El docente de Música, Gerardo Núñez, le puso letra y melodías a sus emociones tras la tragedia en San Cristóbal, la ciudad donde creció y vive. La canción de su autoría, "Semilla de paz", habla del duro momento que atraviesa la comunidad pero también lleva un mensaje esperanzador de cuidado de los niños, de encontrar el camino de paz y de acompañarse en el dolor.
Cuando el dolor no encuentra palabras, nace la música: la canción que abraza a San Cristóbal
Gerónimo Núñez reflejó, a través de letra y melodía, el dolor y la angustia tras el evento trágico en la Escuela N° 40. Captura la sensación de pérdida pero también la búsqueda de esperanza en medio del dolor.

Núñez contó que proviene de una familia de músicos y tiene un espacio de grabación, además de dar clases en el nivel primario de la Escuela N° 40 "Mariano Moreno" -donde ocurrió el hecho- y en otra institución de la ciudad. Durante Semana Santa, cuando la locura encontró algo de calma, la música apareció como refugio. Compuso la canción y la grabó en el estudio con su propia voz.
"Esta canción nació como una necesidad de canalizar el dolor que sentí en ese momento y convertirlo en un mensaje de esperanza", explica. Y añade, conmovido: "Hay un quiebre, un antes y un después. Lo que antes era seguro dejó de serlo. Por eso sentí que tenía que aportar mi granito de arena para reconstruir la esperanza de San Cristóbal".
La canción, que comenzó como algo íntimo, pronto trascendió. Docentes de otras instituciones la llevaron al aula para reflexionar con los estudiantes. "Mi idea era esa, que sirviera para pensar, para hablar. Nunca fue hacerla pública masivamente", cuenta Núñez a El Litoral. Sin embargo, el mensaje encontró eco: " La compartí con la familia y luego fue circulando. La canción ya no es mía, es de todos".
Música que sana
"El patio quedó en silencio, el aire se detuvo, un frío que no es de invierno, en el alma se instaló. San Cristóbal hoy abraza, un dolor que no buscaba y en cada esquina del barrio se siente el mismo clamor", describe la primera estrofa de la balada.

La inspiración no llegó desde las palabras, sino desde las imágenes que quedaron grabadas tras el hecho. "Pasaba por la escuela porque vivo a una cuadra y veía la bandera baja, las bicicletas, los vidrios rotos, todo ese silencio. De ahí salieron las primeras líneas", recuerda.
En esa escena, Núñez comenzó a encontrar el pulso de la canción: "Creo profundamente que donde las palabras no llegan, la música sí sana. Y si esto puede dar aunque sea un momento de alivio, entonces ya vale la pena".
El trágico hecho también lo atravesó en lo personal. Su hijo y su sobrina asisten a la institución, y vivieron de cerca el episodio. "Miramos a nuestros hijos, buscamos en sus ojos la luz que ayer brillaba y que hoy parece temblar", dice la letra.
Encontrar el camino, juntos
Pero "Semilla de paz" no se queda en la herida. También propone un camino. "A pesar del dolor, la idea es unirnos, contenernos y volver a construir la escuela desde otro lugar. No sé si va a ser igual, pero tiene que volver a ser un espacio de protección para los chicos", sostiene Núñez. Y subraya el rol de la comunidad educativa y de los docentes: "Queremos que sientan que estamos para ellos, para cuidarlos".

"Que el dolor se vuelva manos, que la angustia sea unión, para cuidar el futuro de toda nuestra ciudad. Que no se apague la infancia, que no regrese el horror, queremos escuelas libres, llenas de vida y color", reza otra estrofa.
El proceso de elaboración también fue, en sí mismo, un acto de sanación. El docente grabó el tema en su pequeño estudio, apoyado en su formación musical y en una herencia familiar que sigue presente. "Vengo de una familia de músicos. Hay melodías que uno lleva adentro y aparecen cuando tienen que aparecer", indica.
Mientras la comunidad de San Cristóbal intenta reconstruirse, entre el duelo y la necesidad de volver, la música se convierte en puente. "El dolor es un proceso, de a poco se va a ir apaciguando. Lo importante es escucharnos y no quedarnos solos", reflexiona el docente, tanto en la entrevista como en la letra de la canción.
Y cierra, con la certeza que lo impulsó a escribir: "La música es un lenguaje de paz. Si esta canción logró que algún chico o padres se sienta un poco menos solo, entonces el objetivo está cumplido".









