Los estudiantes universitarios de la ciudad no escapan a la compleja situación socioeconómica de la Argentina. Muchos, sobre todo los avanzados (que cursan en 3er. o 4to. año de sus carreras) deben buscar un empleo para costear los gastos de residir en Santa Fe y así poder seguir estudiando: pagarse la comida diaria, el alquiler, la movilidad, etcétera.
Cursado, estudio y empleo: cómo se organizan los universitarios que estudian y deben trabajar
Quienes más trabajan son los estudiantes avanzados. Las tareas que realizan van desde el rubro gastronómico, el comercio, la construcción y los deliverys de comida. La cuidadosa planificación de los horarios es clave.

En contexto, el fenómeno de los estudiantes que deben trabajar no es nuevo. El año pasado, la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) realizó un relevamiento institucional en el cual se llegó a la conclusión de que el 64% de los alumnos de esa casa de altos estudios trabaja y estudia: casi dos de cada tres alumnos.
En dicho relevamiento, ese porcentaje (64%) aumenta a medida que se avanza en el cursado: un 85% de los estudiantes de esa universidad trabaja, además de estudiar, en las etapas finales de formación.

Los encuestados consideraron que mientras la universidad busca ser un espacio de aprendizaje, “el mercado laboral impone exigencias que influyen en el desarrollo académico”.
Que pasa en Santa Fe
Con todo, estudiar y trabajar, para muchos universitarios de Santa Fe, implica -además de una necesidad económica- un desafío en términos de organización y de planificación de tareas diarias (horas de trabajo; de cursado y de estudio) tan precisa como un reloj suizo. El cansancio por la sobreexigencia fue lo que más se mencionó.

Pero también hay muchos alumnos que trabajan, pero la necesidad económica -es decir, trabajar para cubrir los gastos de alimentación o de alquiler compartido, por ejemplo- no es el motivo excluyente, sino que ese empleo es un complemento para sus carreras. Buscan un empleo relacionado con la carrera que estudian.
“Se hace difícil”
El Litoral hizo un relevamiento en Ciudad Universitaria de la UNL para conocer de primera mano la situación general de los alumnos. Una de las alumnas que dio su testimonio fue Cindy, estudiante de Ciencias Médicas de la UNL. A la par de esto, trabaja en un vivero.

Consultada sobre cómo se organiza con los horarios, la joven admitió que se complica: "Estudio de noche, duermo poco… Pero bueno, se lleva...”, dijo. Al mismo tiempo, dio su mirada sobre la realidad de sus compañeros con los cuales comparte aula a diario.

“La mayoría de mis compañeros que trabajan no tienen la posibilidad de venir todos los días a cursar, porque son de otras localidades. Algunos atienden en supermercados, trabajan como cajeros o como repositores, o bien laburan de mozos o como deliverys”, comentó Cindy.
Florentina es otra estudiante, en este caso avanzada de 4to. año: cursa la carrera de Higiene y Seguridad en el Trabajo. También trabaja en un estudio jurídico en el área de gestión de cobranzas.

“Trabajo 30 horas por semana. Sé que hay estudiantes que por ahí trabajan más o menos. Principalmente intento organizarme lo mejor posible en cuanto a las tareas: qué tengo que hacer y qué no. Como mi trabajo es de mañana, tengo todas las tardes para cursar y estudiar”, narra su caso.
“Más allá de la organización, a muchos de los estudiantes se les complica el cursado, por los horarios. Hay otra ‘estrategia’ que es importante en esto de estudiar y trabajar todos los días: tener un buen grupo de compañeros que siga sin demorarse con la carrera. Ahí hay un apoyo académico que me parece es muy importante”, agregó.

Florentina evalúa como “complicada” la situación socioeconómica general. “Tengo la suerte de vivir con lo que gano por trabajar, pero hay conocidos míos de la ‘facu’ que son del interior y tuvieron que volverse a sus localidades, porque no podían costear la vida estudiantil. Un alquiler es muy caro, por más que sea compartido”, agregó luego.
“Uno hace lo que puede. En mi carrera y creo que en otras facultades hay muchos más estudiantes que cursan y estudian y también deben trabajar, porque de lo contrario no se puede sostener un trayecto de estudios superiores. La situación para todos está cada vez más compleja”, cerró.
Freelancer, otra opción
Julián estudia en la FADU/UNL y trabaja como freelancer: hace atención al cliente y administra redes sociales para inmobiliarias. Aclara que es un emprendimiento de su familia, pero la comisión que él cobra le sirve “de muchísimo” para continuar con sus estudios superiores.
“Por lo que escucho de mis compañeros, muchos de ellos volvieron a vivir con sus padres. No pueden pagar un alquiler que te sale 600 mil pesos. Y la comida, es otro tema. Noto que cada vez menos chicos cursando; prescinden de venir a las clases teóricas, y usan ese tiempo para trabajar o bien para estudiar”, añadió.

El cursado intercalado es un gran impedimento. “En FADU tenemos bandas horarias de cuatro horas consecutivas, por ejemplo. En cambio, en otras facultades no existe ese concepto: las horas de cursado de 8 a 12 horas, y después a la tarde. Para los chicos que trabajan, organizarse se hace una tarea súper difícil”, explicó.
Complementariedad
También hay casos donde trabajar a veces se vuelve, más allá del sacrificio que implica, un complemento para lo que se estudia. Por ejemplo, Nahuel es estudiante de la carrera de Arquitectura y trabaja como ayudante de una obra de construcción: “Son como dos cosas que van de la mano”, le dijo a El Litoral.

Admitió que trabaja para costear muchos gastos, pero fundamentalmente para aprender. “Me interesa el trabajo porque se complementa con mi carrera. Es cierto, tengo una moto que es un gasto; el material de estudio de mi carrera es bastante caro. Pero bueno, el sacrificio vale la pena”, aseguró.
El otro caso es el de Franco, estudiante avanzado de Medicina. Trabaja actualmente como docente en una academia dedicada a preparar a chicos de secundaria para el ingreso a esa carrera, que siempre es muy requerida dentro de las “tradicionales”.

“En mi trabajo preparamos a alumnos para lo que es el ingreso a Obstetricia y las ingenierías relativas a la UNL que tienen las cátedras de Matemática, Biología o Química como material de ingreso”, explica el estudiante avanzado.
“Al principio costó un poquito organizarme. Fue difícil el 3er. año, que es complejo en lo académico. Pero me parece que la clave va por ordenar las jornadas: tratar de estudiar un poco más a la noche, estudiar un poco más a la mañana bien temprano, y ‘en el medio’ el cursado”, contó su rutina. “En mi trabajo tengo flexibilidad horaria y puedo adaptarme”.
“Este año sí me encontré con muchos compañeros que tienen hoy que trabajar. Es inevitable esto de que muchos debimos salir a trabajar: algunos por gusto, como es mi caso: no tenía la necesidad económica puntual. Tengo la suerte de tener a mis viejos que me ayudan. Mi trabajo me genera un dinero extra que también los ayuda a ellos”, cerró Franco.











