"Es un orgullo terminar una gestión que sostuvo la universidad en años complejos", dijo Mammarella
Tras 8 años al frente de la UNL, Enrique Mammarella deja el cargo con un balance atravesado por la pandemia, la crisis económica y el conflicto por el financiamiento universitario. "Fue un periodo de crecimiento, aunque con dificultades", aseguró.
Son los últimos días de Mammarella al frente del Rectorado de la UNL. El viernes asumen las nuevas autoridades. Foto: Manuel Fabatía
A días de dejar el rectorado de la Universidad Nacional del Litoral, Enrique Mammarella, cierra dos mandatos -8 años de gestión- marcados por la pandemia, la crisis económica y el debate por el financiamiento universitario. En la entrevista, repasó logros, dificultades y desafíos pendientes, y habló del "orgullo" con el que culmina su mandato. El viernes se producirá el recambio formal de autoridades electas y asumirá el cargo Laura Tarabella, la primera rectora mujer en la centenaria institución.
-¿Qué balance general hace de estos 8 años de gestión?, preguntó El Litoral a Mammarella.
-Han sido años complejos, atravesados fundamentalmente por la incertidumbre. Primero por la pandemia, después por una crisis social y económica. En ese contexto, sostener una universidad pública de la dimensión de la UNL fue un desafío permanente. Han sido años de crecimiento, aunque con dificultades. No fue el crecimiento que uno hubiera deseado para dar todas las respuestas que la sociedad necesita, pero sí lo hubo.
Trabajamos mucho en fortalecer la presencia territorial, en el centro-norte de la provincia y en cada espacio donde la universidad fue convocada; siempre intentamos dar respuesta. Por eso, más allá de las dificultades, es un orgullo terminar una gestión que dio todo para sostener y proyectar una universidad tan prestigiosa, comprometida y profundamente arraigada a su comunidad como es la Universidad Nacional del Litoral.
El desafío de la pandemia
-Usted decía que le tocó gestionar la pandemia. ¿Qué implicó para la universidad esa época?
-La pandemia fue un desafío enorme porque al principio no sabíamos con qué estábamos lidiando. Las noticias que llegaban de Europa eran realmente catastróficas y, en ese marco, había que tomar decisiones todos los días. Uno de los grandes temas fue garantizar la continuidad académica. La universidad estaba pensada para 50 ó 60 mil estudiantes presenciales en aulas, no para que todos accedieran desde sus casas a los servidores institucionales. En apenas 15 días hicimos una tarea maratónica: analizamos plataformas disponibles, compramos licencias, desarrollamos entornos virtuales y adecuamos sistemas para sostener la docencia en modalidad de emergencia.
Pero no era sólo la enseñanza. También había que continuar con la investigación y la extensión. Hubo equipos produciendo alcohol en gel, máscaras y barbijos, lo que implicaba gestionar permisos de circulación y coordinar con autoridades provinciales y municipales. Además, enfrentamos una situación delicada con estudiantes que vivían en la residencia universitaria, provenientes de otras provincias, y con alumnos de la UNL que estaban fuera del país. Hubo que gestionar contención, estadías o repatriaciones, trabajando con Migraciones, Transporte y autoridades sanitarias. Fue una tarea muy compleja, pero logramos dar respuesta caso por caso.
-¿Considera entonces que ese período complejo se saldó de manera exitosa? ¿Hubo aciertos, errores?
-La pandemia fue, ante todo, un gran aprendizaje. Aprendimos a gestionar el riesgo en tiempo real, con información científica y con el acompañamiento de nuestros contactos que teníamos afuera fuimos tomando decisiones. Lo más importante es que ninguna persona convocada a trabajar en la universidad durante ese período tuvo problemas de salud. Los pocos casos de Covid que hubo fueron contagios domiciliarios.
-Después vino un período complejo en lo económico, con el debate por el financiamiento universitario.
-Sí, atravesamos un periodo intermedio de altísima inflación y fuertes restricciones cambiarias. Para una universidad que debe gestionar insumos importados, equipamiento científico, redes internacionales o pasajes al exterior, eso genera enormes dificultades. Cada pago al exterior significaba un trabajo arduo. A eso se sumó la falta de una ley de presupuesto nacional durante un período y partidas muy por debajo de la inflación. Pasamos de tener posibilidad de comprar pero con trabas administrativas, a directamente no tener los recursos que necesitábamos.
