“Seamos felices mientras estamos contentos. Vamos a ser amables, generosos, cariñosos y buenos. Es necesario y no del todo vergonzoso para disfrutar en el pequeño mundo”.

La señal Film & Arts presentó una versión contemporánea del clásico de 1982, que transforma el drama familiar en una experiencia musical intensa y perturbadora.

“Seamos felices mientras estamos contentos. Vamos a ser amables, generosos, cariñosos y buenos. Es necesario y no del todo vergonzoso para disfrutar en el pequeño mundo”.
La infancia en "Fanny y Alexander" está atravesada por la pérdida, el miedo y la imaginación. Ingmar Bergman, el sueco admirado por Woody Allen, vuelve allí sobre sus propias sombras, con una pulsión vital que convive con la crueldad.
Estrenada en 1982, esta obra semiautobiográfica sintetiza como pocas la tensión entre el mundo adulto, regido por la autoridad, la religión y el castigo, y la mirada infantil, capaz de transformar el dolor en fantasía y resistencia.

Más de cuatro décadas después, ese universo vuelve a cobrar vida desde otro lenguaje: la ópera. Film & Arts presenta una versión contemporánea que reimagina el clásico bergmaniano desde el escenario lírico, confirmando que sigue siendo una obra viva, abierta y actual.
En el centro del film están los hermanos Fanny y Alexander Ekdahl, que son el "prisma" a través del cual se observa un entramado adulto marcado por el deseo, la culpa, la pérdida y el miedo.
Cada personaje (desde la madre hasta los tíos, abuelas y figuras del teatro familiar) arrastra contradicciones que se manifiestan en silencios incómodos y estallidos emocionales.

La profundidad de estas relaciones es uno de los logros del film. Bergman filma la familia como un organigrama en acción, capaz tanto de contener como de ejercer una violencia simbólica devastadora. En esa inestabilidad, la infancia es vulnerable, pero lúcida y consciente del horror.
Ambientada a comienzos del siglo XX, "Fanny y Alexander" se sustenta en la cuidada reconstrucción de época. Pero no se trata de un realismo histórico estricto. Bergman construye un artificio teatral, consciente de su condición de representación.
De hecho, el teatro que regenta por la familia Ekdahl es una metáfora del mundo. Allí todo es ilusión, máscara y ceremonia, pero también un lugar donde la imaginación ofrece una salida frente a la rigidez moral y el autoritarismo.

Las influencias de autores como E.T.A. Hoffmann y Charles Dickens atraviesan la película. Como en Hoffmann, la frontera entre lo real y lo fantástico se vuelve porosa.
Dickens, en cambio, aparece en la construcción coral de personajes y en la mirada crítica sobre las instituciones. Bergman toma esas tradiciones literarias y las reformula desde una sensibilidad cinematográfica.
Aunque "Fanny y Alexander" suele leerse como una obra más "accesible" dentro de la filmografía de Bergman, sus obsesiones están ahí: el padre ausente o autoritario, la religión como dispositivo de culpa, el miedo a la muerte y la fragilidad del amor. La diferencia, en todo caso, está en el tono.

En este caso, hay menos abstracción metafísica. La desesperanza no se esfuma, pero convive con momentos de calidez, humor y celebración. Es un Bergman menos severo, pero igual de implacable en su mirada sobre el ser humano.
Uno de los núcleos desarrollados con mayor honestidad en la película es su representación de la infancia. Frente al dolor, la pérdida y la violencia, Alexander se refugia en la imaginación como una forma de supervivencia psíquica.
Hay muchos matices: la fantasía puede ser tan perturbadora como liberadora. Lo cierto es que ahí se observa una verdad profunda sobre la niñez y sobre el propio acto creativo, entendido como una respuesta ante lo insoportable.

Film & Arts presenta la versión operística del clásico de Ingmar Bergman, desde La Monnaie de Bruselas. Esta producción cuenta con música del compositor Mikael Karlsson, libreto de Royce Vavrek y el estreno fue este domingo 11 de enero a las 18, hora argentina.
En este montaje del siglo XXI, Karlsson transforma el universo bergmaniano en una experiencia lírica monumental, con la potencia dramática de la orquesta, sonidos electrónicos envolventes y la interpretación de dieciséis cantantes.
La obra se inicia con una luminosa celebración navideña junto a los hermanos Fanny y Alexander, y sus padres Emilie y Oscar, quienes regentean el teatro local. La alegría se quiebra con la repentina muerte de Oscar y el posterior matrimonio de Emilie con el severo obispo Edvard Vergerus.

El autoritarismo y la dureza del nuevo hogar empujan a Alexander a refugiarse en un mundo de fantasía, donde los límites entre realidad e imaginación se desdibujan. Tras el éxito de su adaptación de "Melancholia" de Lars von Trier en 2023, el equipo creativo vuelve a conquistar la escena operística con una propuesta de gran intensidad.