Las microcredenciales ya están instaladas en el mundo -principalmente en universidades de Europa- como una nueva forma de certificar aprendizajes específicos, de corta duración. En este contexto, universidades y especialistas de nuestro país, Ecuador y España vienen trabajando en el proyecto MicrocRed, una propuesta que busca establecer criterios compartidos de calidad, transparencia, reconocimiento e interoperabilidad. El desafío ahora es buscar un marco normativo común en Argentina, en conjunto con el Estado nacional, para un fenómeno que crece con rapidez.
Microcredenciales: universidades avanzan hacia un marco común y piden construirlo con Nación
El proyecto MicrocRed reunió a instituciones de educación superior de Argentina, Ecuador y España para discutir cómo crear, validar y reconocer estas nuevas certificaciones. El desafío es acordar estándares de calidad y reconocimiento y contar con marcos regulatorios generales a nivel nacional.

La discusión ocupa esta semana -del martes al jueves- a representantes de instituciones de educación superior reunidos en la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTref), en provincia de Buenos Aires, en el marco del encuentro de intercambio de experiencias institucionales sobre gestión de microcredenciales.
En ese marco, se presentaron documentos de referencia elaborados por MicrocRed, donde se señala la necesidad de contar con marcos nacionales que establezcan estándares mínimos comunes, garanticen calidad, transparencia y reconocimiento y, al mismo tiempo, preserven la autonomía institucional.
La Universidad Nacional del Litoral (UNL) forma parte del proyecto y su rectora, Laura Tarabella, participó este miércoles como articuladora del panel sobre experiencias de gestión institucional de microcredenciales. Cabe destacar que durante los tres días, exponen referentes de diversas instituciones de educación superior de Argentina, Ecuador y España -también de Colombia- sobre propuestas concretas de cómo llevan adelante políticas de creación y validación de microcredenciales.

Qué es una microcredencial
La necesidad de regulación aparece porque las microcredenciales se están multiplicando en distintos ámbitos educativos y formativos. Para Mónica Marquina, profesora e investigadora de la UNTref, Conicet y miembro de la Coneau, esa expansión se generó “porque hay necesidades de formación alternativas a las carreras tradicionales”.
Uno de los principales puntos de discusión es precisamente qué debe considerarse una microcredencial. El documento elaborado por MicrocRed sostiene que “las microcredenciales son registros verificables de resultados de aprendizaje específicos, obtenidos mediante experiencias formativas de corta duración -que puede ser formal o no formal- o a través del reconocimiento de aprendizajes previos, y que deben contar con evaluación y evidencias”, definió Marquina.
Esto supone una diferencia sustancial respecto de un certificado de asistencia o de participación a un curso, por ejemplo. Para que una propuesta pueda ser considerada microcredencial debe existir una evaluación que permita demostrar que la persona efectivamente alcanzó los aprendizajes que se declaran. “Tiene que haber resultados de aprendizaje evaluados con evidencias del logro de esos resultados”, señaló.

Según amplió, otra característica central es su formato digital. La microcredencial debería ser verificable, portable y permitir que quien la obtuvo conserve el control sobre la información y decida con quién compartirla, por ejemplo, ante un empleador. La tecnología, en este sentido, funciona como soporte para garantizar “autenticidad, trazabilidad e interoperabilidad”.
Pero hay otra condición que Marquina considera fundamental: la pertinencia. Por eso, cuando las microcredenciales tengan una finalidad laboral, el documento recomienda que su diseño contemple las necesidades actuales o emergentes de competencias y que pueda incorporar la participación de sectores productivos y profesionales.
No reemplazan a una carrera
Uno de los consensos centrales del documento es que las microcredenciales no vienen a reemplazar las carreras universitarias ni los títulos tradicionales. “La microcredencial no viene a competir con la formación larga”, dijo Marquina.
Una persona puede realizar una microcredencial para actualizar una competencia específica, profundizar un conocimiento, reconvertirse laboralmente o reconocer aprendizajes adquiridos previamente. En determinadas condiciones, además, esas certificaciones pueden articularse o acumularse (en distintas experiencias se habla de “apilabilidad”) con trayectos más amplios.
Además, “la microcredencial tiene un valor autónomo”, dijo Marquina, de lo que se estableció en los documentos. Puede formar parte de un programa más amplio si una institución establece esa posibilidad, pero su razón de ser es acreditar un aprendizaje específico que responde a una necesidad determinada.
Un marco común
El problema, explicó la expositora, es que “en el caso de las microcredenciales, la ausencia de un marco regulador puede generar desconfianza respecto de lo que se está ofreciendo y, si no hay un lenguaje compartido, se juega en contra de la necesidad de que no exista confusión sobre el valor real de cada credencial”.
Por eso, el equipo de trabajo de MicrocRed concluyó que existe un desafío regulatorio: construir un marco que permita ordenar el desarrollo y facilite el reconocimiento, pero sin convertirlo en un sistema rígido. "Tampoco puede ser un registro -como el de carreras-, que puede quedar obsoleto fácilmente", indicó.
En este punto aparece el diálogo con el Gobierno nacional. Matías Zubiría, director nacional de Gestión Universitaria de la Secretaría de Educación de la Nación, fue invitado a uno de los paneles y contó que su propia posición sobre la intervención estatal en materia de microcredenciales fue cambiando.
Explicó que inicialmente sostenía que el Estado no debía intervenir porque los tiempos administrativos podían resultar demasiado lentos para un formato que necesita responder rápidamente a los cambios. Pero el intercambio con las universidades lo llevó a plantear la necesidad de avanzar en un marco general.
“Nosotros necesitamos que haya estudios que nos permitan generar un marco normativo general en Argentina para poder desarrollar un sistema de microcredenciales que puedan ser reconocidas, que puedan acumularse, que puedan registrarse”, afirmó.
La posición de Zubiría no plantea, según sus palabras, que el Estado deba intervenir en el diseño académico de cada propuesta, sino que pueda contribuir a definir reglas comunes.
Qué es MicrocRed
MicrocRed es un proyecto de cooperación triangular Argentina-Ecuador-España, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), en el que participan siete universidades de los tres países: UNTref, Universidad Nacional del Litoral (UNL), Universidad Abierta Interamericana (UAI), Universidad Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (Ufasta), Escuela Superior Politécnica del Chimborazo (Espoch), Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), Universidad Nacional de Educación a Distancia (Uned) y las Oficinas de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) de Madrid, Argentina y Ecuador.









