante esa situación, la persona volvía a utilizar el mismo mecanismo por el cual había ingresado en el espacio terapéutico para modificarlo”, explicó.

A partir de esa experiencia, comenzó a preguntarse qué elemento faltaba para conseguir un cambio más estable.
“Freud decía: hacer consciente lo inconsciente, traer desde atrás estos mecanismos y hacerlos conscientes. Hasta ahí habíamos llegado, pero después volví a responder igual. Entonces dije: ‘Algo falta.’ Y lo que falta es que para producir un cambio real necesitamos pasarlo por el cuerpo”, relató.
Así definió el punto de partida de su metodología: “Y eso es MRA, la Modulación Restaurativa de la Ansiedad”.
Cómo funciona la metodología
Según explicó Alonso, la propuesta consiste en exponer a la persona, de manera controlada, a estímulos que pueden generar una respuesta de estrés. El proceso comienza con el establecimiento de un propósito y continúa con diferentes ejercicios.
“Primero anclamos el propósito, o sea, vengo acá para modular mi ansiedad ante la situación que estoy viviendo”, detalló. Luego se trabaja con respiración consciente y períodos de apnea voluntaria. La especialista explicó que contener la respiración durante algunos segundos genera un estímulo capaz de aumentar la ansiedad, pero dentro de un contexto controlado.
El tercer estímulo que describió es la exposición al frío. “El tercer estímulo es la inmersión en frío. Ahí se termina de compaginar toda la respuesta fisiológica del cuerpo”, señaló.
De acuerdo con su explicación, la finalidad es que la persona pueda atravesar esas experiencias con mayor conciencia de lo que ocurre en su organismo y ensayar otras formas de respuesta.
La respiración frente a la ansiedad
Ante una situación de ansiedad intensa, Alonso destacó la importancia de prestar atención a la respiración, especialmente cuando aparecen síntomas como palpitaciones, sudoración, mareos o sensación de ahogo.
“Lo primero que el cerebro capta es la respiración, porque en este proceso de ansiedad lo que se dispara es una respiración acelerada y corta”, explicó.
Como estrategia, indicó a sus pacientes trabajar sobre una respiración más lenta y abdominal. Según Alonso, este tipo de respiración puede contribuir a transmitir al cerebro una señal de menor peligro y favorecer una disminución de la activación corporal. “Cuando vos le indicás a tu cerebro que no hay peligro alrededor, todos los metabolismos empiezan a desacelerarse y a calmarse”, concluyó.










