La caída en la finalización del secundario en Rosario marca una señal de alerta
Un trabajo de la Universidad Nacional de Rosario, basado en datos censales de más de un siglo, detecta señales de alerta en las trayectorias educativas recientes: leve caída en la asistencia y persistentes dificultades para completar el nivel secundario. “No es un fenómeno generalizado, pero corta una tendencia histórica”, advierte Paula Durán, coordinadora de Usina de Datos UNR.
El nivel secundario continúa siendo el eslabón más frágil del sistema. Foto: archivo
Después de décadas de crecimiento sostenido, la educación en Rosario muestra una señal que enciende luces amarillas. Según el Censo 2022, la asistencia escolar de niños, niñas y adolescentes registró una leve caída respecto de 2010, un dato que, aunque numéricamente acotado, resulta significativo porque trastoca una tendencia de expansión casi ininterrumpida del sistema educativo local.
En el grupo de 6 a 14 años, la cobertura pasó del 97,8% al 96,3%, mientras que entre los jóvenes de 15 a 17 años -el tramo crítico del secundario- persisten altos niveles de abandono y trayectorias interrumpidas.
Los datos surgen del Informe Especial Nº 16: La educación en Rosario a través de los censos, elaborado por la Usina de Datos de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), un trabajo que reconstruye más de un siglo de información censal.
Allí se confirma que Rosario cuenta hoy con niveles de escolarización históricamente altos y que el principal problema ya no es el acceso, sino la finalización efectiva del secundario.
“El dato de la caída es leve, pero importante porque corta una tendencia de crecimiento de muchos años”, explicó a El Litoral Paula Durán, licenciada en Ciencia Política y coordinadora de Usina de Datos UNR.
“Una hipótesis fuerte es el impacto de la pandemia, que rompió trayectorias educativas, sobre todo en los sectores más vulnerables. No creemos que sea un fenómeno generalizado, pero son señales que conviene mirar con atención”, agregó.
Cadena educativa en revisión
El informe universitario muestra que, mientras la asistencia en la educación primaria se mantiene cercana a la universalidad, el nivel secundario continúa siendo el eslabón más frágil del sistema.
Desde la Usina de Datos UNR insisten en que el riesgo de no intervenir a tiempo es alto. Foto: archivo
En 2022, el 86,4% de los jóvenes de 15 a 17 años asistía a la escuela, una mejora respecto de décadas anteriores, pero todavía lejos de la cobertura plena. Además, una proporción significativa declara haber asistido en el pasado y ya no hacerlo, lo que da cuenta de trayectorias discontinuas.
Para Durán, el “cuello de botella” del sistema educativo rosarino se explica por una combinación de factores. “Tiene que ver con condiciones socioeconómicas que obligan a muchos jóvenes a combinar estudio y trabajo -tanto remunerado como doméstico y de cuidado-, con trayectorias escolares fragmentadas y con una estructura del nivel secundario que muchas veces no logra adaptarse a la diversidad de experiencias juveniles”, señaló.
Perspectiva y problemas del pasado, hoy
La mirada de largo plazo que propone el informe permite dimensionar el cambio de época. El analfabetismo, que a fines del siglo XIX afectaba a más del 60% de la población, hoy se ubica por debajo del 2% y dejó de ser un indicador central.
También se consolidó una transformación profunda en el nivel educativo alcanzado: la población con secundario completo o estudios superiores creció de manera sostenida, y las mujeres pasaron a superar a los varones en los niveles universitarios. Sin embargo, las desigualdades no desaparecieron: se desplazaron.
“Hoy las desigualdades educativas ya no se expresan principalmente en el acceso, sino en dimensiones más complejas: la calidad de los aprendizajes, la continuidad de las trayectorias, el acceso a tecnologías, la posibilidad de sostener estudios superiores y la articulación entre educación y el cambiante y precario mundo del trabajo”, advirtió Durán.
Desde la Usina de Datos UNR insisten en que el riesgo de no intervenir a tiempo es alto. “La consolidación de trayectorias educativas fragmentadas, incompletas o frágiles luego se traduce en mayores niveles de desigualdad y exclusión social”, alertó la coordinadora del área.
En una ciudad con una población ampliamente escolarizada, el desafío ya no es sumar matrículas, sino garantizar que los y las jóvenes puedan terminar la escuela y proyectar un futuro con más herramientas.
Los datos de la UNR obligan a las autoridades e integrantes del sistema educativo, pero también del ámbito social, revisar por qué la tendencia se detiene y si es el síntoma de un problema más profundo en desarrollo.