Llegar a la facultad puede demandar desde unos pocos minutos hasta varias horas. Para algunos estudiantes que viven en Santa Fe, el recorrido está condicionado por las distancias y el tránsito; para quienes llegan desde otras localidades, se suman los viajes interurbanos y los costos de traslado. A eso se agregan las demoras, los paros y otras situaciones que pueden alterar la jornada académica.
Madrugar, combinar transportes y afrontar gastos: así llegan los estudiantes a la facultad en Santa Fe
Estudiantes de distintas localidades contaron a El Litoral cuánto demoran en sus recorridos, qué dificultades encuentran durante el trayecto y de qué manera organizan su rutina para cursar en la UNL.

Para conocer cómo impactan estas condiciones en la vida cotidiana de quienes estudian, El Litoral se acercó hasta la Universidad Nacional del Litoral (UNL), ubicada en la zona de la Costanera Este, junto al paraje El Pozo. Allí habló con estudiantes de distintas procedencias para conocer cuánto tardan en llegar, qué medios utilizan y cómo resuelven sus viajes cuando surgen inconvenientes.

La recorrida se realizó en un contexto de cambios en la movilidad de la ciudad. Un informe elaborado por la Municipalidad de Santa Fe y la Bolsa de Comercio de Santa Fe señaló que entre 2012 y 2025 el parque automotor creció un 43,1%, hasta alcanzar los 239.149 vehículos. En paralelo, los colectivos pasaron de trasladar más de 41,1 millones de personas en 2011 a 28,5 millones en 2025.
Más allá de esas cifras generales, los testimonios permiten observar cómo esas transformaciones se reflejan en una actividad concreta: llegar todos los días a clases.
De Rincón a la facultad
Una estudiante que actualmente vive en la zona norte de Santa Fe utiliza el colectivo 9 para llegar a la facultad. Antes de mudarse a la ciudad, vivía en la vecina ciudad de San José del Rincón y viajaba habitualmente en la línea C Verde. “Tardaba entre 25 minutos y media hora”, recordó sobre el tiempo que le llevaba ese recorrido.
Actualmente, su traslado está vinculado también con su trabajo, ya que antes de ir a la facultad permanece en el centro de Santa Fe. Por ese motivo, suele viajar durante los horarios de mayor circulación. “Por ahí tardo unos 40, 45 minutos pero porque siempre salgo en horario pico y salen las escuelas”, explicó.
En algunas ocasiones, el viaje puede extenderse todavía más. “Una vez tardé una hora en llegar a la facultad de pleno centro a Ciudad Universitaria”, contó. La demora llegó a ser tal que incluso comparó el tiempo del recorrido con otra alternativa. “Creo que caminando venía más rápido”, sostuvo.

De Santo Tomé a Santa Fe
Otra estudiante realiza diariamente el recorrido entre Santo Tomé y Santa Fe para asistir a clases. Viaja en la línea C Verde y señaló que las obras en el puente pueden extender considerablemente el trayecto durante los horarios de mayor circulación. “Ahora con el arreglo del puente, en horario pico casi dos horas”, explicó.
La estudiante cuenta con boleto gratuito, pero en algunas ocasiones debe recurrir a otras alternativas cuando no logra salir con suficiente anticipación. “Si no salgo con tiempo, uso autos de aplicación y me sale entre 15 y 20 mil pesos por día”, contó.
Los horarios de cursado también determinan cuándo debe comenzar su viaje. “Si el cursado es a la mañana y entro a las 9, casi cerca de las siete ya tengo que estar tomando el colectivo”, relató. El regreso depende del horario en que termina las actividades. Cuando sale a las 19, el recorrido hacia Santo Tomé suele ser más corto porque encuentra menor circulación.
Sobre las dificultades que atraviesa durante el recorrido, señaló que se hicieron más frecuentes con las obras.
Desde Paraná
Para quienes viven en Paraná, asistir a la universidad supone atravesar un recorrido interurbano. Una estudiante combina el colectivo urbano de esa ciudad con el servicio fluvial para llegar a Santa Fe. “Me tomo doble colectivo porque me tomo el urbano hasta la terminal y de la terminal vengo acá en el fluvial”, indicó.
Cuando tiene clases por la mañana, su jornada comienza varias horas antes del horario de cursado. “Me despierto a 5:30 para tomarme el cole 6:15 y llegar acá a las 8”, relató.
El regreso también puede extenderse hasta la noche. En una jornada en la que termina de cursar a las 21, contó: “Estoy volviendo a las 11 a mi casa”. A ese recorrido se suma el costo del traslado. Según calculó, gasta alrededor de $7.500 por día entre los distintos servicios que utiliza.
Las dificultades para trasladarse también tuvieron consecuencias sobre su asistencia a clases. Consultada sobre si alguna vez faltó por problemas con el transporte, respondió: “Sí, un montón de veces”.
Vivir en Santa Fe para reducir las distancias
La distancia también puede influir en las decisiones vinculadas con el lugar de residencia. Una joven oriunda de Alcaraz, Entre Ríos, actualmente vive en Santa Fe mientras cursa sus estudios.

