Su belleza, humilde, serena y profundamente vinculada con lo fluvial, fue inspiración para artistas plásticos de distinta procedencia como Kiwi, Oscar Elías Gigena, José Domenichini y Juan Arancio. Entre muchos otros.

Un artículo publicado en El Litoral el 14 de enero de 1946, firmado por Armando Molina, permite reconstruir cómo era leído el barrio santafesino cuando aún no había sido inmortalizado por la obra de Horacio Guarany.

Su belleza, humilde, serena y profundamente vinculada con lo fluvial, fue inspiración para artistas plásticos de distinta procedencia como Kiwi, Oscar Elías Gigena, José Domenichini y Juan Arancio. Entre muchos otros.
También fue "aliento creador" para el cantautor Horacio Guarany (quien lo describió como "pueblito humilde del litoral" con "ranchitos dormidos") y para el fotógrafo Marcos López, que se inspiró en sus calles y personajes.
Fue también uno de los tantos puntos de la ciudad hasta donde se extendió la mano siempre solidaria del padre Atilio Rosso, el creador del Movimiento Los Sin Techo, que murió en 2010.

Lo cierto es que esa porción de tierra que besa las aguas barrosas y que se conoce como Alto Verde, nació al unísono del siglo XX, cuando Santa Fe cambiaba su "cara" ya sin vuelta atrás. Fue "engendrada" junto al nuevo puerto de ultramar.
Las obras para esa terminal, que arrancaron hacia 1904, modificaron sustancialmente la fisonomía del paisaje de la zona, lo cual daría paso a la gestación del hoy populoso barrio.
Las primeras familias (algunas de Colastiné, otras de Entre Ríos y Corrientes) empezaron a ocupar el lugar hacia 1910 de Corrientes, Entre Ríos y Colastiné.

Esa "presencia" de Alto Verde como lugar icónico no es nueva. En el archivo de El Litoral fue posible hallar un texto firmado por Armando Molina del 14 de enero de 1946, es decir hace 80 años, que pone de relieve ese "aura" del barrio.
"Alto Verde ¿quién te dió ese nombre? Nadie lo sabe o tal vez lo saben todos. Fue quizás, o sin quizás, fue seguramente una voz anónima, una voz del pueblo y, por tal, definitiva", arranca el texto.
Cabe una nota de color al respecto. En su edición del 10 de septiembre de 2010, El Litoral marca que Protasio Luís Servín, encargado del terraplén fue quien determinó el nombre. Conmovido por la flora del lugar dijo: "Es un Alto Verde".

Sigue el texto de Molina. "Alto Verde. Acaso porque te levantas sobre el verde de las islas vecinas? Acaso... Pero fuere cual fuere la razón de tu nombre, lo cierto es, barriada que surgiste de las aguas, que tu nombre es el más mentado de todos los de la nomenclatura santafesina".
"Allí estás con tus casitas de paja, tus botes y tus ceibos en flor, mirándote en el canal, al que sigues rancho a rancho hasta su salida al río", sigue el texto.
Y luego remarca: "allí estás con tus pescadores criollos, multitud de obreros portuarios y tu leyenda de sangre y de rencores; allí estás con tus bailes famosos, tu mala bebida, tus penas secretas y tus humildes alegrías".

En algún punto, estas alusiones recuerdan a la mirada nostálgica que propuso el mencionado Guarany sobre el terruño que lo vio nacer en 1925.
"¿Qué turista no te atrapó con su cámara? ¿qué pasajero de las balsas o de cualquiera de las lanchas que surcan a diario el canal no te dedicó una frase más o menos feliz o rigurosamente vulgar?", dice Molina en el párrafo que sigue.
"O no te endilgó el sabido discurso en el que despunta el moralista de ella, el sociólogo en ciernes, el poeta en agraz, el fabricante de postales, el demagogo en potencia o el político en busca de clientela?", agrega.

Expone como, inclusive 80 años atrás, el todavía relativamente joven barrio santafesino (tenía algo más de 30 años de vida) era motivo de preocupación estética y política.
Sin embargo, la parte del texto de Molina que guarda mayor grado de actualidad es la que corresponde a la parte final, donde pone hincapié en la vida cotidiana en las callecitas.
"Tú no haces caso, de seguro, de las exclamaciones de los que ponderan lo pintoresco de tus viviendas, se escandalizan de la promiscuidad de tus gentes o se conduelen, con lirismo epidérmico, de tu extrema pobreza o demandan el fuego que arrase contigo de una vez para siempre", continúa.

"Unos y otros ignoran lo que piensas cuando de noche te quedas horas y horas contemplando el resplandor de la ciudad apenas separada de ti por una angosta franja de agua o cuando a la luz del sol ves resplandecer la blancura de sus modernos edificios", añade.
"Ignoran que, de mil amores, cambiarías tus pintorescas viviendas por otras menos pintorescas, aunque más higiénicas y confortables, pues la apariencia que muestras es la moneda falsa de una realidad muy distinta de la que captan las Kodaks de los turistas", cierra.