"La pandemia fue, ante todo, un gran aprendizaje", indicó el rector saliente. Crédito: Guillermo Di Salvatore
Actividades resentidas
-Se va sin ver en funcionamiento la ley de financiamiento universitario. ¿Cómo cree que se resolverá?
-Hoy hay un presupuesto nacional aprobado, lo que devuelve cierta previsibilidad y autonomía para definir prioridades. Existe también una ley de financiamiento sancionada que no está en ejecución, y que fue judicializada, aunque el Gobierno presentó una apelación. Además, hay un proyecto de ley del Ejecutivo para modificar esa norma aprobada que si bien incrementa fundamentalmente los presupuestos para salario y para hospitales universitarios, lo hace muy por debajo de lo que fue la diferencia por inflación.
Creo que este tema solo se resuelve con diálogo y consenso. Cuando hablamos de salarios no hablamos solo de trabajadores en actividad, sino también de sus familias, de sus aportes a la obra social y al sistema jubilatorio; es todo un círculo. Nada nos permite pensar que esto se pueda resolver en el corto plazo si no nos sentamos a discutir, a analizar y el Gobierno nacional, por su parte, con sus ideas y sus necesidades, proponga alternativas de solución. Sin una mesa de discusión seria, es difícil pensar en soluciones de corto plazo.
-¿Se vió resentida la UNL en estos años recientes?
-Sí, claramente se vió resentida. Tenemos obras paradas, convenios que no se ejecutaron, equipamiento científico cuyo financiamiento no llegó y proyectos de ciencia y tecnología por más de 500 millones de pesos -aprobados en 2022- que no se ejecutaron o que no se envió el dinero. No se trata solo del presupuesto corriente, sino de fondos concursables, como los proyectos de ciencia y tecnología nacional, programas de equipamiento y obras universitarias que quedaron detenidas. Eso limita el desarrollo de ciertas líneas.
Enrique Mammarella encabezó varias marchas universitarias y otras acciones, para pedir por el financiamiento del sistema. Manuel Fabatía
-También el conflicto salarial derivó en numerosas jornadas de paro.
-Exactamente. El tema salarial es crítico porque afecta fuertemente a los trabajadores. Necesitamos que docentes y no docentes pongan el máximo esfuerzo en mejorar la calidad académica y administrativa, y eso requiere estabilidad. Cuando alguien debe buscar pluriempleo o evalúa irse del sistema, ya es una pérdida para la universidad. Formar un investigador con doctorado y posdoctorado lleva más de 10 años después de su graduación de grado. Si se pierde ese recurso humano, recuperarlo demanda el mismo tiempo.
Agenda final, FIQ y la primera rectora
-Está cerrando su gestión con agenda, estuvo en Rafaela. ¿Cómo vive estos últimos días?
-Sí, la universidad es grande y tiene muchas actividades. Este martes estuve en Rafaela inaugurando un aula híbrida, la tercera de los centros que ganaron el presupuesto participativo. No podemos hacer todas las obras que quisiéramos, pero sí tenemos la obligación de mantener y mejorar lo que tenemos. El edificio del Rectorado, por ejemplo, es monumento histórico nacional y se acerca a los 100 años; requiere mantenimiento permanente. Lo mismo ocurre con la Escuela Industrial Superior y las distintas facultades. Muchas veces debemos buscar financiamiento alternativo, a través de servicios a terceros, un benefactor o convenios, para sostener ese patrimonio que es de todos.
Rectorado de la UNL. Foto: El Litoral
-¿Cómo sigue su carrera? ¿Vuelve a la FIQ?
-Vuelvo de lleno a mis actividades académicas y científicas. Nunca me fui del todo, pero ahora retomaré plenamente en la Facultad (de Ingeniería Química) y en el Instituto de Desarrollo Tecnológico para la Industria Química. Vuelvo a la tarea de pensar y a la de investigación, dejando atrás la gestión cotidiana de una universidad tan grande.
-Por primera vez una mujer asumirá el rectorado en una universidad centenaria. ¿Qué reflexión le merece?
-Es un halago poder entregar el mando a la primera rectora electa. Hace tiempo que las mujeres de la universidad estaban en condiciones de asumir ese desafío. Si uno observa la composición de estudiantes y docentes, la mayoría son mujeres. Era lógico que ese proceso también se reflejara en la conducción. No solo será la primera vez que haya una mujer rectora, sino que la fórmula está integrada por dos mujeres.