A diferencia de quienes realizan viajes interurbanos todos los días, puede resolver sus desplazamientos mediante el transporte urbano o caminando. “Tardo unos 20 minutos o 30”, comentó. En su caso, residir en Santa Fe significa contar con recorridos más breves y evitar el traslado diario desde Entre Ríos.
Paros y demoras
Los problemas en el transporte adquieren otra dimensión para quienes dependen de los servicios públicos para cumplir con sus horarios académicos.
Un estudiante de San Justo, localidad ubicada al norte de Santa Fe, actualmente permanece en la capital provincial mientras cursa Medicina. Cuando realiza el viaje desde su ciudad, calcula que puede tardar entre una hora y media y dos horas.
Ese recorrido también representa un gasto importante. Según explicó, cuando debe trasladarse desde San Justo puede desembolsar entre $20.000 y $22.000.
Durante la cursada utiliza el transporte urbano de Santa Fe y organiza sus viajes de acuerdo con los horarios de la carrera. Sin embargo, cuando aparecen inconvenientes debe recurrir a otras alternativas. “Muchas veces faltar como tal no, sino que tener que reprogramar sobre la marcha”, explicó.
Los paros de colectivos fueron una de las situaciones que lo llevaron a modificar sus planes. “Tuve que moverme en un Uber o tuve que venirme caminando o tuve que decirle a algún amigo para que si se copaba en traerme para no perder la clase”, relató.
Hasta el momento logró evitar perder una clase, aunque reconoce que no siempre puede garantizarlo: “Por suerte y toco madera de momento no he perdido ninguna, pero es una posibilidad”.
Viajar en auto para reducir los tiempos
Otra de las opciones aparece entre los estudiantes que cruzan desde Paraná y tienen una menor frecuencia de cursado. Un joven de esa ciudad actualmente utiliza el auto porque solo debe asistir a una materia.
“Soy de Paraná y viajo en auto porque curso una sola materia, la última”, aseguró. El recorrido le demanda entre 20 y 25 minutos y calcula un gasto de aproximadamente $3.000 para la ida y otros $3.000 para la vuelta por el túnel.
Durante el resto de su carrera utilizó principalmente el colectivo. En ese período también tuvo que enfrentar situaciones que afectaron sus horarios. “Sí, por paro de colectivo, a veces se bloquea la ruta o por algún accidente llegás tarde”, relató.
Distintas formas de llegar a la universidad
Los testimonios recogidos por El Litoral en el campus de la UNL muestran que no existe una única experiencia de movilidad entre los estudiantes. El lugar de residencia, los horarios de cursado y los recursos disponibles determinan cómo cada uno organiza sus viajes.
Algunos realizan trayectos urbanos relativamente breves, otros combinan diferentes medios para cruzar desde Paraná y también están quienes optan por vivir en Santa Fe o utilizar el auto para reducir los tiempos.
En todos los casos, trasladarse forma parte de la planificación diaria. Las distancias y los horarios obligan a calcular cuándo salir, cuánto dinero destinar al viaje y qué alternativa utilizar ante un paro o una demora.
De esta manera, llegar a la universidad no es un aspecto secundario de la cursada: para muchos estudiantes, el viaje condiciona buena parte de su jornada y requiere una organización que comienza mucho antes de entrar al aula.










